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La obra de Iván Illich como un paradigma para el estudio de la sociedad internacional. Tesis para obtener el grado de licenciados en Relaciones Internacionales. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM 191 pp.

 

5. La pérdida de lo vernáculo como pérdida de proporcionalidad

Illich en Shadow work afirma que "el término vernáculo proviene de una raíz indo-germánica que implica la idea de enraizamiento, raigambre, morada. En latín vernaculum designaba todo lo que había sido criado, tejido, cultivado, hecho en casa" , también era vernáculo todo lo que se obtenía de los commons o ámbitos de comunidad; lo cual era distinto de lo que se obtenía a través del intercambio económico . Vernáculo, asimismo, se refiere "a todo aquello que un hombre podía defender y proteger aunque no lo haya comprado ni vendido en el mercado" . "Si este hecho -afirma Iván Illich- hubiera captado la atención de Karl Polanyi habría podido emplear el término en el mismo sentido que los romanos de la Antigüedad: el sustento obtenido a través de estructuras de reciprocidad inscritas en cada aspecto de la existencia, diferentes del sustento que proviene del intercambio monetario o de la distribución vertical" . Queda claro que lo vernáculo está en franca oposición a lo que se obtiene vía el intercambio dentro de un sistema de mercado.

Un bilbliotecario de César y también de Augusto, llamado Varrón realizó un estudio exhaustivo de la lengua latina. Su lingua latina, fue durante varios siglos una obra de referencia fundamental. Varrón recurrió al vocablo vernáculo a propósito de la lengua, afirmando que "el habla vernácula está hecha de palabras y expresiones cultivadas en el mismo dominio de aquel que se expresa en oposición a lo que ha sido cultivado en otro lugar e introducido. Y como su autoridad era ampliamente reconocida, su definición fue conservada" . En inglés y en francés el término vernáculo ha sido adoptado en el sentido que Varrón le dio al término.

Illich retoma el término vernáculo ya que lo considera el más adecuado "para designar las actividades de la gente cuando no actúa movida por las ideas del intercambio" ; es decir, para designar todas aquellas "acciones autónomas, fuera del mercado, a través de las cuales la gente satisface sus necesidades cotidianas; acciones que, por su naturaleza misma, escapan del control burocrático" .

Lo vernáculo puede definirse como aquello que no pasa por las manos de los profesionales sino que está controlado de manera autónoma por cada comunidad. El mercado -el sitio en donde los profesionales crean bienes y servicios escasos- nada tiene que ver con lo vernáculo.

Lo vernáculo es una forma de vivir, es la manera particular de preparar la comida, de adquirir la lengua, la forma de diversión, de parir, de vestir; es lo característico de una comunidad específica. Nos señala Illich que nunca dos comunidades vernáculas prepararán la comida de la misma manera, ni tendrán la misma forma de divertirse, como tampoco tendrán el mismo estilo para construir sus casas.

Pese a lo importante que lo vernáculo es para cualquier comunidad, la era industrial, y en especial la era del desarrollo se han encargado de desplazarlo. Es decir, con la era industrial toma importancia un fenómeno homogeneizador que atenta contra lo vernáculo. Las comunidades vernáculas no tienen cabida en un mundo globalizado y homogéneo, el cual es regido por supuestos económicos entre los que sobresale como el más importante el de la escasez.

Las comunidades tradicionales o vernáculas, pese al hostil ataque del mundo moderno y todas sus implicaciones -ataques disfrazados como promesas de bienestar, desarrollo, modernización, educación, etc.- aún subsisten en la mayoría de los países del Sur o subdesarrollados; incluso se pueden encontrar comunidades tradicionales en algunos bosques o montañas de los llamados países desarrollados o del Norte.

Los profesionales consideran lo vernáculo como síntoma de atraso, no productivo, folklore, y por tanto; las comunidades vernáculas son vistas como comunidades subdesarrolladas y atrasadas, las cuales dadas sus condiciones deben ser ayudadas para desarrollarse. Y quienes toman en sus manos esa ayuda son aquellos profesionales que pasan gran parte de su vida diseñando programas de ayuda para el desarrollo; ayuda que implica integrar a estas comunidades al gran sistema, o mejor dicho al gran mercado. Dichos programas se diseñan bajo la óptica del régimen de la sociedad económica y por supuesto que estos especialistas no se toman la molestia de considerar lo vernáculo de cada comunidad ya que creen que todos las personas tienen las mismas necesidades.

5.1 Lo vernáculo en las ocasiones de aprendizaje

En el apartado anterior decíamos que lo vernáculo no es del dominio de los profesionales. Así pues, al hablar de lo vernáculo en el aprendizaje caemos en la cuenta de que no todo lo que hombres y mujeres aprenden ha de ser enseñado por profesionales de la educación, es decir, por educadores. Illich demuestra con argumentos sólidos que existe una fecha en la cual el aprendizaje se empieza a concebir como "un proceso de enriquecimiento personal con valores que se suponen escasos" y con ello, el aprendizaje comienza a concebirse como educación. Junto a esta nueva forma de aprender -que es sólo una entre muchas otras- nace un nuevo sujeto: el homo educandus. El inicio de la historia del homo educandus Illich la remonta al momento en el cual la educación empieza a ser percibida como una necesidad humana básica . Algunos de los inventos necesarios para dicha percepción fueron el alfabeto y el texto . "Sin la técnica alfabética para fijar un texto y transmitir un original no podría siquiera imaginarse la existencia de la literatura y la ciencia de las que se ocupa la educación. Otros elementos clave que son presupuestos de la educación tomaron forma entre Alcuino y Alberto el Grande, porque sólo en tiempo de Alcuino las palabras fueron separadas visualmente una de otra por primera vez, con lo que el texto se hizo visible. Resultó posible captar el sentido de un texto viéndolo, en lugar de pronunciar las palabras para hacerlas comprensibles al oído. Sin esta visualización del texto no hay idea de conocimiento colocado y depositado en libros, de conocimiento que pueda ser reproducido y comunicado" . Entonces se comenzaron a configurar algunos elementos de la historia del homo educandus.

Illich considera que hay dos personajes que tienen gran importancia en la historia del homo educandus; por un lado encontramos a Nebrija de quien nos ocuparemos en el presente apartado con más detenimiento y por el otro a Comenius , quien fue el iniciador formal de la historia del homo educandus. El definió en Magna Didactica, vei Ars omnibus omnia omnino (omnio?) docendi, los objetivos de la profesión de educador. Asimismo afirmó que "la educación comienza en el seno materno y no termina sino con la muerte. Todo lo que vale la pena saber merece ser enseñado con un método específicamente adaptado al sujeto. El mundo ideal es aquel organizado de tal manera que funciona como una escuela para todos. Los individuos no pueden acceder plenamente a su humanidad más que si el saber es un resultado de la enseñanza. Aquellos que aprenden sin que se les enseñe están más cerca del animal que del hombre. Y hay que organizar el sistema escolar de manera que todo el mundo, viejos o jóvenes, ricos o pobres, nobles o villanos, hombres o mujeres, aprendan realmente y no simbólicamente o para aparentar" . Con esta afirmación, Comenius descalifica todo el conocimiento vernáculo, y comienza el monopolio radical de los educadores y de todo el sistema educativo sobre todo lo que debe o necesita aprenderse, sobre el aprendizaje.

Es de esta nueva ideología abanderada por Comenius que se consolida una nueva idea del hombre, el homo educandus. El homo educandus que vive una nueva realidad social en la cual necesita que un grupo de profesionales le enseñe qué debe saber y hacer. Así, durante el Renacimiento, se consolida aquello que comenzó unos siglos antes de Cristo -la asunción del homo educandus- con la invención del alfabeto .

Illich denuncia que en la mayoría de los pedagogos no hay la disposición de

"reconocer que la educación es un concepto sui genesis, inconcebible en otras sociedades (que no sean aquellas que se han occidentalizado) y, por ende, inaplicable a una descripción histórica de su pasado. La educación, como se usa el término en la actualidad, significa aprender bajo el supuesto de que este aprendizaje es un prerrequisito de todas las actividades humanas, mientras que, al mismo tiempo, las oportunidades de este aprendizaje, por su propia naturaleza, son escasas" .

5.2 La lengua vernácula frente a lengua madre

Illich demostró que sólo en una sociedad que concibe a la educación como una necesidad humana básica y bajo el supuesto de la escasez, puede aparecer la lengua materna. La educación tal como la concebimos en nuestros días va desplazando el aprendizaje vernáculo en diversos ámbitos. Pero sin duda, uno de los más importantes es el habla; aquí encontramos el antagonismo entre la lengua vernácula y la lengua madre o lengua enseñada -que corresponde al dominio de profesionales.

No olvidemos que el habla vernácula está hecha de palabras y expresiones cultivadas en el mismo dominio de aquel que se expresa como contrapuesto a lo que ha sido cultivado en otro lugar e introducido. Por el contrario, la lengua materna es aquella que es enseñada sino por profesionales al menos si como trabajo fantasma , es decir, como parte del sistema de mercado -o tercer modelo de integración de la economía en la sociedad descrito por Polanyi-.

"Hasta el siglo XI, la lengua vernácula, en oposición a la lengua culta, especializada, -el latín para la Iglesia, el fráncico para la corte-, era de una variedad tan evidente como el sabor de los vinos y de los platos locales, la forma de las casas y de los aperos del campo" .

¿Cómo es que la lengua materna fue desplazando a la vernácula? Para responder esto debemos recurrir al texto Shadow Work; en él, Illich nos narra el surgimiento de la lengua materna, su función y las consecuencias de su aparición.

"La lengua materna, desde su mismo origen como expresión, ha sido el contrario de la lengua vernácula. Fueron unos monjes católicos quienes la emplearon por primera vez para designar la lengua que utilizaban, en lugar del latín, para hablar desde el púlpito. Hasta entonces, el término no existía en ninguna cultura indo-germánica. Entró en el sánscrito en el siglo XVIII como una traducción del inglés. Por lo que he podido comprobar, carece de raíces en las otras grandes familias de lenguas habladas en la actualidad. Entre los pueblos de la antigüedad, los únicos que consideraron su patria como una especie de madre fueron los cretenses. A pesar de que existen reminiscencias de la existencia de un antiguo orden matriarcal, ni siquiera en Creta, existía el equivalente de una lengua materna (...).

Ni en la Grecia Antigua ni en la Edad Media se hacía la moderna distinción entre dialectos y lenguas. En nuestros días, sucede algo así entre las poblaciones de la India. Igual que antes, las comunidades monolingües, tal como nosotros las conocemos hoy, continúan siendo una excepción. Desde los Balcanes hasta las fronteras occidentales de la Indochina, es raro encontrar un lugar en el cual uno no pueda entenderse en más de dos o tres lenguas. Que cada individuo tiene su patrius sermo, es algo que está asumido, pero, igualmente, se da por hecho que la mayoría habla varias lenguas vulgares, asimiladas de forma vernácula, no enseñadas. (...) Los pobres de todas las naciones no industriales del mundo son políglotas. Mi amigo, el orfebre de Tombuctú, se expresa en su casa en songhai, escucha su radio en la que se habla bambara, recita piadosamente y con una comprensión pasable sus cinco oraciones diarias en árabe, hace sus negocios en el zoco en dos lenguas comerciales (sabir, pidgin), conversa en un francés aceptable que aprendió en el ejército -y ninguna de estas lenguas le ha sido enseñada según unas reglas. No ha decidido aprenderlas, cada una es un estilo con el cual recuerda un conjunto particular de experiencias que encajan en el marco de esa lengua. Las comunidades donde predominan el monolingüismo son raras, salvo en tres clases de sociedades: las comunidades tribales que no han salido del último estadio del neolítico, las comunidades que han sufrido durante mucho tiempo formas excepcionales de discriminación y los ciudadanos de los estados-nación que se benefician, desde hace varias generaciones, de la escolarización obligatoria" .

Para explicar la invención de la lengua materna tenemos que remontarnos al siglo XV, concretamente a 1492. En ese año, mientras Cristóbal Colón iba en busca de nuevas rutas, Elio Antonio de Nebrija creaba un instrumento que serviría a los Reyes Católicos para consolidar la unificación de sus reinos, este nuevo instrumento fue la Gramática castellana. "Nebrija propuso el empleo de su gramática en vistas a extender el poder de la reina en un esfera totalmente nueva, el control estatal de la subsistencia cotidiana de la gente. Nebrija trazó efectivamente las grandes líneas de una declaración de guerra contra la subsistencia, guerra que el nuevo Estado se preparaba para llevar adelante. Pretendió que se enseñara la lengua materna, inventó el primer grado de la instrucción universal. (...) Desde su primer uso, la expresión lengua materna hace del lenguaje un instrumento al servicio de una causa institucional." A partir de entonces, a los súbditos se les había creado una nueva necesidad: aprender esa nueva y compleja gramática. Con este hecho el gobierno español pretendía que las lenguas locales o vernáculas fueran olvidadas. El elemento clave de la argumentación de Nebrija, para convencer a los Reyes, fue: "la lengua suelta y fuera de regla, el habla libre, sin preceptos, en la cual se expresan diariamente las personas, que emplean para vivir su vida, es un habla popular que perjudica a la Corona." Esta aseveración la basó en que consideraba un derroche de tiempo que la gente leyera y dialogara en sus lenguas vernáculas, puesto que veía ese tipo de lecturas y charlas como frívolas; de tal modo que, una de las manera por las que la lengua materna fue ganando terreno fue gracias a que las imprentas, a partir del momento en que se adoptó oficialmente la nueva lengua que obedecía a las complejas reglas gramaticales inventadas por Nebrija, sólo imprimieron en esa lengua y toda aquella persona que no la adquiriera no podría leer más.

"El primer especialista moderno del lenguaje aconseja a la Corona que transforme el habla y la existencia de la gente en herramientas útiles para el Estado y sus propósitos. Nebrija ve en su gramática un pilar del Estado-nación. En ella el Estado es concebido, desde su origen, como un organismo agresivamente productivo. El nuevo Estado toma las palabras con las que subsiste la gente y las transforma en un lengua normalizada que de ahora en adelante será obligatorio emplear, cada cual según el nivel de instrucción que le ha sido institucionalmente administrado. En adelante, la gente tendrá que remitirse a un lenguaje que reciben de lo alto y no desarrollar más una lengua en común."

En pocas palabras, para la consolidación del naciente estado de España, Nebrija propone a la Reina Isabel una alianza entre la espada y los expertos, unión de las armas y las letras; por un lado, con la espada puede conquistar nuevos territorios y, por el otro, mediante los expertos crea "un sistema de reducción científica de la diversidad en todo el reino (...). Nebrija, sencillamente, se proponía sustituir una lengua vernácula por una lengua materna."

"Este paso de la lengua vernácula a una lengua materna oficialmente enseñada quizás sea el acontecimiento más importante -y por tanto el menos estudiado- en el advenimiento de una sociedad de máxima dependencia de las mercancías. El paso radical de la lengua vernácula a la lengua enseñada anuncia el paso del pecho al biberón, de la subsistencia a la asistencia, de la producción para el gasto a la producción para el mercado, de las esperanzas divididas entre la Iglesia y el Estado a un mundo donde la Iglesia es marginal, la religión privatizada y donde el Estado asume las funciones maternales hasta entonces reivindicadas únicamente por la Iglesia. Antes, no había manera de salvarse fuera de la Iglesia; ahora, no habrá ni lectura ni escritura -ni tampoco, si es posible, habla- fuera de la esfera de la educación" .

Así como el pagano debía ser integrado a la iglesia mediante el bautismo ahora el hombre vernáculo se integra al Estado-nación por el lenguaje. La lengua necesitará, en adelante, tutores, maestros que la divulguen por el bien de todos.

Ahora bien, la innovación más importante de Nebrija fue la de

"sentar las bases de un ideal lingüístico sin precedente: la creación de una sociedad en la que burócratas, soldados, mercaderes y campesinos del monarca universal pretenden, todos, hablar una sola lengua, lengua que se supone que los pobres comprenden y obedecen."

Con esto también se pretende dejar atrás las comunidades jerarquizadas y dar un paso hacia una nueva sociedad que nacerá, formalmente, después de la Revolución Francesa, una sociedad que se presume, igualitaria pero que sin duda cobija más desigualdades que las comunidades vernáculas.

En los párrafos anteriores ya se ha explicado el surgimiento de la lengua materna o enseñada y la función que tuvo hace cuatro siglos: su función es la que ha venido desempeñándose desde entonces, se trata de una tarea homogeneizadora, pues sin duda la lengua materna ha sido un elemento de coerción y uniformidad.

Hablando de las consecuencias que ha tenido el gran invento de Nebrija, definitivamente la sustitución de la lengua vernácula por la enseñada es la más significativa. Pero, generalmente somos ciegos a ver que cuando se sustituye lo vernáculo hay cosas importantes que van implícitas en esta sustitución. Implica la expansión de la occidentalización, es decir, la ampliación del discurso homogeneizador y universalista que versa sobre la escasez de bienes y servicios que deben pasar por la manos de profesionales. Se trata de la expansión del dominio de los profesionales y con ellos de la asunción y creación de necesidades que deben satisfacerse en un mercado, en el que circulan infinidad de mercancías -una de ellas la lengua materna-. Y cuando decimos que deben satisfacerse en el mercado nos referimos a que, de no hacerlo así, se corre el riesgo de ser considerado ignorante, analfabeta, marginal y atrasado.

Hoy, la lengua materna significa, al menos, dos cosas: la primera lengua aprendida por el niño, y la lengua que, por decisión estatal, debe ser la primera lengua del ciudadano. Vemos, entonces, cómo se trata a la gente como una criatura que necesita que se le enseñe a hablar correctamente a fin de poderse comunicar en el mundo moderno, de la misma forma que necesita ser transportada en vehículos motorizados a fin de poderse desplazar en los paisajes modernos, para los cuales dejaron ya de servir sus piernas.

"La actual dependencia de profesores retribuidos y de modelos para la adquisición del habla ordinaria es una característica única de la economía industrial así como la dependencia de los combustibles fósiles. Si bien la necesidad de enseñar la lengua materna fue descubierta hará cuatro siglos, tan sólo en nuestra generación la lengua y la energía han sido ambas tratadas efectivamente como dos necesidades universales que deben ser satisfechas en todos los individuos a través de una producción y de una distribución planificadas y programadas. Se puede decir con razón que, al contrario de la lengua vernácula, el lenguaje capitalizado resulta de la producción. (...)

Las culturas tradicionales subsistían gracias a la luz solar. La azada, la acequia, el yugo eran los instrumentos primordiales de la domesticación del sol. Las grandes velas o las norias, si bien conocidas, eran raras. Las culturas que vivían del sol subsistían fundamentalmente gracias a valores vernáculos. En estas sociedades, las herramientas constituían esencialmente una prolongación de los brazos, de los dedos, de las piernas. La necesidad de una producción centralizada de energía en fábricas y de su conducción hasta lejanos clientes no existía. Igualmente, en estas culturas esencialmente vitalizadas por el sol, la necesidad de una producción de la lengua no existía. Cada quién extraía su lengua de su entorno cultural, la aprendía en la convivencia con otros que podía conocer, amar u odiar. La adquisición de la lengua vernácula se daba de la misma forma como se compartían las cosas y los servicios, es decir, a través de múltiples formas de reciprocidad, y no por la mediación de un profesor o de un profesional con este cargo. De la misma forma que el combustible no era objeto de suministro, la lengua vernácula no era objeto de ninguna enseñanza. Había lenguas enseñadas, pero eran raras, tan raras como las velas o los molinos. Sabemos que en la mayoría de culturas el habla resultaba de la conversación de la vida diaria, de escuchar las peleas o las canciones de cuna, de los chismorreos, de los cuentos, de los sueños. Todavía hoy, en los países pobres, la mayoría de las poblaciones adquieren el dominio de su lengua sin profesores remunerados, sin que se les enseñe a hablar, sea de la manera que sea. Y aprenden a hablar de un modo que no tiene comparación con esta insípida cháchara constreñida y engreída que me crispa siempre que, después de una larga estancia en América del Sur o en el Sudeste asiático, regreso a una universidad americana. Siento pena por esos estudiantes que carecen de oído a causa de su educación; que han perdido la facultad de percibir la diferencia entre la expresión momificada de la lengua estándard de la televisión y el habla viva de aquellos que se expresan sin que se les haya enseñado. Si bien, por otra parte, ¿por qué voy a esperar otra cosa de gente que no ha sido amamantada con un seno sino con un biberón, con leche condensada, si son de familias pobres, y de un brebaje preparado bajo la mirada vigilante de Ralph Nader si provienen de un medio ilustrado? Para aquellos que han sido educados para elegir entre diferentes leches preparadas, la de la madre no es más que un opción entre otras. Igualmente, para aquellos que han aprendido a escuchar y a hablar, la lengua vernácula, adquirida sin maestro, no es más que un modelo entre muchos otros, aunque en un estado menor de desarrollo."

No debemos caer en la tentación de creer que el habla coloquial es sinónimo de habla vernácula, afirma Iván Illich que tanto el habla vernácula como el habla enseñada son extremos del habla coloquial.

La lengua vernácula es difundida por su uso práctico, se aprende de la gente que piensan lo que dicen y dicen lo que piensan a su interlocutor en el contexto de la vida de cada día. Algo diferente sucede con el lenguaje enseñado. En éste último caso, aquel de quien aprendo no es alguien que me importe o que yo ame, sino un orador profesional. En el lenguaje coloquial enseñado, el maestro no expresa su pensamiento sino que recita aquello que otros han puesto a punto . El habla coloquial enseñada es la retórica impersonal y muerta de la gente pagada para declamar con una convicción fingida textos compuestos por otros, que ha su vez han sido pagados para concebir esos textos.

Para millones de personas la lengua materna enseñada ha adquirido un monopolio radical sobre el habla de la misma forma como los transportes sobre la mobilidad o, más generalmente, la mercancía sobre los valores vernáculos. Esta analogía igualmente es válida para ser aplicada a cualquier monopolio radical, como son la educación, la medicina, etc.

5.3 Lo vernáculo en la producción

Para poder hablar de producción debemos partir de un hecho innegable: la concepción actual del concepto de producción tiene su origen en el siglo XVIII.

Hoy producción es sinónimo de creación, con base en esta acepción moderna de producción, el hombre es el productor y el producto es una nueva entidad.

Sin embargo,

"producción viene del verbo latino, producere que significa estirar, prolongar, pero también sacar a la luz, hacer visible, literalmente jalar hacia la visibilidad. Según este antiguo significado, la producción es un movimiento de la ausencia a la presencia, una emanación de algo que estaba escondido, y es ahora traído al alcance de los sentidos del hombre. Esta idea de la producción como emanación de algo preexistente pero escondido embonaba con la experiencia premoderna de los fenómenos naturales. Por ejemplo, correspondía en la mentalidad antigua a la germinación de una semilla, mediante la cual las labores del campo hacen brotar de la naturaleza el sustento material de la gente. Conforme a ese modo de pensar el trabajo no produce algo por sí mismo, sino que ayuda a manifestarse, a producirse "

Jean Robert afirma que el primer paso que se da hacia la moderna acepción de producción tiene lugar a fines del siglo XVIII. Entre los precursores de la nueva idea de producción encontramos -según Robert- a Kant en la filosofía y a Goëthe en la literatura.

Pero ¿en qué consiste la novedad moderna al hablar de producción? El concepto actual de producción surgió cuando ésta fue redefinida como la fuente de valor. Esta fue la hazaña histórica de los fisiócratas. Y esto lo sustenta Robert al retomar unas líneas de Adam Smith, en las cuales se considera al "sistema agrícola como la única fuente de renta y de riqueza de la nación". No olvidemos que para los fisiócratas "la tierra -el suelo- era claramente la matriz de la riqueza de la nación y el poder del estado".

No obstante, Adam Smith, en La Riqueza de las Naciones, asienta "que no es la tierra sino el trabajo el factor determinante de la riqueza. Con esto, Smith dio un paso más hacia el concepto moderno de producción" ya que le otorga al trabajo una importancia que no tenía.

El siguiente paso fue dado por David Ricardo, quien "redujo los poderes generativos del suelo a meros factores cuantificables -hoy diríamos insumos o inputs- del trabajo productivo. Logró así igualar el bienestar y la riqueza al valor de cambio" . Después de él la producción se comienza a entender como una actividad puramente humana, artificial. Además la teoría ricardiana considera al trabajo no sólo como un factor productivo más, sino como el factor que determina el valor de todos los demás factores que intervienen en la producción.

Del lado de los cambios arriba mencionados, la subsistencia también adquirió una nueva definición; por subsistencia se comienza a entender la "supervivencia sociobiológica del productor individual bajo condiciones de la acumulación de capital." No es casualidad que la época en que se instauraron estas nuevas concepciones de producción y de subsistencia sea la misma en que se comenzó a perder la proporcionalidad que caracterizaba a las comunidades vernáculas. Es el inicio de la era en que "las antiguas formas de economía comunitaria, que en otros tiempos aseguraron el sustento de grupos limitados de hombres que compartían algún sentido de la buena vida pueden ahora ser reprimidas y pronto desmanteladas en nombre de un imperativo productivo."

Lo vernáculo comenzó a ser definido por la mente del homo oeconomicus como improductivo y por tanto indeseable. Pero esta concepción sólo es válida para quienes han asumido el paradigma economicista -o tercer modelo de integración de la economía en la sociedad descrito por Polanyi-, el cual tiende a reducir todo a producción, escasez, indicadores económicos, mercado, necesidades y a su afán por tener control sobre todo.

Robert no exagera al decir que "los economistas se ensañan tanto contra el orden comunitario tradicional precisamente porque permite subsistir sin producir valores económicos." Todo lo que en el orden comunitario se produce escapa de las manos de la economía y con ello se sale de un orden que se pretende universal y homogéneo.

En las comunidades vernáculas se lleva a cabo una economía de subsistencia . Es decir, ellas mismas producen lo que consumen casi en su totalidad -y a veces, incluso en su totalidad-. Se trata de comunidades que no necesitan recurrir al mercado para satisfacer sus necesidades. En otra palabras las comunidades vernáculas son prácticamente autosuficientes; la producción que existe en este tipo de comunidades es concebida en el antiguo sentido del concepto; este tipo de producción no obedece a las leyes del mercado sino a tradiciones y reglas vernáculas. Lo producido en las comunidades vernáculas no es considerado como una mercancía ni se comercializa.

Pese a que la producción vernácula, como podríamos llamarle a la forma de producir en los grupos vernáculos, es suficiente para toda una comunidad, la mayoría de las actividades vernáculas productivas, bajo una óptica moderna, son definidas como improductivas y subdesarrollas. Un ejemplo de producción vernácula es el que se da en la milpa . Jean Robert ve en la milpa una especie de cultivo tradicional que en algunas partes de nuestro país todavía se realiza de manera vernácula. Al respecto podemos decir que "la mayor parte de los economistas definen a la milpa como una actividad de subsistencia; trabajo duro con herramientas ineficientes para generar tan sólo unos pocos bienes, y pocos o hasta nulos excedentes. La subsistencia es, para la economía, algo así como la parienta pobre de la producción moderna. Los economistas la describen como una cadena perpetua de esfuerzos bajo condiciones de escasez crónica, sin que aparentemente nadie se percate que, con ello, proyectan el axioma fundamental de la economía occidental, la escasez, sobre contextos culturales determinados por otros principios, llámenles o no pre-económicos" , con esto los economistas pretenden colonizar el pasado y, con ello logran una mala falsificación del presente.

Acertadamente, Robert afirma que es necesario acabar con lo vernáculo, es decir, "devaluar los patrones culturales heredados, acabar con la posibilidad de subsistir fuera de la economía mercantil, negar el sentido local de la buena vida y hasta subvertir los significados acostumbrados de las palabras" , para el buen funcionamiento de la producción moderna; puesto que, una vez aniquilado lo vernáculo es más fácil hacer dependientes a las personas que pertenecían a una comunidad tradicional, de los bienes y los servicios que ofrece el mercado. Y con ello, además es más sencillo insertar como fuerza de trabajo o mano de obra a aquellos hombres que unos cuantos años antes ni siquiera hablaban de tener un trabajo. La destrucción de lo vernáculo, su desvalorización, es el ingrediente más conveniente para los planes modernos, pues con ello la gente se convierte en población, en energía, en parte de una estadística... Y con tal cosa, ayuda a crear el campo propicio para el funcionamiento de lo que Illich llama la mega-máquina y Polanyi la sociedad económica.

Un axioma constitutivo de este mundo-mercado es a su vez que la productividad -es decir, lo que vimos que Polanyi llamaba economización o maximización- es la norma universal según la cual todo comportamiento particular será o no legitimado. Y ¿cómo medir la productividad?. Con el Producto Nacional Bruto. "El PNB, que condensa esta moral, o esta inmoral, productivista en un solo indicador, es la nueva escala antropológica que conmina a todos los pueblos a adoptar una visión del hombre compatible con la competencia entre los candidatos a los primeros rangos. Con sus nombres mágicos y sus tablas detalladas, los expertos establecerán después la lista de los pocos premiados y de los muchos frustrados." Aunque de antemano ya se sabe que los primeros lugares están asegurados, y sólo es una ridícula y frustrante farsa que alguna vez un pueblo del Sur llegue a competir con uno de los siete privilegiados del mundo.

No obstante, buena parte de nuestros pueblos del Sur se han creído las deslumbrantes y bien elaboradas promesas del desarrollo. Por tanto, parte de ellos se han encargado de abanderar al desarrollo, y en nombre de éste pretenden arrasar con todo aquello que atente contra sus ilusiones de ocupar un buen sitio dentro del gran mercado; si bien han aceptado no estar en el podium de ganadores.

Como ya hemos revisado en esta tesis la actual producción y la manera de producir es bastante contraproductiva. Es decir, la producción moderna lleva implícitos costos muy altos para todos nosotros y con esto nos referimos a situaciones como el desequilibrio ambiental, la pobreza modernizadora, la polarización social... En otras palabras, la producción tal como hoy la conocemos tiene un balance negativo, e incluso "para que el balance de la producción económica parezca positivo se necesita de áreas de regeneración gratuitas, en las cuales ningún costo de reciclaje sea contabilizado. (...) En otras palabras, el mercado occidental parecía producir más bienes que desperdicios mientras tenía como exterior un mundo de subsistencia no mercantilizada que podía absorber sus desperdicios y entregar materias primas baratas. La globalización y la intensificación de la producción moderna vuelven estos espacios cada vez más escasos: no habiendo ya un exterior todos los costos deben ser contabilizados"

La solución al atolladero que representa el modo de producción industrial que ha encontrado la Sociedad para el Estudio de la Entropía es la de reducir la intensidad de producción de mercancías y de servicios en el mundo entero. Bajo la óptica de dicha sociedad es imposible concebir separados los beneficios de la producción de los estragos de la misma; es decir, el crecimiento económico de sus enormes costos.

Desarrollo ha sido la palabra clave en las relaciones entre los Países del Norte y los del Sur desde 1949 cuando Harry Truman pronunció el discurso que ha sido la base de lo que Gustavo Esteva y algunos otros illichianos llaman la era del desarrollo. A partir de ese momento se comenzó a considerar que la diferencia entre los grandes triunfadores norteños y los crédulos sureños ha sido la producción. Desde tal momento la llave mágica para pertenecer al grupo de los desarrollados fue la productividad. "La era del desarrollo se sostuvo en la creencia de que el Sur sólo puede alcanzar el bienestar atando su carro al tren del crecimiento económico del Norte" . Sin embargo, esto es tan falso como amarrar una zanahoria a la oreja de un burro y hacerle creer al burro que en algún momento alcanzará el vegetal.

5.4 La pobreza modernizadora como pérdida de lo vernáculo

"Hasta el presente, toda tentativa de sustituir un valor vernáculo por una mercancía universal ha desembocado, no en la igualdad sino en una modernización jerarquizada de la pobreza. En el nuevo esquema de repartición los pobres no son aquellos que sobreviven gracias a sus actividades vernáculas porque no tienen más que un acceso marginal, o ningún acceso en absoluto, al mercado. No, los pobres modernizados son aquellos cuyo dominio vernáculo, en palabra y en acción, es el más restringido, aquellos que sacian el mínimo de satisfacción de las pocas actividades vernáculas a las que pueden aún entregarse. Iván Illich, Shadow Work

En este apartado vamos abordar la pérdida de la proporcionalidad que existe en las comunidades vernáculas y cómo ello ha influido en la concepción moderna de la pobreza.

Como hemos visto a lo largo de este trabajo las comunidades vernáculas o tradicionales tenían un tamaño proporcional que les permitía mantener un balance dentro de su comunidad. Ya se han mencionado repetidamente las características de dichas comunidades entre las que destacamos para fines de este apartado la autosuficiencia, aunada a todas aquellas que la palabra vernáculo lleva consigo.

La producción de una comunidad vernácula era suficiente para satisfacer los quereres materiales de la misma, salvo en casos extraordinarios como una guerra o una peste. Este tipo de comunidades tenían lo indispensable para subsistir, incluso llegaban a tener excedentes. Sin embargo, la imagen que viene a nuestra mente -bajo la óptica moderna- cuando hablamos de una comunidad tradicional es un grupo de personas de bajos recursos, con un nivel de vida muy bajo, con ello nos referimos a que sus condiciones de vida son precarias y de acuerdo con los cánones modernos no adecuadas para el ser humano.

Pero, generalmente pasamos por alto que la idea de ser humano que se hacen las categorías modernas obedece a la lógica economicista que nos enseña que todos debemos por derecho vivir igual, pues somos homos aequalis.

En la antigüedad era impensable que dos comunidades vivieran de la misma manera, y mucho más difícil pretender que alguna de ellas impusiera su modo de vida a otras. No obstante, hoy en día podemos apreciar que los modos de vida de las personas se pretenden homogéneos. Esto, a pesar, de que sean obvias las diferencias entre todas las sociedades actuales. Las condiciones de vida de México no son las mismas que las de Estados Unidos, o las de Brunei o las de Finlandia, sin embargo, curiosamente se cuantifica el nivel de vida, o en otras palabras el PNB per capita baja los mismos índices.

De tal suerte que, bajo la lógica economicista, si los campesinos mexicanos aran la tierra con una yunta y no con un tractor son considerados pobres; aunque, en la práctica estos campesinos no mueran de hambre. La lógica es la siguiente: como su alimentación no coincide con los índices propuestos por la FAO, entonces son pobres; debido a que sus casas fueron constituidas con adobe, y no con tabique y cemento su vivienda no cumple con los requisitos para ser una casa del mundo desarrollado; como estos pobres campesinos deben caminar debido a que no tienen un automóvil, son considerados subdesarrollados; así podemos citar muchos más ejemplos de como el nivel de vida de los campesinos es visto como sumamente bajo.

Lo que la lógica economicista no entiende es que los campesinos del llamado mundo subdesarrollado trabajan la tierra como sus tradiciones les indican, comen lo que por generaciones han comido, sus casas orgullosamente las hacen ellos, y con toda seguridad el uso de los automóviles sería perjudicial para ellos ya que las distancias que normalmente recorren son relativamente cortas -decimos relativamente, ya que ellos están acostumbrados a usar sus pies; de tal suerte que son cortas para ellos, pero no para nosotros, pues estamos acostumbrados a la comodidad del automóvil.

No obstante, las ideologías economicistas se empeñan en señalar ese modo de vida como marginal; y en considerar a aquellos que lo llevan a cabo como seres necesitados de ayuda para el desarrollo. Todo esto ha contribuido a ocasionar la expansión por el mundo de lo que Illich denomina pérdida de la proporcionalidad.

Pero ¿cómo se pierde proporcionalidad una comunidad vernácula?

La forma en que una comunidad pierde la proporcionalidad, es decir, la forma en que una sociedad pasa de las nociones del bien y del mal para evaluar la acción humana, a las de los del valor y el desvalor, generalmente tiene los siguientes elementos: la incursión del monopolio radical en algunos ámbitos; la creación de escasez; y por último la asunción de escasez.

Para la incursión del monopolio radical se utilizan diversas estrategias. Una de ellas consiste en degradar aquellas cosas que la propia comunidad produce volviendo urgente sustituirlas por cosas producidas de manera industrial .

Como ya vimos, la implantación del monopolio radical en una sociedad, crea y hace asumir escasez. Crea escasez en la medida en que de hecho destruye o cerca los ámbitos de comunidad. Hace asumir escasez, en la medida en que los habitantes de dicha comunidad sienten necesitar aquello que ofrecen los monopolios radicales .

5.5 La medición del bienestar

Para homogeneizar las formas de vida de diferentes pueblos, la lógica economicista utiliza la noción del PNB. Con esta noción las burocracias, los profesionales y la élites, dicen poder medir el retraso o adelanto de un pueblo. Claro está, las nociones retraso y adelanto son creadas a partir de esquemas creados en sociedades económicas.

A fines del siglo XIX algunos economistas intentaron resumir la diferencias entre los países que podían ser considerados prósperos de los que no lo eran, calculando los ingresos y egresos de cada nación, como si ésta fuera un hogar; esta idea es el antecedente del Producto Nacional Bruto, al que finalmente le da forma Keynes en su Teoría General del Empleo, del Interés y del Dinero (1936). Este economista inglés, propuso calcular la suma de los gastos que un país realizaba para adquirir productos finales, es decir los bienes y servicios destinados al consumo. Al resultado de aquella suma, Keynes le denominó producto nacional. La aportación de Keynes sobre el producto nacional fue bien aceptada por la Sociedad de Naciones, la cual para 1939 ya había hecho estimar el producto nacional de 26 países.

"En 1940, Colin Clark hizo una comparación entre los ingresos de diferentes países y las organizaciones internacionales propagaron el nuevo culto a los números. Aunque ciertos estados del Tercer Mundo vivían aún en la edad premoderna y no funcionaban como mercados nacionales fueron también adornados con multitud de estadísticas y todos los atributos de un estado nación".

En 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclama la igualdad de todos los seres humanos. Este universalismo abstracto exigía indicadores de bienestar que fueran aplicables en todas partes. El PNB per capita proporcionaba un conveniente patrón de medida que reclamaba igual pertinencia en todo el mundo.

"El PNB per capita, el indicador básico del nivel de vida, se convirtió en el criterio fundamental para medir el nivel de desarrollo. Gradualmente se estabelcieron niveles de vida, que fluctuaban desde la esperanza de vida al número de doctores por kilómetro cuadrado."

El concepto de nivel de vida puede ser utilizado una vez que las maneras de vivir se hayan uniformado, homogeneizado; una vez que esto sucede -como de hecho a sucedido en muchas parte del mundo- los modos de vida quedan convertidos en niveles de vida.

Pero, en donde la sociedad no es sociedad económica, en donde el homo no obedece a los patrones del homo oeconomicus, es decir, en las comunidades tradicionales y en los grupos de base, podemos decir que hay tantos modos de vida como comunidades.

Sin embargo, los profesionales, ávidos de uniformar a todo el mundo, utilizan sus categorías económicas para el estudio de realidades no económicas. Esto provoca que los análisis oficiales no reflejen la realidad que pretenden medir.

En 1953 la Asociación Internacional para la Investigación sobre el Ingreso y el Bienestar dio a conocer un método, acompañado de detalladas tablas que permitían calcular el Producto Nacional Bruto (PNB) de un país. Fue entonces que el PNB fue definido como la cantidad total de bienes y servicios producidos en cada país durante un año. Es importante hacer mención de que la producción de cada país estaría sujeta a una evaluación, es decir se tomarían en cuenta los precios actuales en el mercado de los bienes y servicios que se hallan producido.

Sin embargo, la idea de reducirlo todo a términos de PNB pronto fue rechazada, aún por algunos miembros de las tecnocracias mundiales.

"Periódicamente, había reacciones contra este reduccionismo abusivo. El Banco mundial, siguiendo al famoso discurso de Robert McNamara en 1973, demandó otros indicadores. El discurso criticó la disparidad creciente del ingreso que, en la mayoría de los países en desarrollo estaba camuflada tras estadísticas que indicaban crecimiento en el ingreso per capita. Invocó la inclusión de otros objetivos además del incremento del PNB, tales como la reducción del desempleo y el incremento del ingreso de los pobres" .

La propuesta de aquellos que consideraban insuficiente el PNB como indicador para el avance o retroceso de un país, pronto fue tomada en cuenta. Pronto los discursos de oficiales comenzaron a contemplar, para medir el progreso de las sociedades, más factores que el PNB. Con ello, los monopolios radicales lograron controlar más aspectos de la vida de millones de personas.

Pero la demanda de McNamara no era novedosa, ya en 1954, un informe de Naciones Unidas proponía 12 posibles parámetros del nivel de vida que podían ser comparables internacionalmente, estos eran:

"(1) Salud, incluyendo condiciones demográficas; (2) alimentación y nutrición; (3) educación, incluyendo alfabetización y destrezas; (4) condiciones de trabajo; (5) situación de empleo; (6) consumo y ahorro agregados; (7) transporte; (8) vivienda, incluyendo equipamiento; (9) vestuario; (10) recreación y entretenimiento; (11) seguridad social y (12) libertad humana" .

La idea de poder medir el avance y el retroceso de diversas sociedades, la idea de homogeneizar los criterios del bienestar de diversas comunidades, tiene fines políticos. La idea del retroceso -o subdesarollo- de algunas sociedades sirve para legitimar la incursión de monopolios en ellas. Los monopolios radicales destruyen -o para decirlo con Polanyi, cercan- los ámbitos de comunidad -las formas vernáculas de convivencia.

Pero, para poder decir que un pueblo es atrasado o adelantado, antes debemos inventar criterios para medir el atraso y adelanto. De aquí la importancia de la homogeneización. Sin ella, los criterios de mesura son inanes o suenan absurdos. Como bien expresa Majid Rahnema en los siguientes párrafos:

"Estábamos al final de nuestro recorrido por gloriosas vecindades tepiteñas. Es asombroso, dijo nuestro amigo norteamericano; es increíble la cultura convivial que han logrado crear aquí; hay que reconocer, sin embargo, que a pesar de todo son todavía muy pobres. No, saltó de inmediato nuestro amigo local; no somos pobres; somos tepiteños.

No era asunto semántico. Estaba planteado el fondo de la cuestión. La idea misma de la pobreza constituye en la actualidad una forma peculiar de imperialismo: bajo su manto se quiere imponer una manera única de vivir y una forma de percibir los predicamentos sociales y de lidiar con ellos.

Nuestro amigo tepiteño no se quedó en la reacción mecánica. No le dijo al gringo: Tú lo serás. Tú eres pobre en tiempo, en ritmo para bailar salsa, en alegría de vivir. A mí me vale ser pobre en las cosas en que tú eres rico. Su respuesta hizo ver que calificar a alguien de pobre implica descalificarlo conforme a un sistema específico de valores, pero no quiso oponer a la maniobra otra escala de valores, la propia, para entrar a un pleito de callejón. Exigió, simplemente, respeto y dignidad -la apertura a un auténtico diálogo entre culturas. No somos pobres, dijo; somos tepiteños.

Los combates a la pobreza seguirán siendo campañas contra los pobres mientras sigan concibiéndose en nombre de nociones universales, que se pretenden científicas, y que sólo son engañifas burocráticas. La pobreza mundial es ya el emblema de una nueva campaña colonizadora: un artificio conceptual que no alude, ni puede aludir, a los destituidos, a 1os despojados, a quienes sufren las privaciones de las diversas formas modernas de la opresión" .

5.6 Actividades vernáculas frente a trabajo fantasma y asalariado

En Trabajo Fantasma leemos que en las sociedades tradicionales no existe algo que sea equivalente al trabajo asalariado, de hecho las personas que tenían que recurrir a la obtención de un salario eran aquellas cuyo hogar no era autosuficiente, eran vistas como miserables, pero nunca pobres.

"La concepción de que trabajar honradamente y conseguir un salario que nos permita satisfacer nuestras necesidades en el mercado es lo bueno, lo correcto, es muy reciente. Dicha concepción empieza a formarse en siglo XVII en la Europa Protestante y en el siglo XVIII en Francia. Es en ese momento que comienzan a ser considerados los vagabundos y holgazanes como pobres; de manera que debían ser transformados de mendigos a hombres útiles, es decir, a trabajadores. Los indigentes del siglo XVIII, así como la mayoría de la gente, se resistían de manera violenta a su conversión hacia seres aptos para el trabajo -entendido éste como una actividad fuera del margen de las actividades de subsistencia- por el cual reciben dinero. Si la oposición mostrada por la gente fue violenta, era porque las maneras mediante las cuales el Estado pretendía convertirlos en hombres útiles no eran precisamente sutiles, al contrario, eran demasiado agresivas; para muestra, basta citar las workhouses. Éstas eran lugares que cumplían la función de curar la pereza y desarrollar la voluntad de cumplir con un trabajo asignado. Fueron fundadas para recibir en ellas a los mendigos que eran arrestados por la policía y curarlos, mediante medidas correctivas como unos días de ayuno, una ración diaria de azotes, entre otras."

A la par del trabajo asalariado surgió el trabajo fantasma. Según Iván Illich el trabajo fantasma es: "el esfuerzo no pagado del consumidor que agrega a una mercancía un valor adicional necesario para hacerla útil a la unidad de consumo en sí."

Con el término de trabajo fantasma Illich se refiere, por una parte, a todas aquellas actividades no remuneradas que realizamos diariamente y gracias a las cuales es posible llevar a cabo el trabajo asalariado. Y por otra parte a esas actividades necesarias para el agregar valor de uso a los bienes.

Para entender mejor cómo es que con el trabajo fantasma hacemos más útiles los bienes que hemos adquirido en el mercado, recurrimos a un ejemplo narrado en El género vernáculo. En este texto Illich nos expone cómo a partir de la existencia del trabajo fantasma, las actividades cotidianas cambian; de hecho se hacen más complejas debido a que tenemos que utilizar demasiados bienes. Por ello, algo tan sencillo como freír un par de huevos es diferente hoy en una sociedad moderna respecto a cómo se hacía en el pasado o aún en la actualidad, pero en comunidades todavía vernáculas. Debido a que aún cuando realicemos la misma actividad, en una sociedad moderna utilizamos mercancías comercializadas y bienes de producción altamente capitalizados. Así nos explicamos que

"Cuando un ama de casa moderna va al mercado, elige los huevos, regresa a casa en automóvil, sube en el elevador al séptimo piso, enciende la estufa, toma mantequilla del refrigerador y finalmente fríe los huevos, agrega valor a la mercancía con cada uno de esos pasos. Esto no es lo que hacía su abuela, que recogía los huevos del gallinero, encendía la leña que sus hijos habían recogido del bosque y agregaba sal que había adquirido" .

Debemos aclarar que cuando hablamos de trabajo fantasma no nos referimos a las actividades vernáculas o de subsistencia. El ejemplo más recurrido para explicar el trabajo fantasma son las labores domésticas, generalmente realizadas por las mujeres, actividades como cocinar, lavar ropa, limpiar la casa, etc. Sin embargo, el trabajo fantasma está en todos lados y lo desempeñamos todos, como tal podemos identificar la compra de víveres, la mayor parte del trabajo que realizamos los estudiantes para aprobar los exámenes, así como todo el proceso de formación de nuevos y próximos trabajadores, la transportación, etc.

El trabajo fantasma sólo es posible en la sociedad económica, debido a que es el complemento necesario del trabajo asalariado. De hecho, en el trabajo fantasma invertimos más tiempo y esfuerzo que en el asalariado. Illich retoma el concepto de trabajo debido a que el término mismo nos indica pérdida de tiempo, además, de que es un término neutro, es decir, carente de género, característica propia de las sociedades económicas .

Illich descubre que el trabajo fantasma, pese a que generalmente es ignorado, es aún más importante que el trabajo asalariado mismo para el funcionamiento de las sociedades económicas. Los obreros no pueden trabajar en las fábricas sino han sido alimentados en casa y si no portan ropa limpia; o aún más, si la madre no le enseña a hablar a su vástago, entonces éste no tendrá oportunidad de convertirse en un ser productivo.

De esta manera estamos hablando del binomio trabajo fantasma + trabajo asalariado = trabajo industrial frente a las actividades vernáculas o de subsistencia.

En las comunidades vernáculas se desempeñan actividades de subsistencia. Como su nombre lo indica, son todas aquellas actividades que permiten que la comunidad subsista, debemos recordar que el tamaño de este tipo de comunidades es proporcional, limitado. Dichas actividades están designadas con base en el género. No así en las sociedades económicas, en donde el trabajo industrial nos indica neutralidad. Por tanto, una supuesta igualdad para desempeñar cualquier trabajo.

El principio de igualdad de la ideología moderna nos lleva a pensar que cualquier individuo puede ser doctor, maestro, albañil, arquitecto, o lo que desee; no importando si se es hombre o mujer.

A partir de dicha ideología Illich habla de una pérdida la de lo vernáculo, lo cual deriva en una serie de relaciones de envidia y competencia bajo el supuesto de igualdad entre todos.

5.7 Pérdida del género como consecuencia de la pérdida de lo vernáculo

Al descubrir Illich que lo vernáculo es socavado por la occidentalización, se percata también de que las relaciones entre hombres y mujeres se modifican. Pero ¿qué determina las relaciones vernáculas entre el hombre y la mujer? Estas relaciones son determinadas por el género.

Illich define al género como:

"una diferenciación en la conducta que es universal en todas las culturas vernáculas. Distingue lugares, tiempos, herramientas, tareas, formas de lenguaje, gestos y percepciones asociados con hombres de los que están asociados con mujeres. Esta asociación constituye el género social porque es específico de una época o un lugar. Le llamo género vernáculo porque tal conjunto de asociaciones es tan peculiar de un pueblo tradicional (en latín, gens) como lo es su habla vernácula.

Utilizo la palabra género de una nueva manera para designar una dualidad tan obvia en el pasado que ni siquiera cabría darle un nombre y que hoy nos es tan distante que a menudo la confundimos con el sexo. Al decir sexo me refiero a una polarización en aquellas características comunes que, a partir de fines del siglo XVIII, se atribuye a todos los seres humanos" .

Con base en lo anterior, Illlich concluye que lo vernáculo siempre tiene género.

Ahora ¿Cómo son las relaciones entre hombre y mujeres en donde el género persiste?

La relación entre los hombres y las mujeres, en las sociedades vernáculas -es decir, con género- pueden ser calificadas como relaciones de complementariedad ambigua:

"La complementariedad entre géneros es tanto asimétrica como ambigua. La asimetría implica una desproporción en el tamaño o valor, en la fuerza o el peso; la ambigüedad no. La asimetría indica una posición relativa; la ambigüedad el hecho de que los dos no embonan de manera congruente (...) Siempre que la ambigüedad constituye las dos entidades que también relaciona, engendra nuevas incongruencias parciales entre hombres y mujeres que constantemente trastornan toda tendencia hacia la jerarquía y la dependencia" .

La relación entre géneros en las sociedades vernáculas suele ser una relación de dominios diferentes. La diferencia que queda instituida en dichas relaciones no conlleva a la dominación ni a la competencia entre géneros, pero si a una exclusión de un género por el otro. Es decir, el dominio femenino queda vetado para los hombres, y el dominio masculino deja al margen a las mujeres.

"Pierre Clastres, quien vivió entre los guayaki, habla de este mundo dividido en la selva del Amazonas. Ahí el dominio de la mujer está organizado alrededor de la canasta que cada una tejió en su primer menstruo, y el mundo del hombre gira en torno al arco. No hay autoridad personal por encima de los dos dominios. La división, que es algo que se experimenta constantemente, engendra la tensión que mantiene unida a la sociedad. Si alguna mujer llega a tocar el arco de un cazador, éste pierde su hombría y se convierte en pané . Sus flechas pierden la puntería, desaparece su potencia sexual, se le excluye de la caza y, si no languidece y muere sin más, vive detrás de las chozas de las mujeres, recolectando comida en una canasta desechada" .

En condiciones especiales, la barrera que se plantea entre los géneros, queda derribada. Cuando esto sucede es porque algún tipo de calamidad envuelve a tal sociedad.

La relación entre géneros que hace que hombres y mujeres se complementen de manera ambigua, es distinta a aquella que surge en las sociedades económicas. Mientras que en las sociedades vernáculas la barrera entre géneros se disuelve en ocasiones extraordinarias, en la modernidad queda disuelta permanentemente. Esto por motivos de funcionamiento de la sociedad económica.

En las sociedades vernáculas los quereres materiales se satisfacen con base en las tradiciones, las posibilidades materiales y los planes de crecimiento y destrucción de la producción. De tal suerte que el mercado es una institución marginal.

Por otra parte, en las sociedades económicas la dependencia al mercado afecta tanto a hombres como a mujeres, es decir, el mercado es neutro -carente de género-. Las mercancías, que sólo pueden adquirirse en el mercado, tienen el papel central en la satisfacción de los quereres materiales, para lo cual es preciso conseguir un patrón que nos vincule con ellas. Este patrón se denomina dinero. Sólo con él podemos adquirir todas las mercancías que son necesarias para vivir. El dinero, la forma de obtenerlo y las mercancías, son neutras y por ello el mercado se convierte en una institución neutra. El dinero es neutro puesto que tanto hombres como mujeres lo requieren para adquirir mercancías. Y, para obtenerlo es necesario que hombres y mujeres se conviertan en un ente sin género llamado fuerza de trabajo.

En pocas palabras, Illich describe cómo es que en las sociedades económicas el género queda en ruinas. Es decir, cómo es que esos dos dominios, el masculino y el femenino, son abatidos por una neutralidad económica. Una vez instituida la sociedad económica, la única diferencia que queda entre hombres y mujeres, es su sexo.

Una vez que el reino del género ha sido roto, ideológicamente hombres y mujeres son iguales. Pero sólo ideológicamente pues en realidad lo moderno no trae consigo la igualdad entre el hombre y la mujer. Tan sólo los inserta en un esquema al que difícilmente se acoplan, el uno como el otro; aunque cabe aclarar que quien se acopla con mayor dificultad a dicho esquema es la mujer .

En estas sociedades que se pretenden igualitaristas, quien lleva la peor parte es la mujer, puesto que una vez que ha perdido el amparo que le proporcionaba el género es desplazada de su dominio vernáculo, ya que los ámbitos que por tradición le correspondían han sido invadidos por los hombres; además es discriminada en el mercado de trabajo y cuando realiza trabajo fantasma.

El mercado de trabajo es discriminatorio. Su discriminación va en contra de la mujer. La discriminación se manifiesta no sólo porque en lo general los salarios son más bajos para las mujeres que para los hombres , sino porque el índice de contrataciones se muestra porcentualmente mucho más favorable para los hombres . Illich descubre que a medida en que el crecimiento económico es cada vez mayor, y que el capitalismo avanza aplastando a lo vernáculo, dicha discriminación se vuelve mayor.

En suma, la concepción del hombre y la mujer como seres neutros -i.e. fuerza de trabajo- y la dependencia al mercado en las sociedades económicas son los principales factores que han contribuido, según Illich, a la desaparición de esa característica esencial de todo lo que es vernáculo, el género.

De la mano de la desaparición del género, desaparece también esa relación proporcional que existe en las sociedades vernáculas, entre hombres y mujeres. De dicha desaparición resultan nuevas relaciones entre hombres y mujeres, mismas que se caracterizan por ser de envidia y competencia.

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