EL LUGAR DEL GÉNERO
VERNÁCULO
JORGE F. MÁRQUEZ MUÑOZ
El horizonte de Iván Illich principalmente
está formado por dos factores que se intersectan: el primero
es la tradición en la que se encuentra enraizado y el
segundo sus creencias religiosas.
Respecto al primer factor Lee Hoinacki dice: "está
sólidamente parado en la tradición occidental que
comienza con los griegos, encuentra cierta perfección
en la persona y la enseñanza de Jesucristo y un florecimiento
intelectual en la Alta Edad Media. Uno no puede comprender su
trabajo sin aterrizar su mente y su corazón en esta tradición"
.
Pero ¿cuáles serían los elementos de la
herencia occidental que tienen más peso en la obra de
Illich? Las certezas que se han construido en la historia
de occidente, y que Illich acepta pero desnaturalizándolas
para darles una dimensión histórica. Certezas como
el self, lo libresco, el bien definido en términos
de lo deseable bajo la égida de la esperanza,
la controversia ética "acerca del bien anhelado al
alcance de una condición humana aceptada como envidiosa"
, el arte de sufrir y la exaltación de los sentidos en
tanto dan sentido ético y estético a la encarnación.
De esta tradición Illich extrae tres bienes fundamentales:
la supervivencia, la equidad y la autonomía creadora.
Para él, es deseable la existencia de estos tres factores
de manera conjunta.
"La supervivencia es condición necesaria, pero no
suficiente, para la equidad: se puede sobrevivir en prisión.
La equidad en la distribución de los productos industriales
es condición necesaria, pero no suficiente, para un trabajo
convivencial: uno puede convertirse en prisionero de la instrumentación.
La autonomía, como poder de control sobre la energía,
engloba los dos primeros valores citados, y define el trabajo
convivencial. Este tiene, como condición, el establecimiento
de estructuras que posibiliten esta distribución equitativa
de la energía. Debemos construir -y gracias a los progresos
científicos lo podemos hacer- una sociedad postindustrial
en que el ejercicio de la creatividad de una persona no imponga
jamás a otra un trabajo, un conocimiento o un consumo
obligatorio. En la era de la tecnología científica,
solamente una estructura convivencial de la herramienta puede
conjugar la supervivencia y la equidad" .
Cuando Illich postula que la supervivencia es un bien fundamental
se está refiriendo a un hecho básico: si no estamos
aquí, entonces no hay ni siquiera posibilidad para el
debate. No es que se condene la muerte sino que se lucha contra
las formas tontas de morir: morir por ideologías que provocan
un modo de vida ruinoso o por una guerra atómica... La
supervivencia illichiana no es una lucha contra la muerte sino
contra la muerte provocada por la hubris del propio hombre
misma que actúa contra su dueño.
Cuando habla de la equidad no debemos confundir a Illich con
un igualitarista egoísta y envidioso, con alguien que
pregona el homo aequalis descrito por Louis Dumont. Para
esto, es importante no olvidar los dos significados del término
igualdad (usado como sinónimo de equidad en este caso)
propios de nuestra tradición.
"En las diversas nociones de igualdad, es posible distinguir
dos familias de significados: en la primera, la palabra igualdad
indica una clase de justicia o trato justo. En la segunda, igualdad
indica semejanza u homogeneidad. En algunos contextos los dos
significados pueden superponerse o converger, pero son diferentes.
Tratar a las personas en forma justa puede requerir tratarlas
en forma diferente; por otro lado, tratar a las personas como
si fueran semejantes no es tratarlas necesariamente en forma
justa. Además, los dos significados son diferentes en
especie. Igualdad como justicia es una proposición de
valor que se refiere a cómo las personas deberían
ser tratadas; se refiere a las relaciones entre personas. Igualdad
como semejanza, sin embargo, es un alegato de hecho; postula
características comunes en las personas. De él
puede derivarse una proposición de valor. Sin embargo,
sí la igualdad como semejanza es declarada como un valor,
puede suceder que alegue no un hecho que es, sino un hecho que
debería crearse. Cuando esta noción viene asociada
al poder, las consecuencias pueden ser temibles" .
La palabra isos en la Grecia de Aristóteles estaba
relacionada con la justicia. Las personas no eran isos,
lo era la justicia que se impartía entre ellas. La justicia
era igual aunque las personas variaran. Esto no implicaba un
igualitarismo total, pues la noción de justicia era desigual
para cada persona dependiendo de sus méritos y status:
"distribución de partes iguales a iguales y de partes
desiguales a desiguales."
La noción de igualdad a la que hace referencia Illich,
tiene que ver con la vieja isos de los griegos: dar a
cada cual lo que es justo. ¿Y quién decide lo que
es justo? Sin duda esto varía. Illich quiere poner esto
en juego: que se discuta con argumentos sólidos lo que
es justo. Esta discusión está vinculada con el
tradicional debate acerca de lo que es el bien (lo deseable)
para el hombre y la mujer.
Cuando Illich se refiere a la creatividad autónoma está
hablando de la capacidad que ha tenido la gente durante siglos,
de hacer las cosas según una guía tradicional
que le permite desarrollar sus capacidades imaginativas. Esta
capacidad de hacer cosas, tales como construir una casa,
producir alimento, curarse, etc., se contrapone profundamente
al hábito de consumir.
La religión
En lo que concierne al
segundo factor que determina la visión de Illich (su religiosidad)
digamos que: "todos sus escritos tienen una dimensión
o carácter teológico. Tradicionalmente, al menos
desde tiempo de pseudo-Dionisio, este modo de expresión
ha sido conocido como teología apofántica -hablar
de lo divino en términos de lo bajo, lo mundano. Este
método se utiliza cuando uno cree que hablar de lo divino
de manera más cercana es imposible. Por razones históricas
y personales Illich ha decidido utilizar este método.
Así, ocupa un lugar muy peculiar dentro de la Iglesia,
un obscuro y escondido sitio" .
Pero ¿quién fue pseudo-Dionisio el Areopagite?
Este gran autor, aún no identificado y quizás por
siempre desconocido, que se llama a así mismo pupilo de
Pablo y que cuya conversión se encuentra en Los Hechos
de los Apóstoles durante la visita de Pablo a Atenas.
También se le identificó con el mártir-obispo
del Monasterio de San Denis, mismo que le está consagrado;
en el siglo XII este monasterio, bajo el Abad Suger, jugaría
un papel muy importante en la historia del simbolismo de la Alta
Edad Media. La obra de Dionisio, se presume, fue escrita en el
Este de Grecia, o en Siria como una teoría de simbolismo
y misticismo Cristiano. El Areopagite es tanto un platonista
como un pupilo de Pablo, y es sabido que fue influenciado directamente
por el neoplatónico Proclo. Detrás de sus ideas
también se encontraban Plotino y el Eros platónico
que para Pseudo-Dionisio está en relación con la
belleza del ser humano.
Para el Areopagite
"La Causa de todo está por encima de todo. No es
un cuerpo material, y no tiene forma, ni cualidad, ni cantidad
ni peso... nada de lo que los sentidos captan".
Según Gerhart Ladner lo que esto significa es: "en
el análisis final todo lo que podemos decir de Dios es
que el no es ni esto ni aquello, que existe más allá
de todo ser y de todo no-ser" . Por esto Pseudo-Dionisio,
en Nombres de Dios, usa constantemente los términos
hyperousios, hyperousiotes. "Dios como ser más
allá del Ser y como no-Ser"
Este es el motivo por el cual la teología negativa está
construida de juicios apofánticos.
"Apofantismo es la creencia de que es tan inapropiado decir
que Dios existe como afirmar que Dios no existe. Según
esta actitud el silencio humano debe ser una categoría
epistémica que alcanza a Dios y el silencio óntico
su primer atributo. El Logos, el Habla, la Palabra, no
es Dios, sino su Hijo, su Imagen, su Manifestación. Aquel
Ser no es Dios sino su epifanía (...). Esta actitud dirá
que la única forma de hacerle una habitación a
Dios es no intentando apretarlo en una forma de nuestro pensamiento.
La Fe en Dios demanda un confianza total que no se toma la molestia
de meditar acerca de la forma o la existencia de Dios. Dios trasciende
por completo nuestro ser y nuestro pensamiento" .
Es decir según la teología negativa el nombre de
Dios (su Imagen, su Hijo...) "vestiría todo lo que
no puede ser designado más que de manera indirecta o negativa"
.
En Teología Mística Dionisio dice que Moisés
no ve a Dios -porque Dios es lo no-visible- sino el lugar en
donde Dios está. Pero, no olvidemos que Dios no es simplemente
su lugar.
Ahora, si Dios sólo es cognoscible por sus imágenes,
¿cómo saber cuáles son las imágenes
de Dios?
En donde Pseudo-Dionisio encuentra las imágenes de Dios
es en su propia tradición, la greco-latina y cristiana.
La principal imagen de Dios es el Bien. De ahí que busque
las imágenes del Bien y a partir de ellas encuentre a
Dios.
"Dios, según Dionisio, es venerado como lo bello
y la belleza, como el amor y lo amado. Es notorio como en el
misticismo cristiano de Dionisio, presenta, vívidamente,
la antigua idea Griega: kalokagathon (lo hermoso y
el bien). De aquí surge su creencia de que toda armonía,
toda amistad y comunidad, descansa sobre la belleza... Eros y
ágape significan lo mismo de acuerdo a las revelaciones
sagradas. Ambos son parte de Dios tanto como de la humanidad.
El amor humano tanto como el divino, es extático; es decir,
ambos se mueven más allá de sí mismos y
por ese motivo son unificantes" .
Pseudo-Dionisio afirma que la naturaleza, percibida por los sentidos,
puede tener símbolos de Dios y de los ángeles.
Por supuesto, estos símbolos materiales deben ser comprendidos
correctamente como imágenes de los misterios transmateriales.
Además, muestra que las figuras angelicales son símbolos
espirituales puros de lo más elevado, de la inexpresable
luz divina, y a la vez están vestidos con ropajes intelectualmente
alcanzables como una concesión para nuestras limitadas
capacidades de percepción.
Las imágenes de Dios tienen que ver con lo deseable.
"Y el deseo y el objeto de ese deseo pertenecen a la Belleza
y al Bien" .
Para captar dichas imágenes hace falta no entorpecer nuestros
sentidos de por sí limitados. Illich quiere mostrarnos
que mediaciones técnicas -como la televisión, el
automóvil y las escuelas- y conceptuales -como las palabras
plásticas de las que habla Uwe Pörksen- no han sido
alargamientos de nuestros sentidos sino cápsulas que nos
alejan de la realidad inmediata. Una vez lejos de dicha realidad
ya no se puede ni apreciar a los ángeles, ni gozar de
ninguno de los privilegios de la encarnación.
LA PROPORCIONALIDAD
Illich busca una herramienta
conceptual para englobar los tres bienes cardinales, la sobrevivencia,
la equidad y la autonomía creadora. Y la encuentra en
la noción de proporcionalidad.
Para definir proporcionalidad hace referencia a Leopold Köhr.
Recordemos que la contribución de Köhr se encuentra
en su morfología social. Ahí encontramos dos palabras
clave de su pensamiento: Verhaltnismassiqkeit y gewiss.
La primera significa proporcionalidad, o más precisamente,
la aptitud de una afinidad. La segunda quiere decir cierto,
como cuando uno dice, de una cierta manera. Cierto
lo pone a uno a pensar acerca del significado específico
que conviene, mientras que apto, lo lleva a uno al conocimiento
del bien. Tomar ambas nociones juntas, apto y cierto,
permitió a Köhr, ver la condición social humana
como la única creadora de los límites dentro de
los cuales cada comunidad se puede comprometer en la discusión
de qué debe ser incluido y qué debe ser excluido.
Para considerar qué es apto o idóneo en un cierto
lugar, uno es llevado directamente a la discusión de lo
bello, lo bueno, lo hermoso y lo verdadero. Así, la verdad
que resulta de un juicio será antes que económica,
moral.
Belleza, verdad y bien son nociones que pueden ser encontradas
en cualquier cultura, quizás no de manera literal, pero
al menos si analógica. De alguna manera las tres siempre
pueden, reconocerse como parte de los dominios comunales o vernáculos.
"En Summa Teológica, cuando Santo Tomás
discute acerca de los beneficios de la encarnación para
el ser humano, comienza con la cuestión utrum conveniens
fuerti Deum incarnari. No he encontrado ninguna traducción
al inglés y no sé lo que se dice con la forma participial
del verbo convenire. Un diccionario de Latín por
ejemplo, Lewis and Short, dice que, originalmente la palabra
significaba venir junto, luego quedar con, venir
como en la cosa le viene, adecuado, apropiado,
propio, armonioso" .
Nociones análogas a la de proporcionalidad se encuentran
en diferentes culturas. En cierto sentido, el rta de la
literatura védica designa un orden apropiado y
primigenio. Lo mismo puede decirse del tao, tal y como
lo entienden las tradiciones confuciana y taoísta. En
Grecia y Roma antiguas podemos hablar de nociones como moira
o dikê.
La correlación entre un objeto y su tamaño, puede
ser proporcional o desproporcional, hablamos en términos
del del Bien y del Mal, dependiendo de sí la correlación
es o no correcta. Ir más allá de esta configuración
es hubris y el hombre que padece de hubris pronto
se encuentra con Némesis.
Generalmente en las comunidades y en los antiguos imperios se
podía dejar de estar en lo apto, en lo correcto, pero
las nociones mismas de lo apto y lo correcto, no desaparecían:
había acciones y creencias proporcionales y también
las había desproporcionales, pero nunca se olvidaba la
proporcionalidad. La existencia de hombres poseídos por
hubris como quizás lo estuvieron Nerón y
Calígula, no representaba una amenaza contra la idea de
proporcionalidad. Ellos podían no adecuarse a lo apto
según la evaluación de las comunidades que gobernaban,
pero, lo importante es que en ellas aún había nociones
con las cuales juzgarlos; todavía los conceptos del Bien
y del Mal, de lo proporcional y lo desproporcional servían
para reconocer la locura que iba más allá de los
límites que las comunidades -y con ellas sus dioses y
su cosmos- permitían.
El ethos de cada comunidad dice qué es proporcional, qué
está de acuerdo con el cosmos, qué se debe hacer
y qué no. La proporcionalidad es local, la siente la gente
de un pueblo al escuchar, oler, ver... Dependiendo de la comunidad
la proporcionalidad cambia; ésta no es estática
ni puede ser transportada de un lugar a otro sin perder su sentido,
pues éste está enraizado en la comunidad que lo
porta, en la tierra en que nació. Lo que siempre es igual,
en todas las comunidades, es que la idea de proporcionalidad
denota moderación. Hasta dónde se pueden combinar
las notas musicales, hasta dónde se puede llegar en las
batallas, hasta dónde se puede hablar y actuar; este hasta
dónde, siempre ha existido en las comunidades, lo
que varía es la forma en que se manifiesta.
El ordenamiento cósmico o proporcional es el que procura
relaciones armónicas a todas las cosas entre sí;
aquel sobre el cual se puede juzgar; sirve de apoyo para decir
qué es el bien y qué el mal, qué es natural
y que no lo es.
TIPOS DE PROPORCIONALIDAD
La proporcionalidad Illich
la estudia en dos sentidos: a) en tanto ámbito social
y cósmico y b) como fenómeno de percepción.
En tanto ámbito social la proporcionalidad se manifiesta
en los commons.
En tanto ámbito cósmico, la proporcionalidad se
identifica con la idea de que el hombre y la mujer son seres
situados en un cosmos y, no son más que parte
de él.
La proporcionalidad social es la que afirma las relaciones justas
entre personas, mientras que la proporcionalidad cósmica
afirma la existencia de un orden que antecede al hombre, un orden
natural. Para afirmar proporcionalmente el dominio del
hombre con relación a otros seres humanos, hace falta
mantenerse en un orden -nomos- que evalúe en términos
morales. Mientras que para relacionarse de manera adecuada
con el cosmos -o la naturaleza-, es necesario seguir una
guía, un camino que limita la acción del hombre
frente a la naturaleza -incluido su propio cuerpo-. Esta guía
es lo que los hombres generalmente han identificado como lo sagrado.
Tanto la proporcionalidad social como la cósmica se encuentran
custodiadas y apoyadas sobre un más allá del
universo y de las sociedades. El orden cósmico o
nómico hace clara la diferencia entre los dioses
y los hombres, entre lo sagrado y lo humano.
Respecto al fenómeno de la percepción, Illich considera
que la encarnación es ambivalente, es sinónimo
de sufrimiento y de placer. Inevitable es lo primero y lo segundo
contribuye a que la encarnación tenga sentido. La total
eliminación de lo primero es absurda, pues el sufrimiento
constituye el destino del hombre y la mujer. En cuanto al placer,
Illich considera que está estrechamente vinculado con
el que proporcionan los sentidos. Los sentidos nos permiten apreciar
el mundo. El ser humano tiene la capacidad de convertir sus sentidos
en órganos aptos, proporcionales, para apreciar
el mundo, y la encarnación.
Los criterios de la realidad
La realidad en última
instancia está constituida por tres elementos: lo sagrado,
la percepción y lo social. Estos tres elementos pueden
ser proporcionales, desproporcionales o pueden estar fuera de
proporción.
La proporcionalidad social se da en lo que lo vernáculo
considera el Bien, mientras la desproporcionalidad es lo que
en términos vernáculos se llama el Mal .
La proporcionalidad en lo sacro se encuentra en el mito de la
condición humana que ubica a los hombres en tanto seres
efímeros que se enfrentan ante lo desconocido, ante los
misterios que pertenecen a los dioses, ante lo inmensurable.
Lo que es desproporcional en el ámbito de lo sagrado es
ignorar la existencia de los dioses, es olvidar los límites
de lo humano y usurpar los dominios de los seres sobrenaturales.
La proporcionalidad en el ámbito de la percepción
tiene que ver con la relación de inmediatez entre el mundo
y nuestros sentidos. La desproporción en la cuestión
de los sentidos se da una vez que se ha perdido la inmediatez
entre los sentidos y la realidad, es decir, cuando la realidad
es captada a partir de mediaciones -i.e. la televisión,
el texto...- que en lugar de ampliar las aptitudes de nuestros
sentidos, las obstaculizan.
Cuando hablamos de proporcionalidad y desproporcionalidad nos
estamos refiriendo a un medio en donde los criterios de la proporcionalidad
no se han perdido. Pueden transgredirse pero no ignorarse.
La pérdida de proporcionalidad se presenta cuando sus
criterios se han perdido. La pérdida de la proporcionalidad
social se presenta en las sociedades económicas
, en ellas, la proporción o la desproporción ya
no tiene ningún sentido pues no hay forma de evaluar que
no sea meramente numérica. El Bien y el Mal aparecen como
banalidades.
Respecto a lo sagrado, la pérdida de proporcionalidad
se produce con un movimiento que en principio se presenta como
simple desproporción: la divinización del hombre,
es decir, la usurpación de lo sagrado, en las sociedades
tradicionales implicaría una arrogancia -hubris-
más o menos excepcional, pero en las sociedades modernas
implica el estado natural de las cosas; los hombres que se sienten
dioses abundan en la modernidad, y esto ni siquiera está
sancionado por tabúes u otras formas religiosas, por el
contrario, se alienta a los hombres a la arrogancia que roba
a los dioses lo que es suyo.
En tanto a la percepción, ésta pierde toda proporción
cuando las herramientas que crean mediaciones entre el sujeto
y la realidad no son limitadas y llegan al grado al que
obstaculizan a la percepción más de lo que la ayudan.
Si los objetos que median entre mis sentidos y la realidad me
apartan de ella, me impiden sentirla, tocarla, olerla, mirarla...
dichos objetos pueden ser desproporcionales o estar fuera de
toda proporción. Si les pongo límites y ejerzo
cierta austeridad al usarlos -la austeridad suficiente para que
no estorben a mis sentidos-, entonces, están sujetos a
una revisión crítica que los puede convertir en
proporcionales, pero si dichos límites no existen la proporcionalidad
no tiene cabida.
La proporcionalidad social
Aunque aquí hablamos
de la proporcionalidad creada a partir del orden social, no debemos
olvidar que ésta también se encuentra sustentada
en un orden metafísico, el orden de lo sagrado. Lee Hoinacki,
en un texto del 25 de abril de 1996, titulado Some thoughts
on proportion, ha arrojado cierta luz sobre la relación
entre lo sagrado y lo social como fuente de proporcionalidad.
La proporcionalidad al nivel social se manifiesta en los 'commons'.
Los commons tienen las siguientes características:
a) son una parte del entorno para la cual el derecho consuetudinario
consagraba formas específicas de respeto de la comunidad;
b) son una parte del entorno que estaba más allá
de los umbrales y posesiones de los individuos, sobre la cual,
sin embargo, todos tenían derechos reconocidos de uso,
no para producir mercancías sino para procurar la subsistencia
de las familias .
El derecho consuetudinario que estableció los 'commons'
no estaba escrito. Se trataba de leyes no escritas no sólo
porque la gente no se ocupara de hacerlo, sino porque lo que
se protegía era una realidad demasiado compleja para ajustarla
a unos cuantos párrafos.
"La ley de los commons rige el derecho de vía,
el derecho de pesca y caza, de pastar y de recolectar madera
o plantas medicinales en los bosques (...). Cuando la gente hablaba
de commons se refería a un aspecto del medio ambiente
que era limitado y necesario para la supervivencia de la comunidad,
necesario para los distintos grupos en distintas formas pero
que, en un sentido estrictamente económico, no se consideraba
escaso" .
El régimen de los commons
En aquellos sectores en donde rigen los 'commons' existe
cierto igualitarismo -muy distinto al igualitarismo individualista
descrito por Louis Dumont y Elie Halevy-.
"La igualdad que generalmente prevalece en los ámbitos
de comunidad (...) no surge de un ideal o noción romántica
preconcebida de communitas, ni tampoco de la lealtad a
la moderna noción de la gente de la igualdad de derechos.
Más bien surge como subproducto de la incapacidad de una
pequeña élite de la comunidad de eliminar completamente
el poder de negociación de cualquiera de sus miembros,
de la limitada cantidad de bienes que cualquier grupo puede obtener
a la vista de los otros y de las calculadas maniobras para ganar
una posición que realizan muchos individuos que se conocen
y que comparten un interés tanto en minimizar sus propios
riesgos como en no dejar que ninguno del grupo se haga demasiado
poderoso" .
Esto favorece lo que Illich denomina autonomía creadora.
El sujeto hace lo que necesita y necesita de acuerdo
a una tradición que le permite armonizarse con su medio
y con los otros. Se armoniza con los otros en tanto no tiene
el poder -y muchas veces ni el deseo- de sojuzgarlos, de utilizarlos
ni de convertirlos en cosas. Se armoniza con su medio en la medida
en que no tiene ni el derecho ni la intención de destruirlo
o utilizarlo más allá de sus necesidades tradicionales.
Evidentemente el régimen de commons también favorece
el igualitarismo al que Illich se refiere. Esto no quiere decir
que en las sociedades donde reinan los commons encontremos, por
completo, un sistema igualitario.
Lo mismo puede decirse de las sociedades sin Estado descritas
por Pierre Clastres.
"Se dice, un tanto inapropiadamente, que las sociedades
primitivas son igualitaristas. Se enuncia, al decirlo, que las
relaciones entre los hombres son relaciones entre iguales. Estas
sociedades son igualitarias porque desconocen la desigualdad:
un hombre no vale ni más ni menos que otro, no hay en
ella superiores ni inferiores. En otras palabras, nadie puede
más que otro, nadie detenta el poder."
De inmediato surge una cuestión que no podemos dejar en
el aire. Es más que sabido que en las sociedades primitivas
existen líderes, jefes, brujos... ¿No detentan
ellos el poder? En las sociedades sin Estado de Clastres aquellos
que llamamos líderes están desprovistos de todo
poder político. Que el jefe salvaje no detente el poder
no significa que no sirva para nada; por el contrario, ha sido
investido por la sociedad para ocuparse de algunas tareas específicas
y se le ha encargado asumir la voluntad de la sociedad de aparecer
como totalidad única. Las negociaciones, en donde
el jefe es el portavoz de toda la sociedad, son públicas,
así, el jefe se encuentra vigilado por la propia sociedad
que lo ha elegido. De ahí que las palabras del jefe no
salgan directamente de su boca, sino a través de una mediación
que es el consentimiento de la sociedad. El jefe tampoco formula
órdenes, que de hecho, nadie obedecería. Los dioses,
la tradición y los demás miembros de la sociedad
dejan un margen de acción tan limitado al jefe que éste
no puede ser considerado detentor del poder político.
Lo que Illich llama commons Polanyi lo identifica con un modo
de organización social y económico basada en un
sistema de reciprocidades.
Pero, ¿a qué nos referimos con dicho sistema?
Veámoslo en un bosquejo de las características
generales de una comunidad melanesia.
"El interés económico del individuo es raras
veces predominante, porque la comunidad protege a todos sus miembros
contra la inanición, a menos que ella misma afronte una
catástrofe, en cuyo caso los intereses se verán
de nuevo amenazados en forma colectiva, no individual. Por otra
parte, el mantenimiento de los lazos sociales es fundamental.
Primero, porque al violar el código de honor o de generosidad
aceptado se separará el individuo de la comunidad y se
convertirá en un desterrado; segundo, porque a la larga
son recíprocas todas las obligaciones sociales, y su cumplimiento
sirve también a los intereses egoístas del individuo.
Tal situación debe ejercer sobre el individuo una presión
continua para eliminar de su conciencia el interés económico
propio, hasta el punto de incapacitarlo, en muchos casos (pero
no en todos), incluso para comprender las implicaciones de sus
propias acciones en términos de tal interés. Esta
actitud se refuerza por la frecuencia de actividades comunales
tales como la obtención de alimentos de la pesca común
o la participación en el botín de alguna expedición
tribal remota y peligrosa. El premio otorgado a la generosidad
es tan grande, medido en términos del prestigio social,
que simplemente no es conveniente ningún comportamiento
distinto de la abnegación total. El carácter personal
tiene poco que ver con el asunto. El hombre puede ser bueno o
malo, sociable o insociable, celoso o generoso, respecto de un
conjunto de valores u otro. En efecto, el hecho de no dar a nadie
alguna razón para la envidia es un principio aceptado
de la distribución ceremonial, así como el elogio
publico es el premio del hortelano industrioso, hábil
o exitoso (a menos que sea demasiado exitoso, en cuyo caso podría
hacérsele desaparecer bajo la ilusión de ser la
víctima de la magia negra). Las pasiones humanas, buenas
o malas, se dirigen hacia fines no económicos. El rito
ceremonial sirve para alentar la imitación al máximo,
y la costumbre del trabajo comunal tiende a elevar los niveles
cuantitativos y cualitativos a su mayor intensidad. La realización
de todos los actos de intercambio tales como los regalos que
se espera recibir en reciprocidad, aunque no necesariamente de
los mismos individuos -un procedimiento minuciosamente articulado
y perfectamente salvaguardado por métodos refinados de
publicidad, por ritos mágicos y por el establecimiento
de dualidades en las que ligan a los grupos en obligaciones
mutuas- debiera explicar por sí misma la ausencia de la
noción de la ganancia económica, o aún de
la riqueza, fuera de los objetos que tradicionalmente elevan
el prestigio social" .
La reciprocidad depende de la institucionalización de
patrones de simetría. La notable dualidad que observamos
en las subdivisiones tribales propicia el pareo de las relaciones
individuales y ayuda así al intercambio de bienes y servicios
en ausencia de registros permanentes. Las reparticiones de la
sociedad salvaje que tienden a crear pendientes para cada
subdivisión, derivan de los actos de reciprocidad en los
que descansa el sistema, a cuya realización cooperan también
.
A la organización social basada en reciprocidades Roger
Caillois le llama sistema de fratrías.
En la mayoría de las sociedades el sistema de reciprocidades
no se encuentra puro. Hasta antes de la instauración de
la sociedad económica puede encontrarse también
un sistema de redistribución vertical. En algunas áreas,
de la misma sociedad, puede encontrarse el sistema de redistribución,
y en otras, el de reciprocidades.
La redistribución tiene también una historia tan
larga y variada que llega hasta la época moderna. Si la
redistribución está a cargo de una aristocracia
o una familia influyente, de un individuo prominente o de un
grupo de burócratas, tratarán a menudo de incrementar
su poder político por la manera como redistribuyen los
bienes.
"Todas las economías grandes de transacciones en
especie eran administradas con el auxilio del principio de redistribución.
El reino de Hamurabi en Babilonia, y en particular el Nuevo reino
de Egipto, eran despotismos centralizados de tipo burocrático
fundados en tal economía. La economía de la familia
patriarcal se reproducía aquí a escala enormemente
agrandada, mientras que su distribución comunista
era graduada, con raciones marcadamente diferenciadas. Un vasto
número de almacenes estaba preparado para recibir el producto
de la actividad campesina, ya se tratara de los ganaderos, cazadores,
panaderos, cerveceros, alfareros, tejedores o cualquiera otra
clase. El producto se registraba minuciosamente y, en la medida
en que no se consumiera localmente, se transfería de los
almacenes más pequeños a los más grandes,
hasta llegar a la administración central ubicada en la
corte del faraón."
Este sistema era practicado en la antigua China, en el imperio
de los Incas, en los reinos de India, bajo condiciones feudales
y también en Babilonia, por citar algunos ejemplos. Pero
dicho sistema no era omnipotente, de hecho, aún en el
corazón de los grandes imperios pueden encontrarse relaciones
de reciprocidad. Al sistema que Polanyi le llama de redistribución
vertical Caillois le denomina sociedad con cofradías
.
El sistema de redistribución nunca se presenta de manera
puro, pues aún en los grandes imperios se mantienen, entre
algunos grupos y personas, relaciones de reciprocidad.
Sumario
En aquellos sectores
en los que el sistema de commons o de reciprocidades
desaparece, se pierde la proporcionalidad social. Lo apto,
lo adecuado socialmente hablando, para el cumplimiento
de los tres ideales cardinales -sobrevivencia, igualdad y autonomía
creadora- desaparece en la medida en que la organización
en cofradías emerge. Por supuesto, esta pérdida
generalmente no es total, por ejemplo, en los imperios de la
antigüedad, la redistribución sólo ocupa unos
cuantos ámbitos dejando intacto en otros el sistema de
reciprocidades.
Por otra parte, aún ahí en donde la proporcionalidad
social se agote por completo, la proporcionalidad sigue haciendo
acto de presencia, puesto que ésta no sólo es social
también tiene que ver con lo sagrado, con la idea
de un cosmos y con la percepción.
LO VERNÁCULO
La principal forma en
que se encuentra la proporcionalidad social es en lo vernáculo.
Pero, ¿qué es lo vernáculo? "El
término vernáculo proviene de una raíz indo-germánica
que implica la idea de enraizamiento, raigambre, morada.
En latín vernaculum designaba todo lo que había
sido criado, tejido, cultivado, hecho en casa" .
Todo lo que se obtenía de los commons y del intercambio
bajo la égida de las fratrías, también era
vernáculo.
"Si este hecho -afirma Iván Illich- hubiera captado
la atención de Karl Polanyi habría podido emplear
el término en el mismo sentido que los romanos de la Antigüedad:
el sustento obtenido a través de estructuras de reciprocidad
inscritas en cada aspecto de la existencia, diferentes del sustento
que proviene del intercambio monetario o de la distribución
vertical"
Queda claro que lo vernáculo está en franca oposición
a lo que se obtiene vía el intercambio dentro de un sistema
de mercado.
Un bibliotecario de César y también de Augusto,
llamado Varrón realizó un estudio exhaustivo de
la lengua latina. Su lingua latina, fue durante varios
siglos una obra de referencia fundamental. Varrón recurrió
al vocablo vernáculo a propósito de la lengua,
afirmando que:
"el habla vernácula está hecha de palabras
y expresiones cultivadas en el mismo dominio de aquel que se
expresa en oposición a lo que ha sido cultivado en otro
lugar e introducido. Y como su autoridad era ampliamente reconocida,
su definición fue conservada"
Illich retoma el término vernáculo ya que lo considera
el más adecuado "para designar las actividades de
la gente cuando no actúa movida por las ideas del intercambio"
; es decir, para designar todas aquellas "acciones autónomas,
fuera del mercado, a través de las cuales la gente satisface
sus necesidades cotidianas; acciones que, por su naturaleza misma,
escapan del control burocrático" .
Ahora, cuando nos referimos a una forma específica de
actuar, para definir lo vernáculo, hablamos no sólo
de relaciones sociales sino también de relaciones con
lo sagrado. Al hablar de lo vernáculo nos aludimos a una
forma de vivir caracterizada por las siguientes dos características:
a) relaciones sociales de reciprocidad -o entre fratrías-
y b) reconocimiento de lo sagrado.
El reconocimiento de lo sagrado implica que el individuo debe
limitarse frente a ciertas prescripciones impuestas por los dioses
u otras entidades divinas. Y la adopción del modelo de
reciprocidades significa la limitación de los quereres
del individuo frente a los demás.
Los límites impuestos por lo sagrado se manifiestan como
tabúes.
"Aquello que no debe hacerse es tabú; lo que no puede
ni pensarse es un tabú de segundo grado. Toda sociedad
divide su entorno en alimento, veneno y cosas no comestibles.
Comer cerdo deshonra al judío, pero comer begonias no,
ya que nunca se le podría ocurrir. (...) Las cuestiones
también se dividen en legítimas, ilegítimas
y sin sentido alguno" .
Esta triple división siempre está articulada con
una serie de creencias tradicionales de cada pueblo. Estas son
lo que Illich denominó valores vernáculos.
Lo vernáculo va de la mano de la noción de proporcionalidad.
Lo vernáculo es una forma de vida que impone ciertos límites
a los individuos; límites sagrados y sociales.
4.1. Lo vernáculo es dual
"Cuando los antiguos etruscos o griegos querían
fundar una ciudad, dibujaban un surco. El surco simbolizaba el
lugar de encuentro del cielo y de la tierra, de afuera y adentro,
del horizonte y el suelo. Estos encuentros era concebidos como
un matrimonio sagrado. El enraizamiento tiene que ver con la
plena conciencia de que cargamos con una complementariedad asimétrica
en nuestro interior; con la conciencia de que somos el encuentro
de estas dos mitades" .
Lo primero que implica lo vernáculo es enraizamiento.
El enraizamiento no es el de una unidad, sino el del encuentro
de dos mitades que se complementan. Estas mitades se relacionan
a partir de reciprocidades.
Es importante aclarar que el enraizamiento no se pierde cuando
el modelo de reciprocidades sociales deja de funcionar y cede
su lugar al modelo de redistribución vertical. Y no se
pierde porque aún en un mundo en donde las relaciones
sociales no son aptas, lo sagrado sigue siendo modelo
de proporcionalidad. Las relaciones con lo sagrado perduran
y los límites de la condición no humana no se ignoran.
El mundo puede perder éste o aquel ámbito de proporcionalidad
social pero mientras lo sagrado perdure, mientras se reconozca
una línea que limite lo humano y lo distinga de lo sagrado,
el principio de proporcionalidad sigue actuando.
Lo vernáculo, al igual que los ámbitos de comunidad,
son principios que operan en diferentes niveles. Por ejemplo,
hay aprendizaje vernáculo, hay producción vernácula,
habla vernácula, modos de vestir vernáculos, modos
de andar vernáculos... En diferentes sociedades lo vernáculo
actúa en diversos ámbitos. Hay sociedades en las
que lo vernáculo, en tal o cual área, es sustituido
por un modelo de redistribución vertical. Pero esto no
implica que lo vernáculo se haya perdido en su totalidad;
aún en los imperios más poderosos lo vernáculo
nunca fue sustituido por completo por redistribuciones verticales.
Y aún una vez que lo vernáculo, en tanto principio
social, ha sido casi por completo erradicado de una sociedad,
lo vernáculo, en tanto principio que vincula al hombre
con lo sagrado, suele mantenerse. El individuo sigue estando
consciente de que hay una alteridad que le limita; esta alteridad
es tan poderosa que limita incluso a los reyes o emperadores.
Regresemos a la consideración de que lo vernáculo
es dual.
Lo vernáculo alude a un sentido comunal del bien y del
mal y de las relaciones sociales y de las relaciones con lo Otro.
Por último, lo vernáculo está vinculado
a un conjunto -llamado género- que a la vez se divide
en dos subconjuntos -lo masculino y lo femenino-. Subconjuntos
que no ambicionan ser iguales sino que viven de acuerdo a sus
diferencias complementándose de una forma asimétrica
y ambigua.
No olvidemos que "el género es algo distinto e implica
mucho más que el sexo. Expresa una polaridad social fundamental
y en cada sitio distinta" . Por ejemplo "fuera de las
sociedades industriales, el trabajo unisex es una rara excepción,
si acaso existe. Pocas cosas pueden ser hechas por mujeres y
también por hombres" .
Las relaciones entre los hombres y las mujeres, en las sociedades
del género son de complementariedad asimétrica
y ambigua.
"La complementariedad entre géneros es tanto asimétrica
como ambigua. La asimetría implica una desproporción
en el tamaño o valor, en la fuerza o el peso; la ambigüedad
no. La asimetría indica una posición relativa;
la ambigüedad el hecho de que los dos no embonan de manera
congruente (...). Siempre que la ambigüedad constituye las
dos entidades que también relaciona, engendra nuevas incongruencias
parciales entre hombres y mujeres que constantemente trastornan
toda tendencia hacia la jerarquía y la dependencia"
.
Prácticamente todos los terrenos de las culturas vernáculas
tienen género, es decir, no son de igualdad entre hombres
y mujeres .
La relación entre géneros en las sociedades vernáculas
es entre dos dominios diferentes. La diferencia que queda instituida
en dichas relaciones no conlleva a la dominación ni a
la competencia entre géneros.
En condiciones especiales la barrera que se plantea entre los
géneros queda derribada, aún en sociedades vernáculas.
Cuando esto sucede es porque algún tipo de calamidad envuelve
a tal sociedad. En la normalidad, el hombre y la mujer viven
uno al lado del otro, pero sin pasar nunca uno del lado del otro.
Las certezas económicas
como interrupción de lo vernáculo
A la luz de los textos
de Karl Polanyi, Iván Illich se percató de la novedad
histórica que implica una sociedad basada en relaciones
de intercambio económico y escasez. Esta novedad Illich
la llamó sociedad económica y Polanyi sociedad
con economía disembedded. ¿Cómo es
una sociedad con economía disembedded?
"la economía ensombrece cualquier otra realidad.
Las leyes de la economía dominan la sociedad y no las
reglas de la sociedad a la economía. Por esto que siempre
que los estrategas del desarrollo ponen su visión en un
país, no ven una sociedad que tiene una economía
sino una sociedad que es una economía. Dar por
sentada esta conquista de la sociedad por la economía
es una carga heredada de la Europa del siglo XIX, que ha sido
trasladada al mundo" .
Illich:
"primero habló de los gestos a través de los
cuales la gente no-moderna representa su sentido del bien como
'valores vernáculos', y luego abandonó el término
valores al percatarse de que arrojaba la sombra de una
elección económica sobre el acto cuya esencia es
precisamente, no la elección sino la armonización
no forzosa a un ambiente dado. Según Illich las sociedades
tradicionales imponen estrictas precauciones contra los efectos
corruptores de las relaciones de intercambio -no permiten que
el incuestionable bien sea reducido a valores monetarizados.
Las sociedades modernas hablan de valores, y por tanto, implican
que los modos de vida son dignos o indignos de acuerdo a nuestra
elección respecto a ellos" .
Karl Polanyi tenía un espíritu de historiador más
que de sociólogo. Investiga el lugar que la economía
ocupa en diversas épocas y se percata de que la economía
no siempre ha sido dominante en la vida de los hombres. Lucha
en contra de los historiadores que buscan colonizar el pasado
comprendiéndolo a partir de las certezas modernas.
Para esclarecer su discurso Polanyi divide a la economía
en sustancial o sustantiva y formal. La economía sustantiva
deriva de la dependencia humana por vivir entre la naturaleza
y sus semejantes. Se refiere a los intercambios que los hombres
realizan con su medio natural y social en la medida en que dichos
intercambios les suministran los medios para satisfacer su querer
material . En pocas palabras, el significado sustantivo hace
patente la dependencia del hombre respecto a la naturaleza y
a los demás hombres para subsistir. El hombre subsiste
en virtud de una interacción institucionalizada entre
él mismo y su medio. Ese proceso es la economía
sustancial, que le proporciona los medios para satisfacer su
querer de cosas materiales. Sin embargo, no debemos creer
que los quereres son exclusivamente necesidades corpóreas
tales como alimento y techo. Los medios son materiales, no así
los quereres. Cada vez que el querer depende para su satisfacción
de objetos materiales la referencia es económica.
El segundo significado de la economía es el formal. La
economía formal deriva de la lógica de la relación
entre medios y fines tal y como aparece en palabras como económico
o economización. Se refiere a una situación
de elección al usar los diferentes medios; elección
que es inducida por una insuficiencia de dichos medios.
El significado formal implica una serie de reglas referidas a
la elección entre los usos alternativos de los medios
insuficientes. El significado sustantivo no implica ni una elección
ni una insuficiencia de medios. La subsistencia del hombre puede
o no envolver la necesidad de elección, y sí la
hay, no tiene porque estar limitada por la escasez de los medios;
de hecho algunas de las condiciones físicas y sociales
más importantes de subsistencia tales como los suministros
de aire y agua generalmente no están limitadas.
Las últimas dos centurias han producido una organización
de subsistencia humana, gracias a la cual las leyes de la economía
formal se han vuelto singularmente aplicables. Esta forma de
economía consiste en un sistema de mercado que establece
precios. Desde que los actos de intercambio, tal y como se practican
en ese sistema, envuelven a los participantes en elecciones inducidas
por una insuficiencia de los medios, el sistema pudo ser reducido
a un patrón que puede ser analizado bajo los métodos
instituidos por la economía formal. En tanto la economía
esté controlada por ese sistema, la economía formal
y la sustantiva, en la práctica, coinciden .
La economía sustantiva es un proceso instituido de las
formas en que los bienes materiales circulan y son administrados
en una sociedad. La circulación de los bienes se deriva
de diversos tipos de transacciones; y la forma en que son administrados
se deriva de una serie de disposiciones sociales .
La institución de un proceso económico lo reviste
de unidad y estabilidad; ambos elementos sirven como patrones
de integración social; la institución de un proceso
económico produce una estructura con una función
social definida.
Para Polanyi no es debido a la escasez de medios que el orden
social (su secuencia, sus reglas de uso, de adquisición
y de disposición) tiene lugar. Las instituciones que componen
el orden social se derivan de que personas trabajando sobre cosas
valiosas, moviéndolas y pasándolas de mano en mano,
sin estar en relación con la abundancia o la escasez de
dichas cosas, saben las reglas de autoridad, los derechos y obligaciones
respecto al uso productivo tanto de las personas como de las
cosas, asimismo conocen las reglas de distribución de
las mismas. En la economía sustancial hay problemas de
dimensiones culturales, sociales, físicas, etc., que no
pueden ser reducidos a factores meramente económicos,
ni a partir de un intento por economizar los medios que se suponen
escasos .
La economía sustantiva, es decir, la institución
de un proceso económico, siempre está embedded.
Esta envuelta en una masa de instituciones no-económicas
(religiosas, políticas...). Pero el discurso economicista
considera que la economía formal puede estar disembedded.
Desde fines del siglo XVIII este discurso se expande y pronto
comienza a convertirse en certeza para la mayoría de la
gente que habita en las llamadas sociedades económicas.
Pronto las personas consideran que la economía es el centro
de su existencia, que la escasez de muchos y las ganancias de
pocos es la situación natural de la vida en sociedad.
Los habitantes de las sociedades económicas consideran
como última instancia de la realidad a la economía.
En este tipo de sociedades la economía que Polanyi denominó
formal es una certeza .
Polanyi advirtió, al hablar de economía sustantiva,
que las sociedades, en lo referente a lo económico, tienen
ciertas similitudes, pero también advirtió que
las sociedades económicas o modernas, son peculiares pues
toman como certezas los principios de la economía formal
y esto no sucede en ningún otro tipo de sociedad.
Pero, ¿si las sociedades económicas son una rareza
histórica, cómo surgieron? La gran transformación
de Karl Polanyi es el libro que se dedica a ahondar sobre este
tema. Ahí se explican las raíces históricas,
sociales, políticas y económicas que llevaron a
las sociedades a tomar como verdaderos los principios de la economía
formal.
De una sociedad que considera como certezas los principios de
la economía formal deriva la idea del hombre como homo
oeconomicus: un individuo posesivo y envidioso. Pero, ¿cuáles
son los elementos del homo oeconomicus y de la sociedad económica?
Para responder esto veamos algunas de las conclusiones de Louis
Dumont al estudiar a los creadores intelectuales de las certezas
de la sociedad económica y del homo oeconomicus.
Quesnay. Lo más peculiar de sus planteamientos
fue haber considerado a la economía como un todo autónomo.
Según él, el Estado no debe intervenir en cuestiones
económicas. Afirma que el bien común deriva del
equilibrio económico. De la economía se deriva
el resto de la realidad y además, la economía es
(o debe ser) autónoma.
Locke. Para él, la economía es independiente
de la política e incluso más importante. Afirma
que los hombres pertenecen a Dios y éste da a los hombres
la propiedad de la tierra. La propiedad se deriva del estado
de naturaleza del hombre así como del trabajo. Asimismo
señala que el hombre trabaja en estado de naturaleza para
sobrevivir y posee tierra aún antes de conformarse la
sociedad. La propiedad nada tiene que ver con las necesidades,
la noción de reparto de tierras por justicia social no
figura en su pensamiento; la propiedad de la tierra se deriva
del beneficio del individuo no del de la sociedad. Locke antepone
la relación hombre-cosa a la relación hombre-hombre.
En la teoría de Locke el Estado se crea para proteger
la propiedad y no por cuestiones de seguridad como en Hobbes.
Los sofistas, Hobbes, Maquiavelo y algunos cristianos como Ireneo
y Agustín, plantearon que el hombre es malo por naturaleza
debido a que es egoísta . La novedad de Locke no radica
en su idea de que el hombre es comúnmente egoísta,
sino en su creencia de que ésto es bueno. Y esto
debido a que lo lleva a trabajar, y gracias al trabajo se pueden
obtener progresos.
Mandeville. Fue un médico holandés que vivió
en Inglaterra, en su Fábula de las abejas escrita
en 1714, realizó la siguiente operación: emancipó
a la economía de la moral. ¿Cómo lo hizo?
depositando la normatividad que se encontraba en la moral en
la economía. El egoísmo es la fuente de todas las
acciones humanas. El egoísmo es un vicio, pero un vicio
que lleva al bien común. La fábula
intenta demostrar, a partir de la descripción de la vida
en una colmena, que la vida de lujos y de corrupción vuelve
prósperas a todas las abejas, es decir, que el bien común
se deriva de la suma de acciones egoístas. Al trabajar
para sí mismo, cada hombre trabaja para la sociedad. El
bien deriva del egoísmo y el egoísmo tiene razones
económicas; sé es egoísta por la valoración
que se realiza de la relación hombre-cosa. Para Mandeville
la Ley Natural es la ley del egoísmo, las leyes naturales
son las que dicta la economía.
Mandeville hace una crítica a las sociedades en donde
rige el orden moral y hace una loa a aquellas en las que gobierna
el orden económico. En el orden moral los individuos interiorizan
el orden social en forma de reglas morales y a cada sujeto y
su conducta se les define por referencia a la sociedad entera.
En el orden económico cada sujeto y su conducta se definen
por referencia a su propio interés y la sociedad se convierte
en el mecanismo (mano invisible diría Smith) gracias al
cual los intereses se armonizan.
Para los contractualistas los sujetos son individuos, fines en
sí mismos, pero sólo se les toma como ideales normativos.
Los contractualistas aún son trascendentalistas y se preocupan
por la moral social. Mandeville va aún más lejos,
es inmanentista, la política social simplemente debe promover
la felicidad del mayor número de personas. La prosperidad
económica es el bien común. La conducta del individuo
sólo tiene como motor su felicidad. Si bien la felicidad
ya había obtenido un status bastante importante con los
protestantes, para ellos ésta aún se derivaba del
ejercicio de las virtudes morales. Mandeville considera que la
felicidad es valiosa por sí misma.
Adam Smith. Plantea que el individualismo no debe tener
trabas. Smith enfatiza el valor de cambio de las cosas. Considera
que el hombre puede crear riqueza. La naturaleza del hombre es
la siguiente: el hombre tiende a mejorar y ésto lo logra
gracias al ahorro y a la acumulación de bienes. Puesto
que la división del trabajo hace más eficaz el
aparato productivo los hombres intercambian su producción.
Según el escocés, entre los hombres hay una identidad
de los intereses, y ésto no se refiere al deseo de cooperación
sino al interés egoísta de cada uno. La teoría
smithiana de la identidad de los intereses consiste en afirmar
que los hombres buscan egoístamente su propio bien y gracias
a ello logran el bien común. Una indagación
sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones
es, según Dumont, el acta de nacimiento de la economía
formal.
Concluyamos respecto al individualismo surgido de la ideología
económica:
"El nacimiento de lo económico implica de hecho un
deslizamiento de primacía, como hemos visto en algunos
ejemplos, desde las relaciones entre hombres hasta las relaciones
entre los hombres y la naturaleza o más bien entre el
hombre (en singular) y las cosas (...). El
punto que no hay que olvidar es que el acento en las cosas, el
dominio de las cosas es de punta a cabo una propiedad del individuo,
y no de la sociedad como un todo. Es así desde la propiedad
privada de Locke y hasta Marx mismo" .
La economía se disembed y se considera como el demiurgo
de la realidad, además el hombre ya es visto como un homo
oeconomicus, un hombre que valora las relaciones hombres-cosas
más que las relaciones entre hombres o la relación
hombre-tradición.
4.3.Cristalización
de las certezas económicas
La idea del homo oeconomicus
cristaliza con Jeremy Bentham y sus seguidores. Si para estudiar
la génesis de las certezas económicas es
necesario acudir a Louis Dumont, para estudiar el auge de dichas
certezas debemos acercarnos a Elie Halevy.
Halevy descubre que la consideración del hombre como egoísta
e individualista surgió en una sociedad que ha comenzado
a evaluar las acciones de los hombres en términos económicos.
Esta sociedad funcionaría, según el discurso economicista,
bajo las leyes de la naturaleza. Los economistas del siglo XVIII
creyeron ver en las leyes naturales un espejo de las de la sociedad.
Pero, ¿a qué se refieren con leyes de la naturaleza?
Según ellos la naturaleza funciona como una gran máquina.
Así, al realizar la analogía entre las leyes de
la naturaleza y las leyes que rigen a los hombres estos son considerados
como engranajes que trabajan.
Sin embargo, la idea de la sociedad como una megamáquina
y del hombre como una micromáquina no es del siglo XVIII
sino del Renacimiento.
La persona promedio, durante la antigüedad y la Edad Media,
era concebida como un microcosmos que luchaba por encontrar armonía
a partir de cierta combinación humoral. Pero durante el
Renacimiento esta visión cambió. El hombre se comenzó
a convertir en una máquina que trabaja.
Así hablaba Descartes:
"Lo que no parecerá en modo alguno extraño
a quienes, sabiendo cuántos distintos autómatas,
o máquinas movientes, puede hacer la industria de los
hombres, empleando en ello muy pocas piezas, en comparación
con el gran número de huesos, músculos, nervios,
arterias, venas y todas las demás partes que se hallan
en el cuerpo de cada animal, considerarán ese cuerpo como
una máquina que, habiendo sido hecha por las manos de
Dios, está incomparablemente mejor ordenada y en sí
posee movimientos más admirables que ninguna de las que
pueden ser inventadas por los hombres (º) Porque es muy
posible concebir que una máquina esté hecha de
tal modo que pronuncie palabras e incluso que diga algunas a
propósito de las acciones corporales que causen algunos
cambios en sus órganos; como si se tocara en algún
lugar, pregunta lo que se quiere decir, y si se le toca en otro,
grita que se le hace daño, y cosas semejantes" .
La sangría, método común para lograr la
armonía corporal según la teoría humoral,
fue relegada a una impostura por Harvey. El hombre ya no es un
microcosmos en donde hay fluidos en equilibrio sino una máquina
en movimiento. Borelli describe los huesos como palancas que
funcionan gracias a la energía que las fuerzas-músculos
les proporcionan. Para él la digestión es trituración
y la circulación un proceso hidrodinámico. En el
siglo de las luces Montesquieu y Rousseau se referirán
a su cuerpo como su máquina.
También la sociedad fue concebida como una máquina.
"En materia de gobierno toda complicación es espantosa.
Cuanto más resortes hacen funcionar una máquina
más se gasta por el frotamiento" .
La sociedad convertida en máquina hace trabajar a la pequeña
máquina llamada ser humano. La micromáquina está
al servicio de la megamáquina. La relación entre
éstas dos es muy diferente a aquella que guardaban el
microcosmos y el macrocosmos. La relación entre cosmos
tendía a buscar cierta armonía, una adecuación
entre las dos partes. La relación entre máquinas
es de eficacia. No se busca ninguna armonía, se apuesta
a la mayor productividad, a la rapaz lógica de las ganancias
económicas.
Halevy deja en claro que el hombre visto a la luz de las certezas
económicas es un autómata, pues trabaja como una
máquina en una sociedad que funciona como una máquina.
En primer lugar lo que Halevy demuestra es:
"qué profundamente estaban los benthamitas influenciados
por su creencia en las posibilidades de aplicar al estudio del
hombre y de la sociedad los principios y los métodos de
las ciencias naturales. Esta es una pista para explicarnos algunas
de las más curiosas aberraciones de su pensamiento así
como para entender su ceguera" .
Pero, ¿es la idea de que el hombre trabaja como máquina
la que hace que cristalice la certeza del homo oeconomicus?
El hombre convertido en máquina es sólo una parte
de dicha certeza. La otra parte es el individualismo y el egoísmo.
En este punto Halevy realiza una severa crítica a la certeza
del hombre económico. La idea de que el hombre es un individuo
egoísta por naturaleza es vista por Halevy con desconfianza.
Es a partir de esta desconfianza de donde surge la mayor aportación
de Halevy a la historia de las ideas: los hombres no son por
naturaleza hombres económicos, pero, bajo ciertas circunstancias
históricas, dicha idea puede convertirse en certeza. Para
Halevy es evidente que la naturaleza humana no es sólo
egoísta, también es altruista.
"Bentham y sus amigos fueron llevados por la lógica
de su sistema a considerar al individuo como un ser puramente
egoísta; pero la evidencia de los hechos los obligó
a reconocer la imposibilidad de reducir el motivo de la simpatía
al supuesto 'egoísmo elemental'." .
Asimismo Halevy considera que la naturaleza humana no es individualista
sino social. Los benthamitas afirmaban que la relación
hombre-cosa era lo más importante para cualquier hombre,
pues gracias a las cosas los individuos pueden satisfacer sus
necesidades. Según Halevy esta idea es falaz puesto que:
"el hombre no es un ser solitario. Salvo contadas excepciones
el hombre se encuentra rodeado de un grupo de acompañantes
con los que se encuentra unido por lazos sociales como el matrimonio
la amistad y los servicios. De hecho comparte el gozo
de la propiedad que por derecho le pertenece exclusivamente
a él" .
Halevy afirma que las circunstancias históricas que promueven
la certeza del hombre como individualista, egoísta y autómata,
son las que se dan en una sociedad que subordina la moral, el
derecho y la política a la economía. En cierta
forma, Halevy ya nos hablaba de la gran transformación
unas décadas antes que Polanyi.
Revisemos rápidamente las principales ideas e influencias
de los radicales filosóficos.
Esa secta de intelectuales, que algunos han llamado utilitaristas
o radicales filosóficos, creían que los métodos
de las ciencias naturales eran aplicables a las ciencias sociales.
Deslumbrados por los avances realizados por Newton decidieron
aplicar el método científico a las cuestiones humanas.
Al aplicar dicho método dijeron descubrir las leyes
de los mecanismos de la sociedad, la moral y la política.
Estos filósofos de fines del siglo XVIII y del siglo XIX
vieron de cerca la Revolución Francesa, la Revolución
Industrial, y pronto se sintieron atraídos por la Carta
de los Derechos del Hombre. Apoyaban el sufragio universal y
la democracia representativa; luchaban contra las barreras artificiales
de la tradición y de las instituciones. Su filosofía
de la emancipación del individuo iba de la mano de sus
ideales progresistas.
Cuando Bentham tiene 28 años, en 1776, se declara la Independencia
de Estados Unidos y se publica La riqueza de las naciones.
Los cartistas presentan su programa ante el Parlamento en el
cual demandan la institución del sufragio universal.
En 1832 los utilitaristas ya han entrado al Parlamento y han
tenido suficiente peso para que las elecciones distritales se
vuelvan más representativas. Bentham era amigo de Peel,
un influyente tory que ocupaba un asiento en el Parlamento, así,
además de la influencia directa de los parlamentaristas
utilitarios también pesaba la influencia indirecta; la
opinión de Bentham se tomaba mucho en cuenta debido a
que no era tan sectario. Sus afanes filántropos no se
lo permitían. Muy distintos eran David Ricardo y Stuart
Mill, quien conformó una secta que nunca tuvo más
de diez miembros. Sin embargo, Mill también hizo un gran
esfuerzo por expandir las ideas utilitaristas y por ello daba
constantemente conferencias en Cambridge.
Otro medio utilizado por los radicales filosóficos para
difundir su ideología fue crear Institutos de Mecánica,
Sociedades Para la Difusión del Conocimiento y una universidad
secular llamada Escuela Crestomática . Estas instituciones
estaban destinadas a adoctrinar, con ideas utilitarias y progresistas
a las clases bajas.
Además, tenían la Westminister Review en donde
se apoyaban la liberalización de la tierra y se atacaba
a los tories y a los whigs que se oponían al progreso
de Inglaterra.
Francis Place y Joseph Hume, conforman la tercera generación
de radicales filosóficos; ellos, al igual que Bentham,
logran expandir enormemente sus ideas utilitaristas.
En el siglo XVIII Jeremy Bentham, Adam Smith, Thomas Paine y
otros intelectuales promovían la idea de que la armonización
o identificación de los intereses de los individuos es
una cuestión natural y que los legisladores no debían
intervenir en el intento de dicha armonización. Los utilitaristas
afirmaban que dicha identificación se daba de manera automática
debido a la división del trabajo.
Bentham afirmaba que el hombre para vivir necesita trabajar.
La naturaleza lo único que ofrece son dolores y quereres.
De ahí que surja el trabajo. El trabajo tiene la función
de crear felicidad saciando los quereres y provocando placeres.
Una vez que los hombres trabajan se percatan de que creando cierta
división del trabajo pueden producir para intercambiar
y no sólo para utilizar. Producir para intercambiar mejora
la calidad e incrementa la cantidad de los bienes poseídos
por cada persona. El valor de los bienes es proporcional al trabajo
que en ellos se invierte. Esta idea tenía mucho sentido
en una Inglaterra en la que cada vez eran necesarios más
bienes para vivir.
Los benthamitas no tardaron en adoptar a Malthus, cuya teoría
se adecuaba muy bien a la Inglaterra de fines del XVIII y el
XIX. Sin duda ahí había cada vez más gente
y menos bienes materiales. En este punto los radicales filosóficos
si admiten que la intervención estatal puede ser benéfica,
pues consideran que el control de natalidad requiere de la mano
del gobierno.
La solución utilitaria a la pobreza era: hacer disminuir
el número de hombres y hacer crecer la cantidad de bienes.
Para esto, el Estado debe educar a la gente y con ello controlar
la natalidad.
Los utilitaristas afirmaban que era posible elaborar una ciencia
de la mente. Ellos describían los mecanismos de la mente
de la siguiente manera: el individuo recibe sensaciones agradables
y desagradables, éstas sensaciones, cuando son agradables
se vuelven deseables, cuando son desagradables se convierten
en repugnantes. Rechazamos tal o cual sensación antes
de que suceda porque ya le tenemos, por una experiencia anterior,
cierta aversión. Deseamos ciertas sensaciones porque la
asociamos a una situación agradable. A veces, cuando una
situación agradable viene después de una muy desagradable,
podemos también sentir aversión por la agradable
y viceversa. Es una cuestión de intensidades. El placer
y el dolor, según los benthamitas, son cuantificables.
Así, a partir del asociacionismo más elemental,
los benthamitas dicen haber descubierto las leyes del funcionamiento
de la mente. Pero, esto no es todo. Los radicales filosóficos
también crearon una teoría que descubrió
los criterios de la moral.
Cuando una sensación es experimentada como agradable o
desagradable por una persona, el juicio sobre esta sensación
se mantiene subjetivo. Pero, si una sensación análoga
es experimentada como agradable por muchas personas, entonces,
el juicio sobre la sensación se vuelve objetivo. Gracias
a los juicios objetivos sobre las sensaciones es posible establecer
criterios para el establecimiento científico de la moral.
El objetivo de las políticas que promovían los
benthamitas era el siguiente: dar más felicidad al mayor
número de personas. En principio todos los hombres son
egoístas pues buscan placer aún a costa de los
demás. Pero cuando los egoísmos se suman se logra
el bien común. Esto, decía Bentham, es tan exacto
como la geometría euclidiana y la astronomía newtoniana.
No obstante Bentham llegó a plantear que los individuos
en busca de obtener ganancias -pues así obtenían
sensaciones placenteras-, podían imponer dolor a los demás,
y esto resulta contrario al bien común. De aquí
se deriva la idea de Bentham de la necesidad social del legislador.
El legislador debe buscar la utilidad o placer generalizado y
usar como instrumento la intimidación. El legislador es
el distribuidor del placer y del dolor. La sociedad no es más
que el derivado del trabajo de sus artificios. Aquí Bentham
retoma a Hobbes, quien planteaba la idea de la identificación
artificial de los intereses. El legislador crea el orden moral
-si lo hace científicamente será mejor que
si lo hace con base en los prejuicios de la tradición-
y equilibra los intereses individuales.
Bentham toma de Beccaria y de Helvetius el sistema de prisiones
para acabar con el crimen desde la raíz. Su idea no consistía
en castigar a los delincuentes sino en volverlos hombres honestos;
y esto quería decir, mostrarles su naturaleza,
enseñarles que son homos oeconomicus; reformar
y no castigar era la lógica de las nuevas prisiones.
Con todo esto Bentham admitió implícitamente que
la idea de la armonización natural de los intereses no
era más que una ficción.
Después admitió que su objetivo político
-mayor placer al mayor número de personas- era prácticamente
imposible de lograr, pues obtener placer es una labor dificilísima
debido a que la malvada naturaleza lo impide en todo momento.
Ulteriormente Bentham y Mill admitieron que su idea de la mensurabilidad
del placer era absurda. Asimismo afirmaron que el igualitarismo
que habían profesado en sus políticas era imposible
debido a que la riqueza era insuficiente.
Al final, Bentham terminó admitiendo que sus leyes y teorías
eran una ficción. ¿Renuncio Bentham a sus proyectos
filosóficos y políticos? No. Al decir que había
enunciado ficciones también realizó una apología
de sus ideas: se trata de ficciones, pero de ficciones útiles,
porque sirven para explicar hechos sociales y para establecer
políticas científicamente viables.
Los utilitaristas se mantuvieron en el Parlamento e hicieron
crecer su influencia sobre las políticas gubernamentales.
El librecambismo fue ganando terreno en el siglo XIX y en buena
medida fue gracias a los radicales filosóficos que se
llevó a cabo la gran transformación de
la que habla Karl Polanyi.
La influencia de los radicales filosóficos no sólo
se hizo sentir en cuestiones políticas y filosóficas,
también llegó a las ciencias naturales y Charles
Darwin no vaciló en admitir a Malthus como uno de sus
maestros.
IDEAS BÁSICAS DE GENDER
Elie Halevy y Louis Dumont
nos pueden decir mucho respecto a la idea que el hombre moderno
se hace de sí mismo. Louis Dumont contrapone la idea del
individuo creado a partir de la sociedad económica a la
idea del individuo como parte de un todo.
Todo esto está muy claro en Dumont y en Halevy. Pero ¿la
principal diferencia en la concepción del sujeto holista
y el moderno es la sustitución de la relación hombre-hombre
por la relación hombre-cosa? Dumont y Halevy creían
que así era.
Illich no minimiza ni contradice que la relación hombre-cosa
transmigrificada es lo que convierte al hombre en homo oeconomicus.
Pero, para el filósofo convivencial hay otra característica
básica del homo oeconomicus. Dicha característica
es la carencia de género.
Gender nos enseña que para la concepción
del hombre como homo oeconomicus es necesario que el hombre
y la mujer se vean como seres humanos antes que como hombres
y mujeres . Y para lograr esto hace falta que el género
se rompa y después encuentre un sucedáneo en el
sexismo económico. El género no se rompe en la
modernidad, sino durante la Edad Media, y el principal artífice
de esto es la Iglesia . De esto ni Dumont ni Halevy nos supieron
hablar. El género no era su tema, pero sin este tema es
difícil comprender el tránsito del hombre holista
o vernáculo- al homo oeconomicus. Ni Halevy
ni Dumont son especialistas en el siglo XII, Illich si lo es,
y es por ello que logra rastrear el surgimiento del género
roto, que es la antesala del sexismo económico.
Marcel Mauss, Elie Halevy y Louis Dumont, entendieron al hombre
moderno como un individualista posesivo u homo oeconomicus.
Con ello hacían notar que la condición del hombre
moderno era histórica y no natural. Para encontrar las
peculiaridades del hombre moderno es necesario contraponer sus
principales características con las principales características
de los hombres de diferentes sociedades. Si decimos que el hombre
moderno es un homo aequalis pero no decimos que el hombre
no moderno es un homo hierarchichus, la peculiaridad del
homo aequalis no resaltará.
Pero, si se trata de enfatizar la condición especial del
hombre moderno, entonces debemos decir que a Dumont y a Halevy
les faltó la consideración de que el individuo
posesivo también es carente de género. Si
no han podido ver esto es porque tampoco han visto lo vernáculo.
Al hablar del modelo de reciprocidades Polanyi se acercó
a la noción de lo vernáculo, pero sólo se
aproximó, pues las reciprocidades jamás incluyeron
la idea de las relaciones entre géneros, las reciprocidades
en el pensamiento de Polanyi son neutras.
Para hacernos notar que el individuo, según las certezas
del discurso moderno, no sólo es un homo oeconomicus
sino que es también un homo neutrum, Illich
contrapone el sexismo económico al género vernáculo.
Antes de la sociedad económica "la diferencia del
hombre y la mujer no estaba sólo entre las piernas, sino
en cada paso, gesto, frase, sentimiento y fantasía, que
eran radicalmente intransferibles, dentro de cada cultura, de
un género a otro" . Illich dice:
"Utilizo la palabra género de una nueva manera para
designar una dualidad tan obvia en el pasado que ni siquiera
cabría darle un nombre y que hoy nos es tan distante que
a menudo la confundimos con el sexo. Al decir sexo me
refiero al resultado de una polarización en aquellas características
comunes que, a partir de fines del siglo XVIII, se atribuye a
todos los seres humanos. El género vernáculo siempre
refleja una asociación entre una cultura dual, local,
material, y los hombres y mujeres que viven conforme a ella.
El sexo social, en cambio, es católico; polariza
la fuerza de trabajo humano, la libido, el carácter o
la inteligencia y es el resultado de un diagnóstico (en
griego, una discriminación) de las desviaciones
de la norma abstracta, sin género, de lo humano"
.
En la sociedad económica el sexo es una certeza que se
usa para colonizar la historia de los individuos y de las sociedades.
Con esto los académicos modernos se olvidan de que la
categoría sexo, tiene un gran trasfondo histórico
y social:
"La palabra sexo se deriva del latín sexus
y se relaciona con seco, sec-, raíz que significa división:
seg-mento. Gramaticalmente la palabra siempre debe estar acompañada
de virilis (masculino) o muliebris (femenino). En la Ilustración,
cuando lo humano tomó la forma de un ideal, el
uso francés del término quedó limitado a
la segregación de la mujer. Le sexe mereció
diez renglones en la Encyclopédie de Diderot: 'Le
sexe absolument parlant, ou plutôt le beau sexe, est l´épithete
qu'on donne aux femmes (...) (dont) I'heureuse fécondité
perpétue les amours et les grace...' Apenas en los últimos
25 años del siglo XIX el término llegó a
significar algo común para hombres y mujeres, aunque su
peso, forma y significación se colocaron de manera distinta
en ambos. Sin embargo, para ambos quería decir un cierto
sistema de ductos que canalizaba una fuerza sin género
que Freud llamara líbido . El nuevo significado,
sin género, del sexo moderno, aparece claramente
en un término como sexualidad. Cuando funciona
como palabra clave, el sexo carece, paradójicamente, de
género. Y la formación de una sexualidad despojada
de género es uno de los requisitos previos necesarios
para que aparezca el Homo oeconomicus. Por esta razón
contrapongo sexo económico y género vernáculo.
Con éste designo una dualidad complementaria; con aquél,
la polarización de una característica común.
Tanto el género como el sexo son realidades sociales que
tienen una tenue relación con la anatomía. El sexo
económico individualizado es lo único que queda
del género social en el seudogénero egocentrado
del humano sexuado contemporáneo. El género simplemente
no puede prosperar en un entorno configurado por la economía.
No obstante, la condición de fondo de esta transformación,
la destrucción de un entorno social apropiado para el
género vernáculo, es un tema completamente ignorado
por los ecologistas hasta la fecha. Obviamente, utilizo género
y sexo como tipos ideales en el sentido de Max Weber (º).
Un tipo ideal es una construcción conceptual (º),
que no es una realidad histórica, ni es verdadera.
Sirve aún menos como esquema dentro del cual se subsume
una situación o acción real. Un tipo ideal tiene
la importancia de un concepto puramente ideal y limitante, con
el cual se compara la situación o acción real y
donde se busca la explicación de algunos de sus componentes
más significativos. Para mi, género y sexo son
conceptos ideales y limitantes para designar una polaridad: la
transformación industrial de la sociedad de un sistema
de género a uno de sexo. Para ambos, la
anatomía es tan sólo una materia prima. Tanto el
género como el sexo transforman los órganos genitales
en una realidad social. El género transforma el pene en
tipos innumerables de falos; el sexo sólo produce el pene
único, internacional, amenazador, envidiable (º)
una sociedad sexuada exhibe una ideología que presenta
el género como algo irrevocablemente pasado de moda"
.
El discurso psicoanalítico gracias a su concepción
de la formación del carácter del individuo, y especialmente,
gracias a su concepción de la envidia del pene
consigue hacernos ver la envidia de la mujer al hombre como una
envidia normal. Normal en tanto es parte del proceso de
la formación de la personalidad de cualquier individuo.
No sólo la envidia de la mujer hacia el hombre queda disfrazada
de natural, sino casi todas las relaciones hostiles entre hombres
y mujeres. Sin duda, aquí hay un falseamiento de las raíces
del conflicto entre hombres y mujeres. Mientras el discurso económico
ponía el disfraz de natural a la envidia entre hombres
el discurso psicoanalítico hace lo mismo respecto a la
envidia en las relaciones entre géneros.
A diferencia de las sociedades económicas las sociedades
vernáculas satisfacen sus quereres materiales de acuerdo
a sus tradiciones, sus posibilidades materiales y sus planes
de crecimiento y destrucción de la producción.
Los satisfacen no de acuerdo a un patrón estándar
impuesto por ideales occidentales y que se deben satisfacer a
partir del consumo. En la sociedad económica se tiene
la certeza de que todo el mundo tiene los mismos quereres -al
grado que éstos se han convertido en necesidades-
y que deben ser cubiertos con el consumo de mercancías.
Con esto no sólo se desvanece el dominio de lo vernáculo,
sino también el del género. Las instituciones modernas
acaban con lo vernáculo poniendo en su lugar homogeneización
y neutralidad en las ideas, los usos, las maneras de hablar,
de pensar, de trabajar, de producir, etc.
Lo moderno no trae consigo la igualdad entre el hombre y la mujer.
Tan sólo los inserta en un esquema al que difícilmente
se acoplan; y quien se acopla con mayor dificultad a dicho esquema
es la mujer .
Al ser dependientes de mercancías obtenibles únicamente
en el mercado, los hombres y las mujeres requieren de dinero.
Según Karl Polanyi el dinero siempre tuvo un papel secundario
y esta situación sólo se pudo modificar con el
surgimiento del capitalismo. El dinero es obtenido en algo que
se denomina mercado de trabajo. A su vez, el mercado de
trabajo es discriminatorio. Su discriminación va en contra
de la mujer. No sólo los salarios suelen ser más
bajos para las mujeres que para los hombres , sino que además
el índice de contrataciones se muestra porcentualmente
mucho más favorable para los hombres . Illich descubre
que a medida en que el crecimiento económico aumenta y
que el capitalismo avanza aplastando a lo vernáculo, dicha
discriminación se vuelve mayor.
El mercado de trabajo puede dividirse según la forma en
que se cuantifica por los economistas en 1) economía registrada
y 2) economía subalterna o no registrada. Tanto en la
economía registrada como en la no registrada se obtiene
dinero para comprar mercancías. En ambos tipos de economía,
la mujer generalmente se lleva el papel más degradante
y con una paga menor a la del hombre .
Lo anterior se refiere a la competencia en el mercado de trabajo
respecto al hombre y a la mujer. Pero la mujer no sólo
está discriminada en el mercado de trabajo, también
lo está en lo que Illich denominó shadow work.
Shadow work se refiere a un tipo de trabajo que la economía
no cuantifica -ni siquiera en el sector informal- pues, no lo
concibe como trabajo.
El trabajo fantasma es la otra mitad del trabajo asalariado.
Éste sólo se consolida en las sociedades económicas.
Pues sólo en dichas sociedades la gente consume regularmente
los bienes que se le ofrecen en el mercado; hacia el cual se
crea una dependencia casi total. A él se accede gracias
al dinero obtenido de los salarios. De ahí que la gran
importancia social de los salarios sea una novedad de la cultura
occidental en su etapa moderna. Pero, el trabajo asalariado requiere
de un tipo de trabajo no cuantificado como trabajo, que se denomina
trabajo sombra o trabajo fantasma.
El vocablo trabajo fantasma es un neologismo que Iván
Illich y Caludia von Werlhof acuñaron. Illich, respecto
a dicho vocablo dice:
"Lo acuñé para designar el esfuerzo no pagado
del consumidor que agrega a una mercancía un valor adicional
necesario para hacer útil a la unidad de consumo en sí.
Denomino a la actividad trabajo para subrayar que constituye
una pesada pérdida de tiempo; lo llamé trabajo
fantasma para indicar que el esfuerzo está asociado
al acto del consumo (y lo prepara)" .
El habla misma del niño, enseñada en buena medida
por la madre, y que le permite al infante disfrutar de servicios
como programas de televisión o los escolares, es un ejemplo
de trabajo fantasma. De igual manera, cuando la mujer plancha
o lava la ropa de su marido hace más útil la mercancía
llamada fuerza de trabajo u homo oeconomicus.
"El trabajo fantasma no pudo cobrar existencia hasta que
el hogar se transformó en un recinto equipado para la
función económica de mejorar mercancías
deficientes de valor. El trabajo fantasma no pudo haber sido
inequívocamente trabajo de la mujer antes de que el trabajo
del hombre saliera de la casa, a la fábrica o la oficina.
A partir de ese momento, la familia tenía que manejarse
de acuerdo con lo que se compraba con el cheque de la quincena--uno
sólo en el caso del ingeniero y, casi inevitablemente,
varios para alimentar a la familia del peón, cuya esposa
acepta trabajo a destajo mientras la hija se contrata como sirvienta
doméstica. Mejorar sin pago lo que producía el
trabajo asalariado se convirtió entonces en el trabajo
de la mujer. La mujer fue definida en términos del nuevo
uso al que se la destinaba. Ambos tipos de trabajo, el asalariado
y su fantasma, proliferaron con la industrialización.
Las dos nuevas funciones, la de quien gana el pan y la de quien
depende de él, empezaron a dividir a toda la sociedad:
a él se le identificó con el overol y la fábrica,
a ella con el delantal y la cocina. Por el trabajo remunerado
que la mujer pudiera encontrar para completar su ingreso, recibía
conmiseración y una mala paga (º). En el siglo XIX,
mientras el cambio tecnológico revolucionó el trabajo
fuera de casa, al principio tuvo poco impacto en la rutina doméstica,
excepto para afianzar el cerco dentro del cual quedó encerrada
cada ama de casa" .
Ahora, sí de por sí el trabajo fantasma es ya una
discriminación en contra de la mujer en las sociedades
económicas, también dentro del trabajo fantasma
las mujeres han sido discriminadas.
"si sólo la mujer llevara la carga del trabajo fantasma
parecería absurdo decir que, dentro del reino del trabajo
fantasma, la discriminación opera en contra de la mujer.
Sin embargo, esto es precisamente lo que sucede. En el trabajo
fantasma, mucho más marcadamente que en el trabajo asalariado,
hay discriminación en contra de la mujer. Está
atada a él en mayor grado, debe dedicarle más tiempo,
tiene menos oportunidad de evitarlo, su volumen no disminuye
cuando toma un empleo exterior, y se le castiga con mucha mayor
crueldad cuando se rehúsa a hacerlo. Lo que se roba a
las mujeres a través de la discriminación en los
empleos registrados y no registrados es sólo una pequeña
fracción del precio que se les debe por el trabajo fantasma
que realizan en casa sin remuneración" .
Tanto en la economía registrada como en la no registrada
y en el trabajo fantasma, Illich muestra contundentemente que
la modernidad ha llevado a crueles discriminaciones en contra
de la mujer y ¡todo esto bajo la égida de un discurso
que predica a los cuatro vientos la igualdad del hombre y la
mujer!
CONCLUSIÓN
Con relación a
los autores dedicados al desenmascaramiento de las certezas de
la sociedad económica, El género vernáculo
es un libro importantísimo. Es un texto sintético
y concluyente de un conjunto de libros claves para el entendimiento
de los mecanismos y mitos de la sociedad económica. Sintetiza
lo que Karl Polanyi, Louis Dumont y Elie Halevy encontraron para
definir la sociedad económica; pero El género
vernáculo no sólo recoge el pensamiento de
estos autores, sino que lo supera.
El género vernáculo nos ha ayudado a ver
que el hombre económico además de ser individualista
y posesivo es neutro. Pero, ¿cómo descubrió
Illich que la neutralidad es una característica básica
que constituye al homo oeconomicus?
"Fue gracias a la pequeña Mañe Estades, la
hija de un profesor en Puerto Rico. Entonces tenía cuatro
o cinco años, y yo estaba sentado con su padre, un querido
amigo. Su padre le dijo a la niñita: 'Mañe, hora
de dormir'. Mañe respondió: 'No me da la gana'.
Le pregunté -a este culto profesor de filosofía-
¿qué significa gana? Me dijo, 'Iván,
significa cosas diferentes para un hombre y para una mujer. Cuando
una mujer dice a un caballero 'no me da la gana', o, No
tengo ganas, a caballero, aquél no debe
preguntar nada más. Quizás mi estudio sobre el
género comenzó ahí" .
Esto sucedió probablemente a principios de los setenta.
Pero, en 1973 Illich plasmó por primera vez un punto de
partida para lo que más tarde serían Shadow
Work y Gender.
"Las sociedades industrializadas son viables precisamente
porque cuentan con las mujeres para tareas caseras que se escapan
a la industrialización. Pero una sociedad regida por criterios
de eficiencia industrial degrada y devalúa el trabajo
doméstico. En realidad, éste se haría aún
más inhumano al colocarlo en el molde industrial. Es más
fácil imaginar al norteamericano dejando de explotar la
subindustrialización de América Latina que cesando
de destinar sus mujeres a los trabajos no industrializables.
La expansión de la industria se detendría si las
mujeres nos obligaran a reconocer que la sociedad deja de ser
viable en cuanto un solo modo de producción ejerce su
dominio sobre el conjunto" .
En los años 70 la investigación sobre la historia
del trabajo llevó a Iván Illich, junto a Claudia
von Werlhof y a Barbara Duden, a concluir que el trabajo unisex
tenía su origen en las sociedades económicas.
En Shadow work Illich describe que el trabajo en la sociedad
económica es de dos tipos: trabajo asalariado y shadow
work. Además, Illich deja en claro que el trabajo en la
sociedad industrial es discriminatorio contra la mujer. Illich
contrapone el trabajo de las sociedades económicas a las
actividades vernáculas. Éstas no son discriminatorias
pero tampoco pretenden igualar al hombre con la mujer, es decir,
no son actividades neutras sino con género.
Pero, si continuamos nuestra búsqueda de cómo fue
que Illich descubrió el género vernáculo
y la peculiar condición del moderno homo neutrum,
no debemos sólo remitirnos a la obra del propio Illich,
debemos también buscar algunas fuentes externas.
Como ya dijimos, los autores que descubren que el hombre económico
es un producto moderno, no pueden arrojar mucha luz respecto
a que la carencia de género también es una peculiaridad
del hombre económico. Pero quien si puede arrojar luz
a este respecto es Robert Hertz. La relación entre géneros
es complementaria y ambigua. Mientras que la relación
entre hombres y mujeres en sociedades económicas es de
competencia y de envidia, de jerarquía y de dependencia.
Robert Hertz contribuyó enormemente a que se reconociera
la ambigüedad y la complementariedad de las relaciones entre
géneros.
"Hertz (º) intentó incorporar esta noción
de complementariedad a las ciencias sociales en una época
en que el concepto había empezado a dar frutos en las
ciencias físicas. Fue un genio y reconoció que
en ciencias sociales la polaridad fundamental implica tanto asimetría
como ambigüedad" .
Robert Hertz ayudó, según el propio Illich, a que
se descubriera que los ámbitos vernáculos tienen
género. Según él, la creencia de un cosmos
con género había sido una certeza en las sociedades
de la antigüedad. También reconocía que en
las sociedades modernas la situación era muy diferente,
pues el universo parecía haber perdido su género.
Hertz atribuía esto al hecho de que las actividades industriales,
por cuestiones utilitarias, requerían que la polaridad
social básica hombre/mujer, mano derecha mano izquierda-
desapareciera. Hertz no se extiende en esto y tuvimos que esperar
ochenta años para que alguien lo hiciera. Illich al descubrir
que las actividades vernáculas poseen género y
que éstas son muy diferentes a los trabajos neutros de
la sociedad económica, amplia lo que Hertz había
comenzado a ver pero que no desarrolló.
Illich no sólo va más allá de Hertz al explicar
con detalle y claridad las diferencias de las sociedades en donde
el género es una certeza y aquellas en donde lo es el
sexismo económico. Illich además nos supo guiar
por el camino histórico que construye el sexismo económico.
El género vernáculo no sólo contrapone
el sexismo económico al género vernáculo,
sino que además ofrece ciertas líneas para el estudio
de la génesis del sexismo económico. Es decir,
nos cuenta, aunque no por completo, cuáles fueron las
principales rupturas históricas que modificaron la certeza
del género por la del sexismo.
Es decir El género vernáculo es un libro
que concluye brillantemente con una época de Illich. Su
crítica a las certezas de la economía, de la sociedad
económica y de las instituciones modernas i.e. la
medicina, el transporte, la economía y la educación-
terminaron con El género vernáculo.
"Hay una cuerda que conecta El género vernáculo
con los libros de Illich de los 70. Sus siguientes trabajos despliegan
una nueva dimensión, que para mí está remarcada
en la siguiente frase de Iván: 'en los años 80
ocurrió un cambio en el espacio mental en el cual vive
la gente'. 'El tema de mis escritos', dijo, 'han sido la percepción
del sentido en el modo de vida, y en este respecto estamosº
pasando sobre un parteaguas. No esperaba, durante mi vida, observar
este paso'. Este cambio puede ser expresado, en pocas palabras,
como una transición de una imagen textual del self a una
cibernética. Illich tomó conciencia de este cambio
al modificar su pregunta ¿qué hacen las herramientas
a la sociedad? (que era el punto de arranque de La convivencialidad),
por ¿qué le dicen las herramientas a las personas
acerca de lo que son? -el fallout simbólico de la tecnología,
para decirlo con McLuhan. Concluyó que la computadora
ha reemplazado al libro como la metáfora raíz de
nuestra época" .
Además de ser una aportación crucial para el entendimiento
de las certezas modernas, El género vernáculo
es el texto más importante respecto a la proporcionalidad
social y su pérdida en las sociedades económicas.
Así como una descripción de la belleza social.
"Yo sostengo que la belleza social aparece cuando los elementos
materiales de una cultura son del tamaño apropiado a su
complementariedad concreta y dotada de género. Mantener
este medio dentro de los parámetros de tamaño
que corresponden a su forma (en griego, morphé) es necesario
para la existencia y preservación de una relación
cargada de género entre los dominios del hombre y la mujer"
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