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Como estudiante de historia social, Barbara Duden estuvo entre el puñado de mujeres de Berlín que en 1976 iniciaron COURAGE, un diario que a pesar del carácter conocido de algunos de sus contenidos se agotó de los puestos de periódicos. Desde entonces su escritura e investigación se han centrado en la necesidad de reconocer la naturaleza histórica del cuerpo experimentado. A la vez que "Woman's body" finalmente emerge como una edición legítimamente publica, Duden llama la atención del peligro en esta liberación de conocimiento a través de la ciencia basada en la propia diagnosis, que liberaría el desenvolvimiento de la mujer, más bien que utilizar su valor para afirmar sus propias opiniones. Ella argumentó que sólo el redescubrimiento del modo en el cual la larga muerte que las mujeres sentían en su leche, sangre, rubor, flujos y protuberancias podría proveer mujeres modernas con la distancia necesaria para distinguir entre el funcionamiento atribuido a ellas por el médico, y su sentido de la carne y sangre intuitivos, independientes. En el primer, estudio importante, Duden trató de establecer la legitimidad de "cuerpo" como un tema de la historia profesional. A partir de una gran cantidad de reportes del siglo 18 sobre visitas médicas dos certezas emergieron: los pacientes se quejaron por un desorden en sus ánimos y sus flujos direccionales, sobre vacíos, plenitudes o suspensiones. Tomó tiempo y valor para reconocer este liquido, pulsante relacionado con lo que hoy es llamado "mi cuerpo". Y fue también mas sorprendente reconocer que el médico barroco, incluso cuando fuera graduado de una universidad, se identificara mimeticálmente con la narración de los pacientes, y que su prescripción o consejo dietético tuviera la intención de equilibrar, re-balancear o re-orientar ánimos. Empíricamente Duden ha tropezado con un punto ciego del historial médico: la transformación de éste de un entrenado oyente a un observador, la transformación de diagnosis desde el entendimiento hasta la imputación. El siguiente paso importante de esta "somática histórica" apuntó más lejos: Una exhaustiva colección y análisis de todos los textos anatómicos impresos que describían el contenido de la matriz embarazada le dieron la evidencia, que --hasta el inicio del siglo 19-- los anatomistas vieron y dibujaron lo que las mujeres dijeron: sus grabados muestran al "próximo niño" que ellas esperaban, nunca algo que se asemejara al ente que hoy se llama feto. El mismo hecho de que un embrión abortado estuviera "fuera de proporción humana" era suficiente para juzgarlo como "fruta falsa", topo, o aberración de la naturaleza. La documentación de la necesidad de reconocer sólo objetos de apropiadas proporciones la dirigió hacia un tercer paso en la historia del cuerpo: el contraste entre los sentidos en épocas sucesivas: La historia de la mirada, más bien la historia de los ojos de la anatomía, la historia de la calidad que el toque (hapsis) reveló o el oído escuchó le permitió entender la visión contemporánea y escucharla de forma distanciada. El tacto, la audición, la vista o el olor del pasado aparecieron como "facultades" que relacionan a la persona entera con la realidad más bien que con los instrumentos que la registran. La historia de los sentidos está ahora culminada en la historia de sentido común, un "sentido" que reconoce y juzga la capacidad entre percepciones. Durante los próximos años Duden, la gran colaboradora de Illich en la historia de la proporcionalidad, propone verificar como historiadora su tesis de que "el cuerpo" del pasado está enteramente reconceptualizado como la suprema y más concreta instancia de relaciones. |