| W. SACHS (editor), Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder, PRATEC, Perú, 1996 (primera edición en inglés en 1992), 399 pp. |
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Las técnicas y las practicas de la planificación han sido centrales al desarrollo desde sus inicios. Como aplicación del conocimiento científico y técnico al dominio publico, la planificación dio legitimidad a - y alimentó las esperanzas sobre - la empresa del desarrollo. Hablando en términos generales, el concepto de planificación encarna la creencia que el cambio social puede ser manipulado y dirigido, producido a voluntad. Así la idea de que los paises pobres podrían moverse mas o menos fácilmente a lo largo del camino del progreso mediante la planificación ha sido siempre tenida como una verdad indudable, una creencia axiomática que no necesita demostración, por expertos del desarrollo de diferentes layas. Quizás ningún otro concepto ha sido tan insidioso, ninguna otra idea pasó tan indiscutida. Esta aceptación ciega de la planificación es tanto mas notable dados los penetrantes efectos que ha tenido históricamente, no sólo en el Tercer Mundo sino también en Occidente, donde ha estado asociado con procesos fundamentales de dominación y control social. Porque la planificación ha estado inextricablemente ligada al ascenso de la modernidad occidental desde fines del siglo XIII. Las concepciones de la planificación y las rutinas introducidas en el Tercer Mundo durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial son el resultado acumulado de la acción intelectual, económica y política. No hay marcos neutros a través de los cuales la «realidad» se muestra inocentemente. Ellos llevan las marcas de la historia y de la cultura que los produjeron. Cuando se desplegó en el Tercer Mundo, la planificación no sólo portaba esta herencia histórica, sino que contribuyó grandemente a la producción de la configuración socioeconómica y cultural que hoy describimos como subdesarrollo. La Normalización de la Gente en la Europa del Siglo XIX ¿Cómo apareció
la planificación en la experiencia europea? En muy breve
resumen, tres factores fundamentales fueron esenciales en este
proceso que comenzó en el siglo XIX - el desarrollo del
planeamiento de las ciudades como una manera de tratar los problemas
del crecimiento de las ciudades industriales; el ascenso del
planeamiento social y el incremento de la intervención
de profesionales y del Estado en la sociedad en nombre de la
promoción del bienestar del pueblo y la invención
de la economia moderna que cristaliza con la institucionalización
del mercado y la formulación de la economia política
clásica. Estos tres factores, que hoy nos parecen tan
normales, como aspectos naturales de nuestro mundo, tienen una
historia relativamente reciente y hasta precaria. Como los planificadores del Tercer Mundo hoy, la burguesía europea del siglo XIX también tuvo que tratar el problema de la pobreza. El manejo de la pobreza realmente abrió un ámbito completo de intervención que algunos investigadores han llamado lo social. La pobreza, la salud, la educación, la higiene, el desempleo, etc. fueron construidos como «problemas sociales» que a su vez requerían un conocimiento científico detallado sobre la sociedad y su población y el planeamiento social e intervención extensivos en la vida cotidiana. A medida que el Estado emergió como garante del progreso, el objetivo del gobierno devino en el manejo eficiente y la disciplina de la población para asegurar así su bienestar y «buen orden». Se produjo un cuerpo de leyes y reglamentos con la intención de regular las condiciones de trabajo y tratar los accidentes, la vejez, el empleo de las mujeres y la protección y educación de los niños. Las fabricas, las escuelas, los hospitales, las prisiones devinieron en lugares privilegiados para moldear la experiencia y los modos de pensar en términos del orden social. En resumen, el ascenso de lo social hizo posible la creciente socialización de la gente por las normas dominantes así como su inserción en la maquinaria de la producción capitalista. El resultado final de este proceso en el presente es el Estado benefactor y la nueva actividad profesional conocida como trabajo social. Conviene hacer énfasis en dos puntos en relación con este proceso. Primero, que estos cambios no ocurrieron naturalmente, sino que requirieron vastas operaciones ideológicas y materiales y frecuentemente la cruda coerción. La gente no se habituó de buen grado y de propia voluntad al trabajo en la fabrica o a vivir en ciudades abigarradas e inhóspitas; tenía que ser disciplinada en esto Y segundo, que estas mismas operaciones y formas de planificación social han producido sujetos «gobernables». Han moldeado no solamente estructuras sociales e instituciones, sino también la manera en que la gente vivencia la vida y se construye a si misma como sujeto. Pero los expertos en desarrollo han sido ciegos a estos aspectos insidiosos de la planificación en sus propuestas de reproducir en el Tercer Mundo formas similares de planeamiento social. Como decir Foucault, «la 'Ilustración', que descubrió' las libertades, también invento' las disciplinas»2. No se puede mirar el lado luminoso de la planificación, sus logros modernos (si hubiera que aceptarlos), sin ver al mismo tiempo su lado oscuro de dominación. La administración de lo social ha producido sujetos modernos que no son solamente dependientes de los profesionales para sus necesidades, sino que también se ordenan en realidades (ciudades, sistemas de salud y educacionales, economías, etc.) que pueden ser gobernadas por el Estado mediante la planificación. La planificación inevitablemente requiere la normalización y la estandarización de la realidad, lo que a su vez implica la injusticia y la extinción de la diferencia y de la diversidad. El tercer factor en la historia europea que fue de importancia central al desarrollo y éxito de la planificación fue la invención de la «economia». La economia, como la conocemos hoy, ni siquiera existía aun en el siglo XVIII en Europa y mucho menos en otras partes del mundo. La diseminación e institucionalización del mercado, ciertas corrientes filosóficas como el utilitarismo y el individualismo y el nacimiento de la economia política clásica, a finales del siglo XVIII, suministraron los elementos y el cemento para el establecimiento de un dominio independiente, a saber «la economia», aparentemente separada de la moralidad, de la política y de la cultura. Karl Polanyi se refiere a este proceso como «el desgajamiento» de la economia de la sociedad, un proceso que estaba conectado a la consolidación del capitalismo y que suponía la mercantilización de la tierra y del trabajo. Hubieron muchas consecuencias de este desarrollo, ademas de la conversión generalizada de los bienes en mercancías. Otras formas de organización económica, aquellas fundadas en la reciprocidad o la redistribución, por ejemplo, fueron descalificadas y crecientemente marginalizadas. Las actividades de subsistencia llegaron a ser devaluadas o destruidas y se puso en el orden del día una actitud instrumental hacia la naturaleza y la gente, lo que a su vez condujo a formas sin precedentes de explotación de los seres humanos y de la naturaleza. Aunque hoy la mayoría de nosotros da por descontada la moderna economía de mercado, esta noción y la realidad de cómo opera no ha existido siempre. A pesar de su dominancia, aún hoy persisten en muchos lugares del Tercer Mundo sociedades de subsistencia, «economías informales» y formas colectivas de organización económica. En resumen, el periodo 1800-1950 vio la progresiva intromisión de aquellas formas de administración y regulación de la sociedad, del espacio urbano y de la economia que resultarían en el gran edificio de la planificación a comienzos del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Una vez normalizados, regulados y ordenados, los individuos, las sociedades y las economías pueden ser sometidas a la mirada científica y al escalpelo de la ingeniería social del planificador quien, como un cirujano que opera sobre el cuerpo humano, puede entonces intentar producir el tipo deseado de cambio social. Si la ciencia social y la planificación han tenido algún éxito en la predicción y en la manipulación del cambio social, es precisamente porque se ha logrado ya ciertas regularidades económicas, culturales y sociales que otorgan un elemento sistemático y una consistencia con el mundo real a los ensayos de los planificadores. Una vez que se organiza el trabajo de las fabricas y se disciplina a los trabajadores, una vez que se empieza a hacer crecer arboles en las plantaciones, entonces se puede predecir la producción industrial o la producción de madera. En el proceso, también se realiza la explotación de los trabajadores, la degradación de la naturaleza y la eliminación de otras formas de conocimiento - sean las destrezas del artesano o las de quienes viven del bosque. Estas son las clases de procesos que están en juego en el Tercer Mundo cuando la planificación es introducida como la técnica central del desarrollo. En breve, la planificación redefine la vida social y económica de acuerdo con los criterios de racionalidad, eficiencia y moralidad que son concordantes con la historia y las necesidades de la sociedad capitalista, industrial, pero no con las del Tercer Mundo. El Desmantelamiento y la Reconstitución de las Sociedades La planificación científica llegó a su madurez durante los años 20 y 30 cuando emergió a partir de origenes mas bien heterogéneos - la movilización de la producción nacional durante la Primera Guerra Mundial, la planificación soviética, el movimiento de la administración científica en los Estados Unidos y la política económica keynesiana. Las técnicas de planificación fueron refinadas durante la Segunda Guerra Mundial y el periodo inmediatamente posterior. Fue durante este periodo y en conexión con la guerra que se difundieron la investigación de operaciones, el análisis de sistemas, la ingeniería humana y la visión de la planificación como «acción social racional». Cuando la era del desarrollo en el Tercer Mundo apareció, a fines de los años 40, el sueno de diseñar la sociedad mediante la planificación encontró un suelo aún mas fértil. En América Latina y Asia, la creación de una «sociedad en desarrollo» entendida como una civilización basada en la ciudad, caracterizada por el crecimiento, la estabilidad política y crecientes niveles de vida, se convirtió en un objetivo explicito y se diseñaron ambiciosos planes para lograrlo con la ansiosa asistencia de las organizaciones internacionales y de expertos del mundo «desarrollo» Para planificar en el Tercer Mundo, sin embargo, era necesario establecer ciertas condiciones estructurales y conductuales, usualmente a expensas de los conceptos de acción y cambio social existentes en la gente. Frente al imperativo de la «sociedad moderna», la planificación involucraba la superación o erradicación de las «tradiciones», «obstáculos» e «irracionalidades», es decir, la modificación general de las estructuras humanas y sociales existentes y su reemplazo por nuevas estructuras racionales. Dada la naturaleza del orden económico de la posguerra, esto equivalía a crear las condiciones para la producción y la reproducción capitalistas. Las teorías del crecimiento económico que dominaban el desarrollo en ese tiempo, proporcionaban la orientación teórica para la creación del nuevo orden y los planes de desarrollo nacional, los medios para lograrlo. La primera «misión» - nótese sus insinuaciones misioneras cristianas - enviada por el Banco Mundial a un país «subdesarrollado» en 1949, por ejemplo, tenía como propósito la formulación de un «programa global de desarrollo» para el país en cuestión, Colombia. Compuesta por expertos en muchos campos, la misión consideró que su tarea era «convocar a un programa global e internamente consistente... Solo mediante un ataque generalizado en toda la economia, la educación, la salud, la construcción de viviendas, la alimentación y la productividad, puede quebrarse decisivamente el circulo vicioso de la pobreza, la ignorancia, la mala salud y la baja producción». Ademas, estaba claro para la misión que: No podemos escapar a la conclusión que la confianza en las fuerzas naturales no ha producido los resultados mas felices. Es igualmente inevitable la conclusión que con el conocimiento de los hechos y los procesos económicos subyacentes, buen planeamiento en establecer objetivos y asignar recursos y determinación para realizar un programa para la mejora y las reformas, se puede hacer mucho para mejorar el entorno económico dando forma a políticas económicas que cumplan científicamente determinados requerimientos sociales... Al hacer ese esfuerzo, Colombia no solo lograría su propia salvación sino que al mismo tiempo daría un ejemplo alentador a todas las otras áreas subdesarrolladas del mundo 3 Que el desarrollo trata de la «salvación» - nuevamente los ecos de la misión civilizatoria colonial - emerge claramente de la mayor parte de la literatura de la época. Los paises de América Latina, Asia y Africa eran vistos como si «confiaran en fuerzas naturales» que no habían producido los «resultados mas felices». Es innecesario decir que toda la historia del colonialismo queda borrada por esta forma discursiva de narrarla. Lo que se enfatiza mas bien es la introducción de los paises pobres al mundo «iluminado» de la ciencia y de la economia moderna occidentales, mientras las condiciones existentes en esos paises son construidas como caracterizadas por un «circulo vicioso» de «pobreza», «ignorancia» y términos semejantes. La ciencia y la planificación, por otra parte, son vistos como neutrales, deseables y universalmente aplicables, mientras, en verdad, se estaba transfiriendo una experiencia civilizatoria entera y una particular racionalidad al Tercer Mundo mediante el proceso del «desarrollo». El Tercer Mundo así entró a la conciencia occidental posterior a la Segunda Guerra Mundial como la materia prima técnica y socialmente apropiada para la planificación. Naturalmente, esta condición dependía, y aun depende, de un neocolonialismo extractivo. Epistemológica y politicamente el Tercer Mundo es construido como un objeto natural técnico que debe ser normalizado y moldeado mediante la planificación para satisfacer las características «científicamente verificadas» de una «sociedad de desarrollo» Para fines de los años 50, la mayoría de los paises del Tercer Mundo estaban ya comprometidos en actividades de planificación. Al lanzar la primera «Década del Desarrollo» a comienzos de los años 60, las Naciones Unidas podían declarar que: El terreno ha sido despejado para una consideración no doctrinaria de los problemas reales del desarrollo, a saber, ahorro, entrenamiento y planificación y para actuar sobre ellos. En particular, las ventajas de tratar con los diversos problemas sin fragmentarlos, sino con un enfoque global mediante una solida planificación del desarrollo, se hizo mas completamente visible... La cuidadosa planificación del desarrollo puede ser un potente medio para movilizar... recursos latentes para la solución racional de los problemas involucrados 4 Del mismo optimismo - y simultáneamente de la misma ceguera hacia las actitudes etnocéntrica y parroquiales de los planificadores - se hizo eco la Alianza para el Progreso. En palabras del Presidente Kennedy: El mundo es muy diferente ahora. Pues el hombre (sic) tiene en sus manos mortales el poder de abolir todas las formas de pobreza humana y todas las formas de vida humana... A aquellos pueblos en las chozas y en las aldeas de la mitad del planeta que luchan por romper las trabas de la miseria masiva... les ofrecemos una promesa especial - convertir nuestras buenas palabras en buenas acciones en una nueva alianza para el progreso - para ayudar a los hombres libres y a los gobiernos libres a despojarse de las cadenas de la pobreza 5 . Afirmaciones como éstas reducen la vida en el Tercer Mundo simplemente a condiciones de «miseria», pasando por alto sus ricas tradiciones, sus valores y estilos de vida diferentes así como sus logros históricos. A los ojos de los planificadores y desarrolladores, las moradas de la gente aparecían nada mas que como «chozas» miserables y sus vidas - muchas veces, especialmente en este momento temprano de la era del desarrollo, aun caracterizadas por la subsistencia y la autosuficiencia - como marcadas por una «pobreza» inaceptable. En breve, son vistos como no mas que materia prima en necesidad urgente de ser transformada por la planificación. No es necesario tener ideas románticas sobre la tradición para darse cuenta que lo que para los economistas eran signos indudables de pobreza y atraso, para la gente del Tercer Mundo eran frecuentemente componentes integrales de sistemas sociales y culturales viables, enraizados en relaciones sociales y sistemas de conocimiento diferentes, no modernos. Estos sistemas fueron precisamente blanco de ataque, primero por el colonialismo y luego por el desarrollo, aunque no sin mucha resistencia entonces como ahora. Aun concepciones alternativas del cambio económico y social sostenidas por académicos y activistas del Tercer Mundo en los años 40 y 50 siendo la mas notable la del Mahatma Gandhi, pero también, por ejemplo, las de ciertos socialistas en América Latina - fueron desplazadas por la imposición forzosa de la planificación y del desarrollo. Para los desarrolladores, lo que estaba en juego era la transición de una «sociedad tradicional» a una «cultura económica», es decir, al desarrollo de un tipo de sociedad cuyos objetivos estaban conectados a una racionalidad orientada hacia el futuro y científica objetiva y realizada mediante el dominio de ciertas técnicas. Los planificadores creían que «en la medida en que cada uno haga bien su parte, el sistema estaba libre de fallas; el Estado planearía, la economia produciría, y los trabajadores se concentrarían en sus agendas privadas: criar familias, enriquecerse y consumir todo lo que desbordara del cuerno de la abundancia 6 A medida que las élites del Tercer Mundo se apropiaban del ideal del progreso - en la forma de la construcción de una nación próspera, moderna, mediante el desarrollo económico y la planificación; a medida que conceptos alternativos sobrevivientes del cambio y de la acción social llegaron a ser cada vez mas marginalizados; y finalmente, a medida que los sistemas sociales tradicionales se fueron trastornando y las condiciones de vida de la mayoría de las gentes empeoraron, el dominio de la planificación se hizo cada vez mayor. Las élites y, muy frecuentemente, las contra-élites radicales, encontraron en la planificación una herramienta para el cambio social que a sus ojos era no solamente indispensable, sino irrefutable debido a su naturaleza científica. La historia del desarrollo en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial es, en muchos sentidos, la historia de la institucionalización y el despliegue cada vez mas penetrante de la planificación. El proceso fue facilitado una y otra vez por «estrategias» de desarrollo sucesivas. Del énfasis en el crecimiento y la planificación nacional en los años 50, hasta la Revolución Verde y la planificación sectorial y regional de los años 60 y 70, incluyendo las «Necesidades Básicas» y la planificación a nivel local en los años 70 y 80, hasta la planificación del medio ambiente para el «desarrollo sustentable» y la planificación para «incorporar» a las mujeres o a las bases en el desarrollo, de los años 80, el alcance y las desmesuradas ambiciones de la planificación no han dejado de crecer. Quizás ningún otro concepto ha servido tan bien para reformular y diseminar la planificación como el de la estrategia de las Necesidades Humanas Básicas. Reconociendo que los objetivos de reducir la pobreza y asegurar un nivel de vida decente para la mayoría de la población estaban «tan distantes como siempre», los teóricos del desarrollo - siempre listos para encontrar aun otra artimaña que podían presentar como un «nuevo» paradigma o estrategia acunaron esta noción con el propósito de proveer «un marco de referencia coherente que pueda acomodar los crecientemente refinados conjuntos de objetivos de desarrollo que han evolucionado en los últimos treinta años y pueda sistemáticamente relacionar estos objetivos con diversos tipos de políticas»7, incluyendo al crecimiento. Los puntos clave de intervención eran la educación primaria, la salud, la nutrición, la vivienda, la planificación familiar y el desarrollo rural. La mayoría de las intervenciones mismas fueron dirigidas al hogar. Como en el caso de la representación de «lo social» en la Europa del siglo XIX, en que la propia sociedad se convirtió en el primer objetivo de una intervención estatal sistemática, las practicas de la salud, la educación, los cultivos y la reproducción de las gentes del Tercer Mundo devinieron en el objeto de un vasto abanico de programas introducidos en nombre del incremento del «capital humano» de estos paises y del aseguramiento de un nivel mínimo de bienestar para sus habitantes. Una vez mas, los limites epistemológicos y políticos de esta clase de enfoque «racional» - orientada a la modificación de las condiciones de vida e inevitablemente marcada por las características de clase, raza, género, cultura- resultó en la construcción de un monocromo artificialmente homogéneo, el «Tercer Mundo», una entidad que fue siempre deficitaria en relación con Occidente, y por tanto necesitada siempre de proyectos imperialistas de progreso y desarrollo. El desarrollo rural y los programas de salud durante los años 70 y 80 pueden ser citados como ejemplos de este tipo de Biopolitica. Ellos revelan también los mecanismos arbitrarios y las falacias de la planificación. El famoso discurso de Nairobi de Robert McNamara, pronunciado en 1973 ante la Junta de Gobernadores del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, lanzó la era de los programas «orientados a la pobreza» en el desarrollo, que se transformó en el enfoque de las Necesidades Humanas Básicas. Central a esta concepción eran los así llamados planificación nacional de la alimentación y la nutrición y el desarrollo rural integrado. La mayoría de estos esquemas fueron diseñados, a comienzos de los años 70, en un puñado de universidades norteamericanas y británicas, en el Banco Mundial y en las agencias técnicas de las Naciones Unidas, e implementados en muchos paises del Tercer Mundo, desde mediados de los 70 hasta fines de los 80. Se consideró necesario la planificación global de la alimentación y la nutrición, dada la magnitud y complejidad de los problemas de desnutrición y hambre. Típicamente, un plan nacional de alimentación y nutrición incluía proyectos en atención primaria de la salud, educación nutricional y complementación de alimentos, huertos escolares y familiares, la promoción de la producción y el consumo de alimentos ricos en proteínas y un desarrollo rural integrado. Este ultimo componente contemplaba medidas para incrementar la producción de cultivos alimenticios por pequeños agricultores mediante el suministro de crédito, asistencia técnica e insumos agrícolas, e infraestructura básica. ¿Como definía el Banco Mundial el desarrollo rural integrado? «El desarrollo rural», dictaba la política del Banco
Mundial: Que la mayoría de la gente en el «sector moderno», es decir los que viven en condiciones marginales en las ciudades, no gozaban de los «beneficios del desarrollo» no se les ocurrió a estos expertos. Los campesinos -ese «grupo especifico de gente» que es en realidad la mayoría del Tercer Mundo - son vistos en términos puramente económicos, no como quienes tratan de hacer viable un sistema de vida completo. Que su «tasa de transferencia a ocupaciones mas rentables» tenía que ser acelerada, de otra parte, asume que sus vidas no son satisfactorias - al fin y al cabo, ellos viven en «aislamiento tradicional», aun si están rodeados de sus comunidades y de aquellos a quienes aman. El enfoque también considera a los campesinos como aptos para desplazarse como si fueran ganado o bienes. Como su fuerza de trabajo debía ser «movilizada», ellos seguramente deben haber estado sentados en ocio (los cultivos de subsistencia no incluyen «fuerza de trabajo» desde este punto de vista), o quizás haciendo demasiados hijos. Todos estos recursos retóricos que reflejan las percepciones «normales» del planificador contribuyen a oscurecer el hecho que es precisamente el aumento de la integración de los campesinos en una economia moderna lo que esta en la raíz de muchos de sus problemas. Aun mas fundamentalmente, estas afirmaciones, que se traducen en realidades mediante la planificación, reproducen el mundo tal como los desarrolladores lo conocen un mundo compuesto de producción y mercados, de sectores «tradicional» y «moderno» o desarrollado y subdesarrollado, de la necesidad de ayuda e inversiones por multinacionales, de capitalismo versus comunismo, del progreso material como felicidad, y así sucesivamente. Aquí tenemos un ejemplo de primera del nexo entre la representación y el poder y de la violencia de modos de representación aparentemente neutros. En breve, la planificación asegura un funcionamiento del poder que se basa en - y ayuda a - producir un tipo de realidad que no es ciertamente la del campesino, mientras las culturas y luchas campesinas se hacen invisibles. En realidad los campesinos han sido hechos irrelevantes aun para sus propias comunidades rurales. En su discurso del desarrollo rural, el Banco Mundial representa las vidas de los campesinos de manera tal que la conciencia de la mediación y de la historia inevitablemente implicadas en esta construcción es excluida de la conciencia de sus economistas y de la de muchos actores importantes - los planificadores, los lectores occidentales, las élites del Tercer Mundo, los científicos, etc. Esta narración particular de la planificación y del desarrollo, profundamente arraigada en la economia política y en el orden cultural en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, deviene esencial a esos actores. Realmente deviene un elemento importante en su construcción insular como un «nosotros» desarrollado, moderno, civilizado, el «nosotros» del hombre occidental. En esta narración también, los campesinos, y en general la gente del Tercer Mundo, aparecen como los hitos de referencia, semi-humanos, semi-cultivados, contra los cuales el mundo euro-americano mide sus propios logros. El Conocimiento como Poder Como sistema de representaciones, la planificación depende así de hacer olvidar a la gente los origenes de su mediación histórica. Esta invisibilidad de la historia y de la mediación se logra mediante una serie de practicas particulares. La planificación se apoya en, y procede mediante, varias practicas consideradas racionales u objetivas, pero que son en realidad altamente ideológicas y políticas. Ante todo, como en otros dominios del desarrollo, el conocimiento producido en el Primer Mundo sobre el Tercer Mundo da una cierta visibilidad a realidades especificas en este ultimo, haciéndolas por tanto objetivos del poder. Programas como el desarrollo rural integrado deben ser vistos bajo esta luz. Mediante estos programas, «pequeños agricultores», «campesinos sin tierra» y sus semejantes logran una cierta visibilidad, aunque solamente como un «problema» del desarrollo, que hace de ellos el objeto de intervenciones burocráticas, poderosas y hasta violentas. Y hay otros importantes mecanismos de planificación ocultos o no problematizados; por ejemplo, la demarcación de nuevos campos y su asignación a expertos, algunas veces hasta la creación de una nueva sub-disciplina (como la planificación de la alimentación y la nutrición). Estas operaciones no Sólo asumen la existencia previa de «compartimentos» discretos, tales como «salud», «agricultura» y «economia» - que en verdad no son mas que ficciones creadas por los científicos - sino que imponen esta fragmentación a culturas que no vivencian la vida de la misma manera compartimentalizada. Y, naturalmente, los estados, las instituciones dominantes y las corrientes oficiales de opinión son reforzadas de paso a medida que el dominio de sus acciones se multiplica inevitablemente. Practicas institucionales como la planificación e implementación de proyectos, por otra parte, da la impresión que la política es el resultado de actos discretos, racionales y no el proceso de conciliar intereses en conflicto, un proceso en que se hacen elecciones, se efectúan exclusiones y se imponen visiones del mundo. Hay una aparente neutralidad en la identificación de la gente como «problemas», hasta que uno se da cuenta en primer lugar, que esta definición del «problema» ha sido ya armada en Washington o en alguna capital del Tercer Mundo y segundo, que los problemas se presentan de tal manera que tiene que aceptarse algún tipo de programa de desarrollo como la solución legitima. Los discursos profesionales proveen las categorías en términos de las cuales pueden identificarse y analizarse los «hechos». Este efecto es reforzado mediante el uso de etiquetas, tales como «pequeños agricultores» o «mujeres embarazadas», que reducen la vida de una persona a un aspecto singular y la convierten en un «caso» que debe ser tratado o reformado. El uso de etiquetas permite también a los expertos y élites desconectar explicaciones del «problema» de si mismos como los no pobres y atribuirlos puramente a factores internos a los pobres. Inevitablemente, las vidas de los pueblos en el nivel local son trascendidas y objetivadas cuando son traducidas a las categorías profesionales usadas por las instituciones. En breve, las realidades locales llegan a quedar grandemente determinadas por estas practicas institucionales no locales, que por tanto deben ser vistas como inherentemente políticas. Los resultados de este tipo de planificación han sido, en su mayor parte, nocivas tanto para la gente como para las economías del Tercer Mundo. En el caso del desarrollo rural, por ejemplo, el resultado ha sido visto por los expertos en términos de dos posibilidades: «(a) el pequeño productor puede estar en condiciones de tecnificar su proceso productivo, lo que implica su conversión en empresario agrario y (b) el pequeño productor no esta preparado para asumir tal nivel de competitividad, en cuyo caso sera desplazado del mercado y hasta quizá enteramente de la producción en esa área.»9 En otras palabras, «produces (para el mercado) o pereces». Aun en términos de la producción incrementada, los programas de desarrollo rural han tenido resultados dudosos en el mejor de los casos. Mucho del aumento de la producción de alimentos en el Tercer Mundo ha tenido lugar en el sector capitalista comercial, mientras que buena parte del incremento ha sido hecho en cultivos comerciales o de exportación. De hecho, como se ha mostrado ampliamente, los programas de desarrollo rural y la planificación del desarrollo en general han contribuido no solamente a la creciente pauperización de los pobladores rurales, sino también a agravar los problemas de mal nutrición y hambre. Los planificadores pensaron que las economías agrícolas del Tercer Mundo podrían ser mecánicamente reestructuradas para parecerse a la agricultura «modernizada» de los Estados Unidos, pasando por alto completamente no Sólo los deseos y las aspiraciones de los pueblos, sino la dinámica total de la economia, la cultura y la sociedad que circunscriben las practicas agrícolas en el Tercer Mundo. Este tipo de administración de la vida devino realmente en un teatro de la muerte (mas notablemente en el caso de la hambruna africana), cuando la producción aumentada de alimentos resultó, por un giro perverso, en mas hambre. El impacto de muchos programas de desarrollo ha sido particularmente negativo sobre las mujeres y los pueblos indígenas, cuando los proyectos de desarrollo se apropian y destruyen sus bases de sostenimiento y supervivencia. Históricamente el discurso occidental se ha rehusado a reconocer el papel productivo y creativo de la mujer y este rechazo ha contribuido a propagar divisiones del trabajo que mantienen a las mujeres en posiciones de subordinación. Para los planificadores y economistas, la mujer no era «económicamente activa» hasta hace poco tiempo, a pesar del hecho que una gran parte del alimento consumido en el Tercer Mundo es cultivado por mujeres. Ademas, las posiciones económica y de género de las mujeres se deterioraron frecuentemente en los años 70 como resultado de la participación en programas de desarrollo rural de los hombres cabezas de familia. No sorprende que las mujeres se hayan opuesto mucho mas activamente que los hombres a estos programas de desarrollo. Con los «paquetes tecnológicos», la especialización en la producción de ciertos cultivos, la disposición rígida de los campos, las rutinas pre-ordenadas de cultivo, la producción para el mercado, etc., estos programas contrastan radicalmente con las maneras de cultivar mas ecológicas y variadas de los campesinos, defendidas por las mujeres en muchos lugares del Tercer Mundo en que la producción para la subsistencia y para el mercado son cuidadosamente equilibrados. Desgraciadamente, la tendencia reciente hacia la incorporación de la mujer en el desarrollo ha dado por resultado, en su mayor parte, que sean colocadas en la mira para lo que en todos los otros aspectos se mantienen como programas convencionales. «Las categorías del grupo objetivo son construidas para fomentar los procedimientos de las agencias de desarrollo para organizar, administrar, regular, enumerar y gobernar las vidas de mujeres comunes»10. De esta manera la clientela de la industria del desarrollo ha sido convenientemente duplicada por este cambio en la representación. Otra instancia reciente e importante del desarrollo planificado son los esquemas de industrialización en las llamadas zonas de libre comercio en el Tercer Mundo, donde las corporaciones multinacionales son recibidas en muy favorables condiciones (por ejemplo con liberación de impuestos, seguridades de fuerza de trabajo barato y dócil y un clima político «estable», niveles mas permisivos de polución, etc.). Como todas las otras formas de planificación, estos proyectos de industrialización involucran mucho mas que una transformación económica y en una escala cada vez mayor. Lo que esta en juego aquí es la rápida transformación de la sociedad y la cultura rurales al mundo de la disciplina fabril y a la sociedad (occidental) moderna. Traídas a los paises del Tercer Mundo en nombre del desarrollo, y activamente promovidas y mediadas por los Estados del Tercer Mundo, las zonas de libre comercio representan un microcosmos en el que se juntan las familias, las aldeas, las tradiciones, las fabricas modernas, los gobiernos y la economia mundial en una relación desigual de conocimiento y poder. No es accidental que la mayoría de trabajadores en estas nuevas fabricas sean mujeres jóvenes. Las industrias electrónicas en el Sudeste Asiático, por ejemplo, se basan fuertemente en formas de subordinación de género. La producción de jóvenes trabajadoras fabriles como «cuerpos dóciles» mediante formas sistemáticas de disciplina en la fabrica y fuera de ella, no pasan, sin embargo, sin resistencia, como Aihwa Ong muestra en su excelente estudio de las trabajadoras fabriles de Malasia. Las formas de resistencia de las mujeres en la fabrica (destrucción de microchips, posesión espiritual, reducción de velocidad en el trabajo, etc.) pueden verse como expresiones de protesta contra la disciplina laboral y el control masculino en la nueva situación industrial. Ademas, esto nos recuerda que, si es verdad que «nuevas formas de dominación son crecientemente incorporadas en las relaciones sociales de la ciencia y la tecnolog fa que organizan los sistemas de conocimiento y de producción», es igualmente cierto que «las voces divergentes y las practicas innovadoras de los pueblos sometidos quiebran tales reconstrucciones culturales de sociedades no occidentales.»11 El Conocimiento en la Oposición Las criticas feministas del desarrollo y los críticos del desarrollo como discurso han comenzado a sumar fuerzas, precisamente mediante el examen de la dinámica de la dominación, la creatividad y la resistencia que circunscriben el desarrollo. Esta prometedora tendencia es mas visible en un tipo de activismo y teorización de base que es sensible al rol del conocimiento, de la cultura y del género en el mantenimiento de la empresa del desarrollo y, recíprocamente, en la generación de practicas mas pluralistas e igualitarias. A medida que las conexiones entre el desarrollo, que articula el Estado y las ganancias, el patriarcado y la ciencia y la tecnología objetivantes, de una parte, y la marginalización de las vidas y el conocimiento de los pueblos, de la otra, resultan mas evidentes, la búsqueda de alternativas se profundiza también. Las ideas imaginarias del desarrollo y de la «igualación» con Occidente pierden su atractivo a medida que la violencia y las crisis recurrentes -económicas, ecológicas y políticas - devienen en el orden del día. En resumen, el intento de los Estados de establecer sistemas totalizadores de ingeniería socioeconómica y cultural mediante el desarrollo esta ingresando a un callejón sin salida. Se están creando o reconstituyendo practicas y nuevos espacios para pensar y actuar, mas notablemente en las bases, en el vacio dejado por la crisis de los mecanismos colonizadores del desarrollo. Hablando sobre movimientos ecológicos en India, muchos de ellos fueron iniciados por mujeres en la base. Vandana Shiva, por ejemplo, ve el proceso emergente como: una redefinicion del crecimiento y la productividad como categorías ligadas a la producción, no a la destrucción, de la vida. Es así simultáneamente un proyecto político, ecológico y feminista que legitima las maneras de conocer y de ser que crea riqueza promoviendo la vida y la diversidad y que deslegitima el conocimiento y la practica de una cultura de la muerte como base de la acumulación de capital... Contemporáneamente, las mujeres del Tercer Mundo, cuyas mentes no han sido aun desposeídas o colonizadas, están en una posición privilegiada para hacer visibles las categorías opuestas, invisibles, de las que ellas son custodias. 12 No es necesario imputar a las mujeres del Tercer Mundo, a los pueblos indígenas, a los campesinos, y otros, una pureza que no tienen, para darse cuenta que formas importantes de resistencia a la colonización de su mundo vital, han sido mantenidas y aun criadas entre ellos. Y no se necesita ser excesivamente optimista sobre el potencial de los movimientos de base para transformar el orden del desarrollo, para visualizar la promesa que estos movimientos contienen - y el reto que plantean crecientemente a los convencionales enfoques de arriba abajo, centralizados y hasta a aquellas estrategias aparentemente descentralizadas, participatorias, que están en su mayor parte engranadas con fines económicos. (La planificación «participatoria» o de nivel local, en realidad, es mas frecuentemente concebida no en términos de un poder popular que la gente pueda ejercer, sino como un problema burocrático que la institución del desarrollo debe resolver). El argumento de Shiva de que muchos grupos de gente del Tercer Mundo, especialmente mujeres campesinas y pueblos indígenas, poseen' conocimientos y practicas opuestas a aquellas que definen el nexo dominante entre ciencia reduccionista, patriarcado, violencia y ganancias formas de relacionar a la gente, el conocimiento y la naturaleza que son menos explotadoras y reificantes, mas localizadas, descentralizadas y en armonía con el ecosistema - es acogida por observadores en muchas partes del mundo. Estas formas alternativas que no son ni tradicionales ni modernas, suministran la base para un proceso lento pero constante de construcción de maneras diferentes de pensar y de actuar, de concebir el cambio social, de organizar las economías y las sociedades, de vivir y curar. Así, la racionalidad occidental tiene que abrirse a la pluralidad de formas de conocimiento y concepciones de cambio que existen en el mundo y reconocer que el conocimiento científico objetivo, desapegado, es sólo una forma posible entre muchas. Esto puede entreverse de una antropología de la Razón que mire críticamente los discursos y practicas básicos de las sociedades occidentales modernas y que descubra en la Razón y en sus practicas esenciales - tales como la planificación -, no verdades universales sino mas bien maneras de ser muy especificas, si bien algo extrañas o por lo menos peculiares. Esto también implica para aquellos que están trabajando dentro de la tradición occidental, reconocer sin pasar por alto el contenido cultural de la ciencia y la tecnología - que: (1) La producción de teoría universal, totalizaste, es un error mayúsculo que no capta la mayor parte de la realidad, posiblemente siempre, pero ciertamente ahora; (2) asumir responsabilidad de las relaciones sociales de la ciencia y la tecnología significa rechazar una metafísica anti-cientffica, una demonología de la tecnología y de esta forma significa abarcar la diestra tarea de reconstruir las fronteras de la vida diaria, en conexión parcial con otros, en comunicación con todas nuestras partes. 13 Como hemos visto, la planificación ha sido uno de aquellos universales totalizantes. Mientras el cambio social ha sido probablemente siempre parte de la experiencia humana, fue solamente dentro de la modernidad europea que la «sociedad», es decir toda la manera de vivir de un pueblo, fue abierta al análisis empírico y fue hecha objeto del cambio planeado. Y mientras las comunidades del Tercer Mundo pueden encontrar que hay una necesidad de alguna clase de cambio social organizado o dirigido - en parte para revertir los daños causados por el desarrollo - esto indudablemente no tomara la forma de «diseñó de la vida o de ingeniería social. En el largo plazo, esto significa que categorías y significados tienen que ser redefinidos; mediante su practica política innovadora, los nuevos movimientos sociales de varias clases están ya embarcados en este proceso de redefinir lo social y el conocimiento mismo. Las practicas que aun sobreviven en el Tercer Mundo a pesar del desarrollo, entonces, señalan el camino para moverse mas allá del cambio social y, en el largo plazo, entrar en una era poseconómica de posdesarrollo. En el proceso, la pluralidad de significados y practicas que constituyen la historia humana se hará nuevamente visible, mientras que la planificación misma ira perdiendo interés. Referencias 1. M. McLeod, «'Architecture or Revolution': Taylorism, Democracy, and Social Change» ('Arquitectura o Revolución': Taylorismo, Democracia y Cambio Social), Art Journal, Verano 1983, pp. 132-47. 2. M. Foucault, Discipline and Punish (Disciplinar y Castigar), New York: Pantheon Books, 1979, p 222. 3. Intemational Bank for Reconstruction and Development, The Basis of a Development Program for Colombia (La Base de un Programa de Desarrollo para Colombia), Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1950, pp. xv y 615. 4. United Nations, Dept. of Economic and Social Affairs, The United Nations Development Decade: Proposals for Action (La Década del Desarrollo de las Naciones Unidas: Propuestas para la Acción), Nueva York: Naciones Unidas, 1962, pp. 2,10. 5. Discurso Inaugural, Enero 20, 1961. 6. J. Friedman, Venezuela: From Doctrine to Dialogue (Venezuela: De la Doctrina al Dialogo), Syracuse: Syracuse University Press, 1965, pp. 8, 9. 7. M.J. Crosswell, «Basic Human Needs: A Development Planning Approach» (Necesidades Humanas Básicas: Un Enfoque de Planeación del Desarrollo), en D.M. Leipziger y P. Streeten (eds), Basic Needs and Development (Necesidades Básicas y Desarrollo), Cambridge, Mass: Oelgeschlager, Gunn y Hain Publishers Inc.,1981, p.2. 8. The World Bank, Assault on World Poverty (Asalto a la Pobreza Mundial), Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1975, pp. 90,91, 16. 9. Departamento Nacional de Planeación de Colombia, Programa de Desarrollo Rural Integrado, El Subsector de Pequeña Producción y el Programa DRI, Bogotá: DNP, Julio 1979, p. 47. 10. A. Mueller, «Power and Naming in the Development Institution: The 'Discovery' of 'Women in Peru'» (Poder y Nombre en la Institución del Desarrollo: El «Descubrimiento» de las «Mujeres en el Peru»), presentado en la 14 Conferencia Anual sobre el Tercer Mundo, Chicago, Abril 1987, p. 4. 11. A. Ong, Spirits of Resistance and Capitalist Discipline (Espíritus de Resistencia y Disciplina Capitalista), Albany, Nueva York: SUNY Press, 1987, p.221. 12. V. Shiva, Staying Alive: Women, Ecology and Development (Mantenerse Vivas: Mujeres, Ecología y Desarrollo), Londres: Zed Books, 1989, pp. 13-46. 13. D. Haraway, « 'A Manifesto for Cyborgs': Science, Technology, and Socialist Feminism in the 1980s» ('Un Manifiesto para Ciborgs': Ciencia, Tecnología y Feminismo Socialista en los 80, Socialist Review, 15 (2), 1985, p. 100. Bibliografía El libro de Edward Said, Orientalism (Orientalismo), Nueva York: Vintage Books, 1979, constituye aun el punto de partida para examinar las representaciones europeas o euroamericanas de pueblos no occidentales. La orientación general para la critica discursiva de las representaciones es aportada por Foucault, especialmente en The History of Sexuality (La Historia de la Sexualidad), Vol. I, Nueva York: Vintage Books, 1980, y Power/Knowledge (Poder/Conocimiento), Nueva York: Pantheon Books, 1981. Estas obras proveen el marco general para analizar el desarrollo como discurso, es decir como una forma occidental de descripción social. Extensiones de estas obras en conexión con el desarrollo son 1. Gendzier, Managing Political Change: Social Scientists and the Third World (La Administración del Cambio Político: Científicos Sociales y el Tercer Mundo), Boulder: Westview Press, 1985; P. Morandé, Cultura y Modernizacion en América Latina, Santiago: Pontificia Universidad Cató1ica de Chile, 1984; V Y. Mudimbe, The Invention of Africa (La Invención del Africa), Bloomington: Indiana University Press,1988; y A. Escobar, «Power and Visibility: Development and the Invention and Management of the Third World» (Poder y Visibilidad: Desarrollo y la Invención y Administración del Tercer Mundo), Cultural Anthropology, 3(4) Noviembre 1988. Sobre los origenes de la planificación urbana, véase L. Benévolo, History of Modern Architecture (Historia de la Arquitectura Moderna), Cambridge: MIT Press, 1971; y F. Choay, The Modern City: Planning in the Nineteenth Century (La Ciudad Moderna: La planificación en el Siglo XIX), Nueva York: George Bazillier, 1969. El ascenso de lo social es documentado en J. Donzelot, The Policing of Families (La Supervisión de las Familias), Nueva York: Pantheon Books, 1979, y L'lnvention du Social (La Invención de lo Social), Paris: Fayard, 1984. 1. Illich discute la Profesionalizacion de las necesidades en Towarda History of Needs (Hacia una Historia de las Necesidades), Berkeley: Heyday Books, 1977. Mas recientemente, P. Rabinow ha abordado la administración del espacio y la normalización de la población en el contexto de Nor-Africa Colonial Francesa en Erench Modern: Norms and Forms of the Social Environment (Francés Moderno: Normas y Formas del Entorno Social), Cambridge: MIT Press,1989. El papel de las bio-políticas y las narraciones de la ciencia en la articulación de la naturaleza, el género y la cultura es examinada por D. Haraway, Primate Visions: Gender, Race, and Nature in the World of Modern Science (Visiones Primates: Género, Raza y Naturaleza en el Mundo de la Ciencia Moderna), Nueva York: Routledge, 1989. Los dos libros mas penetrantes sobre los origenes de la economia moderna, por otra parte, son K. Polanyi, The Great Transformation (La Gran Transformación), Boston: Beacon Press, 1957 y L. Dumont, From Mandeville to Marx: The Genesis and Triumph of Economic Ideology (De Mandeville a Marx: La Génesis y el Triunfo de la Ideología Económica), Chicago: The University of Chicago Press, 1977. Quizá la visión mas global de la planificación, tanto retrospectiva como prospectiva, es la de J.Friedmann, Planning in the Public Domain (La Planificación en el Dominio Publico), Princeton: Princeton University Press,1987. El análisis critico de las practicas institucionales ha sido iniciado por D. Smith, The Everyday World as Problematic: A Feminist Sociology (El Mundo Cotidiano como Problemática: Una Sociología Feminista), Boston: Northeastern University Press,1987, y ampliado por A. Mueller en su disertación doctoral, The Bureaucratization of Development Knowledge: The Case of Women in Development (La Burocratización del Conocimiento del Desarrollo: El Caso de Mujeres en el Desarrollo), Ontario Institute for Studies in Education, University of Toronto, 1987. E. J. Clay y B. B. Schaffer suministran un análisis exhaustivo de las practicas «ocultas» de la planificación del desarrollo en Room for Manoeuvre: An Exploration of Public Policy Planning in Agriculture and Rural Development (Espacio de Maniobra: Una Exploración de la Planificación de la Política Publica en Agricultura y Desarrollo Rural), Rutherford: Fairleigh Dickinson University Press, 1984, mientras G. Wood enfoca la atención sobre la relación entre rótulos y poder en su articulo, «The Politics of Development Policy Labelling» (La Política del Rotulado de la Política del Desarrollo), Development and Change, Vol. 16, 1985. A. Ong of rece una visión compleja de las multiples practicas y efectos del desarrollo como biopoliticas en Spirits of Resistance and Capitalist Discipline: Factory Women in Malaysia, Albany: SUNY Press, 1987. Un penetrante tratamiento general sobre las practicas de dominación y resistencia es el de M. de Certau The Practice of Everyday Life (La Practica de la Vida Cotidiana), Berkeley: University of California Press,1984. Elementos importantes para redefinir el desarrollo, especialmente desde el punto de vista de las alternativas de las bases, se encuentran en D. L. Shet, «Alternative Development as Political Practice» (Desarrollo Alternativo como Practica Política),Alternatives, XII (2), 1987; V. Shiva, Staying Alive: Women, Ecology and Development (Mantenerse Vivas: Mujeres, Ecología y Desarrollo), Londres: Zed Books, 1989; O. Fals Borda, Knowledge and People's Power (Conocimiento y Poder Popular), Delhi: Indian Social Institute, 1988; R. Kothari, «Masses, Classes, and the State» (Masas, Clases y Estado), Alternatives, Xl (2), 1986; A. Nandy, The Intimate Enemy (El Enemigo Intimo), Bombay: Oxford University Press, y Traditions, Tyranny and Utopias (Tradiciones, Tiranía y Utopias), Delhi: Oxford University Press,1987; G. Esteva, «Regenerating People's Space» (Regenerando Espacios Populares), Alternatives, XXI (1); y M. Rahnema, «A New Variety of AIDS and Its Pathogens: Homo Economicus, Development and Aid» (Una Nueva Variedad de SIDA y sus Patógenes: Homo Economicus, Desarrollo y Ayuda), Alternatives, Xlll (1), 1988. Se explora el papel de los movimientos sociales en la articulación de visiones alternativas del cambio social y político en A. Escobar y S. Alvarez (ed.), New Social Movements in Latin America: Identity, Strategy, and Democracy (Nuevos Movimientos Sociales en América Latina: Identidad, Estrategia y Democracia), Boulder: Westview Press,1991.
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