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5. COMPATIBILIDADES IRRACIONALES1
Creo que la crisis contemporánea
de la educación nos obliga más bien a modificar
la idea misma de un aprendizaje públicamente prescrito,
que no los métodos usados para hacerlo cumplir. La proporción
de desertores -especialmente de alumnos de los primeros años
de bachillerato y de maestros primarios- señala que las
bases están pidiendo un enfoque totalmente nuevo. El "practicante
de aula" que estima ser un profesor liberal está
siendo cada vez más atacado por todos lados. El movimiento
pro escuela libre, que confunde disciplina con adoctrinamiento,
le ha adjudicado el papel de elemento destructivo y autoritario.
El tecnólogo educacional demuestra sostenidamente la inferioridad
del profesor para medir y modificar la conducta. Y la administración
escolar para la cual trabaja le obliga a inclinarse ante Summerhill
como ante Skinner, poniendo en evidencia que el aprendizaje obligatorio
no puede ser una empresa liberal. No debe causar asombro que
el índice de maestros desetores esté superando
el de los alumnos.
El compromiso que Estados Unidos ha contraído de educar
obligatoriamente a sus menores se demuestra tan vano como el
pretendido compromiso norteamericano de democratizar obligatoriamente
a los vietnamitas. Las escuelas convencionales obviamente no
pueden hacerlo. El movimiento pro escuela libre seduce a los
educadores no convencionales, pero en definitiva lo hace en apoyo
de la ideología convencional de la escolarización
. Y lo que prometen los tecnólogos de la educación,
a saber, que sus investigaciones y desarrollo -si se les dota
de fondos suficientes- pueden ofrecer alguna especie de solución
final a la resistencia de la juventud contra el aprendizaje obligatorio,
suena tan confiado y demuestra ser tan fatuo como las promesas
hechas por los tecnólogos militares.
Las criticas dirigidas contra el sistema escolar estadunidense
por parte de los conductistas, y las que provienen de la nueva
raza de educadores radicales, parecen diametralmente opuestas.
Los conductistas aplican las investigaciones sobre educación
a la "inducción de instrucción autotélica
mediante paquetes de aprendizaje individualizados". El estilo
conductista choca con la idea de hacer que los jóvenes
ingresen por voluntad propia en unas comunas liberadas que les
invitan a ingresar, las cuales estarían supervisadas por
adultos. Y no obstante, bajo una perspectiva histórica,
ambas no son sino manifestaciones contemporáneas de las
metas, aparentemente contradictorias pero en verdad complementarias,
del sistema escolar público. Desde los comienzos de este
siglo, las escuelas han sido protagonistas del control social
por una parte y de la cooperación libre por la otra, poniéndose
ambos aspectos al servicio del la "buena sociedad"
a la que se concibe como una estructura corporativa altamente
organizada y de suave funcionamiento. Sometidos al impacto de
una urbanización intensa, los niños se convierten
en un recurso natural que han de moldear las escuelas para luego
alimentar la máquina industrial. Las políticas
progresistas y el culto a la eficiencia coincidieron con el crecimiento
de la escuela pública estadunidense.2 La orientación vocacional y la
junior highschool3 fueron dos importantes resultados de
este tipo de conceptos.
Parece, por consiguiente, que el intento de producir cambios
específicos en el comportamiento, que puedan medirse y
de los que pueda responsabilizarse al encargado del proceso,
es sólo el anverso de la medalla, cuyo reverso es la pacificación
de la nueva generación dentro de enclaves especialmente
proyectados que los inducirán a entrar en el sueño
de sus mayores. Estos seres pacificados en sociedad están
bien descritos por Dewey, quien quiere que "hagamos de cada
una de nuestras escuelas una vidad comunitaria en embrión,
activa, con tipos de ocupaciones que reflejen la vida de la sociedad
en pleno, y la impregnen con el espíritu del arte,
de la historia, de la ciencia". Bajo esta perspectiva histórica,
sería un grave error el interpretar la actual controversia
a tres bandas entre el establecimiento escolar, los tecnólogos
de la educación y las escuelas libres como el preludio
de una revolución en la educación. Esta controversia
refleja más bien una etapa de un intento para convertir
a grandes trancos un viejo sueño y convertir finalmente
todo aprendizaje valedero en el resultado de una enseñanza
profesional. La mayoría de las alternativas educacionales
propuestas convergen hacia metas que son inmanentes a la producción.del
hombre cooperativo cuyas necesidades individuales se satisfacen
mediante su especialización en el sistema estadunidense:
están orientadas hacia el mejoramiento de lo que yo llamo
-a falta de una mejor expresión- la sociedad escolarizada.
Incluso los críticos aparentemente radicales del sistema
escolar no están dispuestos a abandonar la idea de que
tienen una obligación para con los jóvenes, especialmente
para con los pobres, la obligación de hacerlos pasar por
un proceso, sea mediante amor o sea mediante odio, para meterlos
en una sociedad que necesita especialización disciplinada
por parte tanto de sus productores como de sus consumidores y
asimismo necesita el pleno compromiso de todos ellos con la ideología
que antepone a todo crecimiento económico.
La disensión enmascara la contradicción inherente
en la idea misma de la escuela. Los sindicatos establecidos de
profesores, los brujos de la tecnología y los movimientos
de liberación escolar refuerzan el compromiso de la sociedad
entera con los axiomas fundamentales de un mundo escolarizado,
más o menos del modo en que muchos movimientos pacifistas
y de protesta refuerzan el compromiso con sus miembros -sean
negros, mujeres, jóvenes o pobres- con la búsqueda
de justicia mediante el crecimiento del ingreso nacional bruto.
Es fácil anotar algunos de los postulados que ahora pasan
inadvertidos a la crítica. En primer lugar está
la creencia compartida de que la conducta que se ha adquirido
ante los ojos de un pedagogo es de especial valor para el alumno
y de especial provecho para la sociedad. Esto será relacionado
con el supuesto de que hombre social nace sólo en la adolescencia,
y que nace adecuadamente sólo si madura la escuela-matriz,
que algunos desean hacer dulce mediante el laissez-faire,
otros quieren llenar de artilugios mecánicos y unos terceros
buscan barnizar con una tradición liberal. Está
finalmente una visión común de la juventud, psicológicamente
romántica y políticamente conservadora. Según
está visión, los cambios de la sociedad deben llevarse
a cabo agobiando a los jóvenes con la responsabilidad
de transformarla -pero sólo después de haber sido
liberados de la escuela en su día. Para una sociedad fundada
en tales postulados es fácil ir creando un sentido de
su responsabilidad respecto de la educación de la nueva
generación, y esto inevitablemente significa que algunos
hombres pueden fijar, especificar y evaluar las metas personales
de otros. En un "párrafo tomado de una enciclopedia
china imaginaria" Jorge Luis Borges trata de evocar el mareo
que debe producir ese intento. Nos dice que los animales están
divididos en las clases: "(a) pertenecientes al Emperador,
(b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas,
(f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación,
(i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados
con el pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera,
(m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen
moscas." Ahora bien, semejante taxonomía no aparece
a menos que alguien estime qeu puede servir para sus fines: en
este caso, supongo, ese alguien era un cobrador de supuestos.
Para él, al menos, esta taxonomía bestiaria tiene
que haber tenido sentido, tal como la taxonomía de objetos
educacionales tiene sentido para los autores científicos.
La visión de los hombres dotados de una lógica
tan inescrutable, y autorizados para evaluar su ganado, debe
haberle producido al campesino un helado sentimiento de impotencia.
Los estudiantes, por motivos parecidos, tienden a sentirse paranoicos
cuando se someten seriamente a un currículum. Inevitablemente
se asustan aún más que mi imaginario campesino
chino, porque están siendo marcados con un signo inescrutable.
Este pasaje de Borges es fascinante, porque ahora evoca la lógica
de la compatibilidad4irracional que hace a las burocracias de Kafka y de Koestler
tan siniestras y no obstante tan evocadoras de la vida contidiana.
La compatibilidad irracional hipnotiza a unos cómplices
que están decidados a una exploración mutuamente
expediente y disciplinada. Es la lógica creada por la
conducta burocrática. Y se convierte en la lógica
de una sociedad que exige que los administradores de sus instituciones
educativas sean considerados públicamente responsables
de la modificación del comportamiento que producen en
sus clientes. Los estudiantes que pueden ser motivados a valorizar
los paquetes educativos que sus profesores les obligan a consumir
son comparables a los campesinos chinos que pueden ajustar sus
rebaños al formulario de impuestos que ofrece Borges.
Durante el transcurso de las dos últimas generaciones
triunfó en algún momento en la cultura norteamericana
un compromiso con la terapia, y vino a considerarse a los profesores
como los terapeutas cuyas recetas todos los hombres necesitan,
si es qeu desean gozar de la libertad y la igualdad con las cuales,
según la Constitución, han nacido
Ahora los profesores-terapeutas siguen adelante al proponer como
paso siguiente el tratamiento educacional vitalicio. El estilo
de este tratamiento está sujeto a discusión: ¿Debiera
adoptar la forma de una asistencia sostenida de los adultos al
aula? ¿O la de éxtasis electrónico? ¿O
de sesiones periódicas de sensibilización? Todos
lo educadores están prontos a conspirar para extender
los muros del aula y agrandarla, con la meta de transformar la
cultura completa en una escuela.
Detrás de la retórica y el alboroto, la controversia
sobre el futuro de la educación que tiene lugar en Estados
Unidos es más conservadora que el debate en otros ámbitos
de la política común. Respecto de las relaciones
exteriores, por lo menos, una minoría organizada nos recuerda
constantemente que el país debe renunciar a su papel como
policía del mundo. Los economistas radicales, y ahora
incluso sus profesores, menos radicales, ponen en duda la conveniencia
del crecimiento conjunto como meta. Hay grupos de presión
para favorecer la medicina preventiva y no la curativa y otros
propugnan la fluidez en vez de la velocidad en el transporte.
Sólo en el ámbito de la educación permanecen
tan dispersas las voces articuladas que piden una desescolarización
radical de la sociedad. Existe una carencia de argumentación
persuasiva y de un liderazgo maduro encaminados a quitar el apoyo
oficial a todas y cada una de las instituciones que tienen por
fin el aprendizaje obligatorio. Por el momento, la desescolarización
radical de la sociedad es todavía una causa sin partido.
Esto sorprende especialmente en un periodo de resistencia creciente,
aunque caótica, a todas las formas de instrucción
planificadas institucionalmente, por parte de los jóvenes
de doce a diecisiete años.
Los innovadores educacionales siguen suponiendo que las instituciones
educativas funcionan como embudos para los programas que ellos
envasan. Para los fines de mi argumento da lo mismo el que estos
embudos tengan la forma de un aula, de un transmisor de TV, o
de una "zona liberada". Es igualmente ajeno al asunto
el si los envases suministrados son ricos o pobres, calientes
o fríos, duros y mensurables (como Matemáticas
III), o imposibles de evaluar (como la sensibilización).
Lo que interesa es que se suponga que la educación es
el resultado de un proceso institucional dirigido por el educador.
Mientras las relaciones continúen siendo aquellas existentes
entre un proveedor y un consumidor, el trabajo de investigación
sobre educación continuará siendo un proceso circular.
Acumulará pruebas científicas en apoyo de la necesidad
de más paquetes educativos y de su despacho más
mortalmente exacto a cada cliente, tal como cierta rama de las
ciencias sociales puede probar la necesidad del despacho de un
mayor tratamiento militar.
Una revolución educacional se apoya en una doble inversión:
una nueva orientación del trabajo de investigación
y una nueva compresión del estilo del estilo educacional
de una contracultura emergente.
La investigación operacional trata ahora de optimizar
la eficiencia de una estructura heredada -un marco de referencia
que jamás se pone en tela de juicio. Este marco referencial
tiene la estructura sintáctica de un embudo para paquetes
de enseñanza. La alternativa respecto del mismo es una
red o trama educacional para el montaje autónomo de recursos
bajo el control personal de cada aprendiz. Esta estructura alternativa
de una institución educacional yace ahora en el punto
ciego conceptual de nuestra investigación operacional.
Si la investigación se enfocara en él, ello constituiría
una auténtica revolución científica.
El punto ciego de los trabajos de investigación en educación
refleja la parcialidad cultural de una sociedad en la que el
crecimiento tecnológico se ha confundido con control tecnocrático.
Para el tecnócrata, el valor de un entorno aumenta conforme
pueda programarse un mayor número de contactos entre un
hombre y su medio ambiente. En este mundo, las elecciones abiertas
para el observardor o el planificador convergen con las elecciones
posibles para el llamado beneficiario en observación.
La libertad se reduce a la elección entre unas mercancías
envasadas.
La contracultura emergente afirma los valores del contenido semántico
por encima de la eficiencia de una sintaxis mayor y más
rígida. Valoriza la riqueza de la connotación por
encima del poder de la sintaxis para producir riquezas. Valoriza
la consecuencia imprevisible de la instrucción profesional.
Esta reorientación hacia la sorpresa personal con referencia
a unos valores proyectados en instituciones perturbará
el orden establecido hasta que podamos separar la creciente disponibilidad
de herramientas tecnológicas que facilitan el encuentro
del creciente control del tecnócrata sobre lo que ocurre
cuando la gente se reúne.
Nuestras actuales instituciones educacionales están al
servicio de las metas del profesor. Las estructuras de relación
que necesitamos son las que permitan a cada hombre definirse
él mismo aprendiendo y contribuyendo al aprendizaje de
otros.
1 Este capítulo
fue presentado originalmente en una sesión de la American
Educational Research Association, en la ciudad de Nueva York,
el 6 de febrero de 1971.
2 Véase Joel Spring, Education
and the Rise of the Corporate State, Cuaderno No. 50, Centro
Intercultural de Documentación, Cuernavaca, México,
1971.
3 Equivalente a los grados primero, segundo
y tercero de secundaria, o a los antiguos tres primeros años
de bachillerato -cuando había seis. (N. del T.)
4 Consistency. Más exactamente,
la condición de no presentar contradicciones interna.
(N. del T.)
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