


El hombre que encuentra su felicidad y su equilibrio en el empleo de una
herramienta convivial, yo lo llamo austero.
Estamos en tal grado
deformados por los hábitos industriales, que ya no osamos considerar
el campo de las posibilidades; para nosotros, como si renunciar a la producción
en masa significara: "retornar a las cadenas del pasado, o adoptar
la utopía del buen salvaje".
Debemos reconocer la existencia de escalas y límites naturales -
sobre la economía basada en el crecimiento.