| W. SACHS (editor), Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder, PRATEC, Perú, 1996 (primera edición en inglés en 1992), 399 pp. |
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Para el propósito de este ensayo, tomo el discurso del desarrollo desde 1949 como el contexto dentro del cual discutimos el concepto de población. Hacerlo es una tarea difícil pues para la mayoría de la gente el término parece hoy denotar una entidad natural, una cuestión sobre la que puede hacerse afirmaciones neutrales, un objeto abierto al control y a la administración humanos. Investigaré la situación epistemológica de este «objeto» en los enunciados de política publica, así como comentaré las nuevas connotaciones que el término ha adquirido en el inglés ordinario, por ejemplo en las controversias publicas sobre el control de la natalidad, la condición de la mujer y la ecología. En el inglés ordinario el término «población» evoca imágenes de una explosión, principalmente de la gente no educada del Tercer Mundo, en paises que no pueden pagar sus deudas. Población también evoca la noción de presión que empuja a las gentes mas allá de sus fronteras y dentro de campamentos. Población evoca ira por la procreación irresponsable, la insuficiente financiación de los programas de control de la natalidad y contra la Iglesia Católica por oponerse a la contracepción y al aborto. Las feministas subrayan que la población continuara siendo un problema mientras no se vea su origen, a saber la exclusión de la mujer de los procesos de desarrollo. En cuanto a los ecologistas, ellos conectan población con la «capacidad de carga» del planeta. En general, el uso del término crecientemente evoca la alarma simbolizada por su componente mas comun, la «superpoblación». Los estudiantes de la escuela secundaria aprenden en sus libros de geografía que la «explosión de la población» es un resultado del desarrollo. En la secuela del desarrollo vinieron vacunas, antibióticos, sanidad mejorada y mejor nutrición. Estos fueron aceptados mas rápidamente que los condones, las espirales, la píldora o la esterilización, especialmente por las gentes no blancas. La palabra población ha llegado a evocar algo amenazador, algo que proyecta una sombra sobre el futuro y algo que en las latitudes septentrionales luce amarillo o marrón. Estas connotaciones emocionales, cargadas de valor y frecuentemente paranoicas, obviamente están ausentes cuando aparecen fórmulas abstractas como «Sea P = población» en los algoritmos de los estadísticos o demógrafos. Sin embargo, tan pronto como sus datos son transferidos del contexto de la ciencia pura e insertados en los modelos de los hacedores de políticas, «P» adquiere vida propia. «P» deja de representar simplemente una clase de entidades arbitrariamente elegidas. «P» ahora se refiere a la capacidad de contabilizar personas reales y «sea P = Población» amalgama al Niño enfermo, la mujer embarazada y hasta a los encuestadores de censos en el sujeto de una oración cuyo predicado atribuye a «población» la semblanza de la realidad. Las «poblaciones» crecen, consumen, contaminan, necesitan, demandan, tienen derechos. Las «poblaciones» devienen objetos sobre los cuales se puede actuar, objetos que pueden ser controlados, desarrollados, limitados. Nuestro tema es, en consecuencia, esta pseudo entidad, cómo se ha transformado durante estos 40 años del discurso del desarrollo, así como las realidades sociales engendradas por su uso. El mal uso de la población por la estadística y la demografía injustificada, sin embargo, no son tema de mi estudio. Mas bien quiero describir cómo el uso del término «población» ha llegado a ser una herramienta para lo que equivale a la exterminación verbal de los pueblos. Como la gente se convirtió en población «Población» exige un análisis histórico distinto de «desarrollo». Desarrollo es un término acunado dentro del discurso sobre el progreso cuando, luego de la Segunda Guerra Mundial, el cambio social fue redefinido como la tarea de una nueva organización multiprofesional de expertos. Población, en cambio, era en ese momento un término bien establecido en el discurso político pero que a partir de este momento comenzó a cambiar su significado profundamente. El Oxford English Dictionary (OED) de Gilbert Murray documentó el estado de la lengua inglesa a comienzos del Siglo XX. La entrada población consistia de media columna. Mucho de ella estaba ocupada por el sustantivo de acción, bien conocido por ejemplo en la Declaración de la Independencia Norteamericana, en que el Rey de Inglaterra «se ha empenado en evitar la poblacion [el poblamientol de estos Estados...». Población [poblamiento] era todavia un sustantivo verbal: Inglaterra queria evitar la población de la Colonia, es decir la acción generativa, arraigada, de gente de carne y hueso. El OED de 1889 informa también sobre la emergencia de otro significado, en este caso técnico. Según Malthus (1798), «la población crece en razón geométrica, la subsistencia en razón aritmética». En este sentido el término aparece como parte del inglés ordinario cuando Macaulay en 1849, por ejemplo, declara que: «la población de Inglaterra en 1685 no podía ser verificada con exactitud». Una generación después, Mendel se refiere descaradamente a las «poblaciones» rosadas y azules de frijoles. El nomen actionis original se desvanece a medida que población en los siguientes cien años de discurso político designa una entidad, un agente o un demandante. Esta transición tiene lugar contra el telón de fondo de la evolución de una nueva rama de la matemática. La subsiguiente y mas reciente mutación en el significado de población en la era del desarrollo y de la teoría de sistemas, no puede ser comprendida sin primero captar la relación entre el concepto y los inicios de la estadística. No fue la toma de censos, sino los primeros intentos de hacer aritmética política en el Siglo XVII el antecedente de la estadística. William Petty, influenciado por Hobbes que hablaba more geométrico sobre la sociedad, concibió la idea de cuantificar a la sociedad. «En lugar de usar solamente palabras comparativas y superlativas, y argumentos intelectuales, he seguido el camino... de expresarme en términos de Numero, Peso y Medida»' 1. Al hacerlo trataba de crear una Aritmética Política (Londres, 1690). Quería continuar el intento de Bacon de trazar un paralelismo entre el «cuerpo natural» y el «cuerpo político». Trataba de demostrar que la riqueza y el poder del Estado dependen del numero y carácter de sus sujetos. Sin embargo aun después que el primer censo de los tiempos modernos fue tomado en Irlanda en 1703, la aritmética política no trató de calcular datos sino de razonar sobre ellos. Aun para Peter Suessmilch, quien argüía muy al comienzo sobre la importancia de la enumeración como base de la burocracia gubernamental, la estadística continuó siendo una ciencia especulativa. La transición del razonamiento general sobre datos numéricos recolectados de los registros parroquiales a su tratamiento matemático es un evento que tuvo lugar casi instantáneamente alrededor de 1800. Para la aritmética política del siglo XVIII, el razonamiento cuantitativo había sido un mero agregado a la observación. Ahora el tratamiento matemático de los datos se convirtió en la base de nueva teoría y de nuevos conceptos. En esta transición nació un nuevo lenguaje, creado para observar a la gente en contextos cuantitativos. Este nuevo concepto hizo posible descubrir verdades generales sobre los fenómenos de masa aun si la causa de cada acción particular era desconocida y permanecía inaccesible. A las poblaciones les eran atribuidas formas de «comportamiento» explicadas ahora por «probabilidad». La estadística se convirtió en el nuevo «latín» de todas las ciencias modernas y el término «población» perdió su conexión con la gente de carne y hueso. En el Suplemento del OED, publicado 80 años después de la primera edición, la referencia a población presenta una lista de dos columnas de nuevos significados. Es claro que la palabra que había sido derivada originalmente de populare, «poblar», no Sólo había perdido su uso activo sino que en la mayoría de los contextos no teñía ya nada que ver con la gente. Ahora se refiere a una totalidad de objetos que pueden ser tanto bolitas como gente. Se refiere a una comunidad reproductiva cuyos individuos se encuentran y se emparejan con una probabilidad definida. Puede referirse tanto a mosquitos como a seres humanos. En la física se refiere a partículas que existen en un determinado estado energético. En astronomía las estrellas ricas en metales en el centro de las galaxias forman una población distinta que las estrellas en conglomerados globulares. Los especialistas en penales y profesionales análogos distinguen la población de sus clientes entre los presos y los que están libres bajo palabra. Y, en una cuarta y completamente nueva sección, el Suplemento del OED enumera población -censo, -control, -ciclo, -crecimiento, -distribución, -encuesta, explosión, -planeamiento, -política, -presión, -tendencia, y aún otras palabras para funciones y factores estudiados y supuestamente administrados. Todas estas nuevas palabras compuestas aparecen hoy frecuentemente en los diarios. El término población es un primer ejemplo de lo que Uwe Porkse llama el acriollamiento del lenguaje por el pseudo lenguaje de la estadística 2. El término con que ahora estamos ensillados es resultado de esta colonización que tuvo lugar en tres etapas. En la primera etapa, alrededor del cambio de siglo pasado, la estadística se convirtió en una disciplina autónoma dentro de la matemática. Su terminología rigurosa devino en extraña al discurso ordinario. Entre los fundadores de la estadística matemática están los demógrafos que querían crear una herramienta mediante la cual podían dar una interpretación política a la teoría de la evolución de Darwin. Se puede argüir que este compromiso político de los demógrafos fue uno de los medios que condujo al mundo científico, físicos y biólogos, a familiarizarse con el uso de números agregados y valores medios para estudiar objetos inherentemente independientes y variables, pero colectivamente previsibles. En la segunda etapa, la estadística se convirtió en lingua franca. Sus hipótesis fueron integradas tanto en la física como en la biología y la sociología. Los libros de texto que ensenan a los estudiantes las aplicaciones del método estadístico subrepticiamente tienden a inculcar la idea de que los procedimientos y variables que aprenden a manipular son, de alguna manera, datos naturales. Aprenden, por ejemplo, a construir gráficas que correlacionan tamaños de población con variables tales como estado nutricional, PNB y dotación genética. Aprenden a manipular estas variables y gradualmente llegan a creer que la gente puede ser administrada de la misma manera que se pueden controlar las variables dependientes. Sólo entonces, en una tercera etapa, los conceptos estadísticos acriollaron el inglés ordinario. El recuadro del editor mas que los libros de texto es el dispositivo típico por el cual las historias de los reporteros sobre hambrunas, epidemias o discriminación, se transforman en representaciones rapidamente visualizables de números agregados. En una pagina, una revista muestra a una mujer rodeada por sus siete hijos hambrientos. En la siguiente pagina tres recuadros proveen una interpretación visual del texto del autor. Hay cuadros de barras, «tortas» y gráficos que comparan la contracepción en los Estados Unidos y en Nigeria, la nutrición y las tasas de aborto. Muchos de los conceptos clave del discurso del desarrollo son madera flotante estadística, como población. Son inmigrantes en el discurso ordinario que llegan del lenguaje de la estadística, algoritmos que son usados fuera de su contexto original. Son utilizados para generar la semejanza de un referente que puede ser solamente una pseudo realidad, pero al mismo tiempo da la impresión de algo muy importante y obvio y que el hombre común y corriente no puede comprender sin una explicación hecha por expertos. El crecimiento del «PNB», por ejemplo, tanto como su alternativa, el «valor de uso agregado real», sugieren al lego una medida de la riqueza y simultáneamente exige una interpretación profesional. Entre estas palabras «amebas», elásticas, la población tiene un estatuto especial. No hace agregados de cosas sino de personas. No reduce cosas a dólares, sino personas a entidades inanimadas que pueden ser administradas como clases sin carácter que se reproducen, contaminan, producen o consumen y que, por el bien común, demandan control. Control de la natalidad para el desarrollo Entre 1950 y 1990 se puede distinguir tres períodos en cada uno de los cuales la referencia a poblaciones aniquila aún mas completamente la consideración de la gente de carne y hueso. En el primero, diez años después del mensaje del Punto Cuarto de Truman (junio de 1949), el término población continúa hacendase en las declaraciones de política como el equivalente de una colectividad social concreta. Designa a los habitantes de un país, de una región o de un continente. Las declaraciones designan a las poblaciones como los beneficiarios del desarrollo económico, técnico o aún cultural, por el que son afectados pero de los cuales, como sujetos, ellos permanecen distintos. El control de la población no se menciona aún como un objetivo de política pública. Aún durante el segundo periodo, los años 60, cuando aparece por primera vez el control de la población en los discursos de los ministros y jefes de estado, la población es aún tratada como uno de los factores externos en el calculo del desarrollo, un dato como los ríos o el subsuelo del país. Sólo en la tercera etapa, hacia mediados de los 70, el crecimiento de la población llega a ser señalado como uno entre muchos procesos interrelacionados. La población entonces empieza a ser tratada como un factor endógeno al «sistema» en desarrollo. Durante los años 60 la política de los Estados Unidos dio un giro de 180 grados. En diciembre de 1959 el Presidente Dwight Eisenhower declaraba: «el control de la natalidad no es nuestro negocio. No puedo imaginar un tema que no sea mas enfáticamente una actividad o función o responsabilidad propiamente política o gubernamental». Sólo diez años después, en julio de 1969, el Presidente Nixon emitió el Primer Mensaje Presidencial sobre la Población. Después de haber discutido el crecimiento de la población en los Estados Unidos y en el mundo y la necesidad de la planificación familiar, declaró que: «Esta Administración acepta una clara responsabilidad de proveer un liderazgo esencial». Otros cinco años después y el liderazgo se había transformado en un mandato manifiesto. George Bush, el entonces representante norteamericano ante las Naciones Unidas, declaró en 1973 que: «Hoy, el problema de la población ya no es un asunto privado... exige la atención de los líderes nacionales e internacionales»3. La política de Eisenhower de no intervención en lo referente al control de la natalidad fue seguido por el compromiso de Nixon con la planificación familiar y luego con la preocupación de Bush por el problema de la población. Este notable cambio en la política
de los Estados Unidos puede ser explicado por lo menos parcialmente
por una filantropía privada inusualmente efectiva. En
1952 John D. Rockefeller III estableció el Consejo de
Población con una importante donación personal.
Esta agencia - desde 1982 una ONG - sirvió desde su mismo
comienzo como un foro y grupo de presión para demógrafos
activistas comprometidos con la redefinicion de los objetivos
de la contracepción en una época de crecimiento
explosivo de la población. Los fabianistas, los social
demócratas, la Liga de Margaret Sanger y las agencias
de salud publica desde los años 20 se habían organizado
para motivar a las mujeres a la utilización del control
de la natalidad en interés de su propia salud y del bienestar
de sus familias. El nuevo grupo de presión insistió
durante los años 50 que la motivación privada debía
ser movilizada en servicio nada menos que de la supervivencia
del mundo. Dado el desarrollo y la consiguiente rápida
reducción en la mortalidad infantil y puerperal, las publicaciones
del Consejo de Población argüían que la «superpoblación»
estaba ya minando el logro de los objetivos de desarrollo. Mas
aun, el crecimiento explosivo de la población amenazaba
a los paises subdesarrollados con niveles de hambruna, enfermedades
y desórdenes violentos, antes desconocidos. De allí
en adelante, el control de la natalidad había de ser visto
como el único medio deseable para alcanzar un objetivo
recién A fines de la década del 50, por primera vez llegó a percibirse a la «superpoblación» como una amenaza inminente. La velocidad de crecimiento de la población fue una sorpresa aun para Frank Notestein, una de las grandes figuras de la demografía moderna. Al término de la Segunda Guerra Mundial, este profesor de Princeton había previsto una población mundial de tres mil millones de habitantes para el año 2000. En realidad, la marca de los tres mil millones fue sobrepasada en 1960. En 1964, en una conferencia a la Asociación para el Avance de la Ciencia de Ceilán, Notestein reconoció que no podía evitarse una duplicación adicional para fines de este siglo 4. La modernización reduce la tasa de mortalidad mucho antes de reducir la tasa de natalidad. Como resultado, el desarrollo puede acrecentar el PNB y al mismo tiempo reducir el PNB per capita. Mientras que, con 1968 como base, la población estadounidense se duplicarla en 63 años, la de Gran Bretaña en 140 años, la de Austria en 175 años, el tiempo de duplicación para Kenia y Turquía era de 24 años, para Filipinas y México 20 años, para El Salvador 19. Lo que es mas, aun si en un periodo de 15 años la tasa de natalidad de Egipto o México pudiera ser reducida a la mitad, un numero suficiente de niñas ya nacidas en el ínterin habrían alcanzado la edad fértil y aseguraría una duplicación adicional de la población en los siguientes 30 años. Aun a pesar de una extraordinaria disminución del numero promedio de hijos por mujer, la población continuaría creciendo. Se decía que la población tenía un momentum que se sumaba al problema de controlarla. Los «subdesarrollados» - definidos sólo recientemente por el discurso del desarrollo como una clase distinta de poblaciones - fueron a partir de entonces percibidos como superando en fecundidad al norte y al mismo tiempo frustrando su propio desarrollo. En los años 50 los demógrafos estaban aun en los margenes del discurso del desarrollo. Luego los políticos descubrieron la «potencialmente importante contribución al desarrollo de un cambio inducido en el comportamiento demográfico»5. Los demógrafos fueron reconocidos como expertos y la demografía adquirió la condición de una técnica al servicio del desarrollo. La reducción en la tasa de crecimiento poblacional se veía ahora como una condición para el éxito de las inversiones en el desarrollo. Altas tasas de crecimiento poblacional creaban desempleo mas rapidamente que puestos de trabajo, incrementaban el numero de bocas por alimentar mas rapidamente que la productividad de los arrozales, de invasores mas rapidamente que personas instaladas en casas modernas, de excremento mas rapidamente que desagües construidos. Una población que crece mas rapidamente que la producción de bienes y servicios modernos, no sólo frustra los objetivos del desarrollo; mina la credibilidad de las promesas hechas en nombre del desarrollo y la voluntad política para pagar el precio del progreso. Cuando los demógrafos se reunieron por primera vez conjuntamente con los otros expertos de desarrollo, era aún muy común un supuesto que ahora parece increíble. Los hacedores de políticas hablaban como si grandes proporciones de una población rapidamente creciente estuviera inclinada a reducir el numero de sus hijos, pero que sólo les faltaba el conocimiento de cómo hacerlo. La primera generación de demógrafos confiadamente hizo predicciones sobre el numero de «aceptantes de contraceptivos ofrecidos» y proyectaban los «costos netos de nacimientos evitados». En 1964 el Presidente Johnson respaldó la temeridad de sus consejeros en población. En el vigésimo aniversario de celebración de las Naciones Unidas, sostuvo que cada 5 dólares gastados en el control de la población equivalía a 100 dólares invertidos en el crecimiento económico (al costo estimado de 5 dólares por «nacimiento evitado»). En su siguiente mensaje sobre el Estado de la Unión, prometió «buscar nuevas maneras de utilizar nuestro conocimiento para ayudar a manejar la explosión de la población mundial»6. En 1966 Martin Luther King aceptó el Premio Margaret Sanger en Derechos Humanos. Es notable que, a diferencia del Presidente que había utilizado el lenguaje económico, este líder negro norteamericano utilizó el lenguaje médico para discutir la población: «A diferencia de las plagas de la Edad Media o de las enfermedades contemporáneas que aun no entendemos, la moderna plaga de la superpoblación es soluble por medios que hemos descubierto y con recursos que poseemos». A comienzos del siglo XX los condones habían sido asociados con la defensa individual contra los niños no deseados o contra la sífilis en la búsqueda del placer personal. A fines de los 60 y comienzos de los 70 ellos connotaban una defensa pública contra una nueva epidemia llamada explosión de la población. El objetivo de la relación sexual sin consecuencias en las naciones pobres adquirió la condición de una medida de salud pública. La popularización de la «P» algorítmica para la Población ahora aparecía en los medios de comunicación como el espectro de la superpoblación. El grupo de presión sobre la población ayudó a definir el comportamiento sexual como una cuestión de política pública. Esto, a su vez, condujo a la creación de una organización bien financiada cuya tarea consistía en generar un cambio mundial en el comportamiento sexual. En 1958 Suecia se convirtió en el primer gobierno en proporcionar asistencia internacional para el control de la población, primero en Sri Lanka y luego en Pakistán. El programa de ayuda, sin embargo, era llamado aún recatadamente «asistencia para el planeamiento familiar». En 1966 la Asamblea General de las Naciones Unidas alcanzó un consenso sobre la «asistencia poblacional». Este nombre también evitaba el control y la limitación. A partir de entonces llegó a ser un titulo eufemistico para todos los fondos internacionales dedicados a los condones, dispositivos intrauterinos, la píldora y los tubos de Karman, así como a los departamentos de demografía de las universidades norteamericanas, a las burocracias internacionales y a las reuniones locales en talleres. El apoyo total oficial para la «asistencia poblacional» entre 1961 y 1979 creció de 96 a 455 millones de dólares anuales. La «asistencia poblacional» como porcentaje de la asistencia total subió de 0.1% (cuando la ayuda total era 5 mil millones de dólares por año) a 1.7% en 1979 (tiempo para el cual la asistencia para el desarrollo había alcanzado los 26 mil millones de dólares) 7. A comienzos de los años 60 la mayor parte de los paises asiáticos grandes y varios paises de América Latina montaron programas de planificación familiar modernos, en gran escala, financiados con impuestos. Bajo la égida del control poblacional y en nombre del planeamiento familiar, la promoción de la contracepción devino en un verdadero sector de crecimiento, suministrando puestos de trabajo e ingresos a semiprofesionales y organizadores legos a nivel local que tenían que intentar inducir la aceptación popular de los contraceptivos distribuidos, como espuma, píldoras y preservativos. La mayoría de los empleados en este nuevo sector de alcance mundial eran pobres y mujeres, mientras la mayor parte de los fondos para la asistencia internacional fueron a los burócratas, expertos e investigadores farmacéuticos. Los demógrafos activistas no solamente ayudaron a divulgar la importancia política de la dinámica poblacional y a definir políticas de población positivas y aun agresivas, en paises como India y Egipto, tanto como en los EE.UU; ahora proporcionaban el liderazgo en un Programa Mundial fuertemente financiado. En los años 90, dos décadas después de la discusión pública de los efectos colaterales no deseados del uso en gran escala de las píldoras anticonceptivas, no es fácil recordar cuan recientemente los DIU y la píldora llegaron al mercado. En su discurso de 1964, Notestein pudo aún decir: «todos ustedes han escuchado, estoy seguro, que ciertas píldoras esteroides, si se toman todos los días... infaliblemente evitan el embarazo...(y que) existe evidencia acumulativa que los nuevos dispositivos intrauterinos plásticos son virtualmente contraceptivos ideales»8. Escasamente 5 años después la promesa parecía un hecho indisputable. En 1969 Gunnar Myrdal, dio por descontada la eficacia de los nuevos métodos y urgió a los gobiernos «a hacer a millones de parejas individuales cambiar su más íntima conducta sexual»9. Durante los años 70 incluso la sabiduría convencional consideraba el tamaño de la población técnicamente manejable. La opinión experta de los antropólogos sociales, sin embargo, había ido mas allá de esta ingenuidad ya a fines de los años 50. Los resultados de sus investigaciones contradecían los supuestos subyacentes de los nuevos programas de población, a saber que: «en los paises en desarrollo los individuos ya están motivados a limitar los nacimientos pero no disponen de medios para hacerlo. Cuando se provean estos medios, la población elegida los usar y controlara de esta manera su fertilidad La mejor manera de proveer tales medios es mediante un programa en gran escala de planeamiento familiar voluntario» 10. Los estudios de campo mostraban que los contraceptivos - aun en caso de que fueran aceptados por el cliente - simplemente no funcionaban a menos que cambiaran las profundamente arraigadas percepciones tradicionales de la fertilidad. Tal cambio usualmente implicaría y requeriría una transformación en la experiencia y el significado del amor y del placer, en el significado cultural de la femineidad, las actitudes hacia el cuerpo femenino y en el contexto en el cual tienen lugar los actos privados. Y estos cambios, de acuerdo con los estudios de caso de los antropólogos, serian el resultado psicológico de un estado avanzado de desarrollo: llegaban con empleo estable, vida urbana y motivación para mantener a los niños en la escuela. Mientras que la mortalidad de los niños y la muerte de las madres en el parto podían ser reducidas dramáticamente con pequeños gastos, aun costosos programas de planificación familiar no mostraban resultados perceptibles a menos que la «población objetivo» no se hubiera beneficiado ya del desarrollo. Desde una perspectiva antropológica, los programas de población eran la parte mas arrogante de todas las estrategias de desarrollo impuestas externamente. Fabricas, represas y escuelas pueden producir puestos de trabajo, kilovatios y egresados, respectivamente, sin haber tenido que demostrar que han cambiado actitudes o comportamientos. Las sulfas, la penicilina y las sales para rehidratación reducen significativamente la mortalidad a bajo costo. Pero la distribución de contraceptivos igualmente baratos hacen un impacto sobre las tasas de fertilidad solamente después de que se ha desmoronado una columna central de la cultura. Los economistas, muy al inicio, tendían a confiar en la sabiduría convención sobre el costo de los niños. Ellos reconocían que, para la subsistencia de los agricultores, muchos niños eran una ventaja y que la limitación de la familia tenía poco sentido. Pero a comienzos de los años 60, comenzaron a asumir que, con la dependencia creciente en ingresos monetarios, aun la gente pobre pronto renunciaría a tener muchas bocas por alimentar. Esta hipótesis demasiado simplificada tuvo que ser cualificada, a medida que los estudios mostraban que, para los recientemente urbanizados en la mayor parte del mundo, la fertilidad tenía una correlación directa y positiva con la inseguridad. Un estudio mostró que los trabajadores sindicalizados tenían menos niños que los trabajadores igualmente pagados para quienes los niños eran la única seguridad de tener un techo sobre sus cabezas en su vejez. Control poblacional para la supervivencia Las Interrelaciones complejas entre fertilidad, alfabetismo, alcance de los medios de comunicación, seguridad en el trabajo y vivienda fueron una de las razones por las cuales a comienzos de los 70 la población llegó a ser tratada simplemente como un factor endógeno mas en el calculo del desarrollo. Esto ocurrió en el contexto de los debates ocasionados por Los Límites al Crecimiento publicado, por el Club de Roma en 1972. Este éxito de librería popularizó la idea de un mundo como un «sistema» cuya «supervivencia» estaba amenazada. En este discurso la «especie humana» adquirió una nueva santidad y su protección fue reconocida como una responsabilidad de la administración internacional. El nuevo acento estaba puesto en la población mundial como un todo. Una nueva lógica aparecía en primer plano. Paul Ehrlich arguyó, por ejemplo, que la «capacidad de soporte» de la tierra estaba amenazada por el crecimiento poblacional. No la esperanza del desarrollo sino el temor al desastre global daba una nueva motivación a los intentos del control poblacional. Paul Ehrlich empezó su libro de la siguiente manera: La batalla por alimentar a toda la humanidad ha terminado. En los años 70 el mundo va a sufrir hambrunas - cientos de millones de personas van a morir de hambre a pesar de los programa de emergencia que puedan lanzarse... Estos programas solo van a proveer una postergación de la ejecución de la sentencia a menos que estén acompañados de esfuerzos de control poblacional determinados y exitosos. La tasa de nacimiento debe ser balanceada con la tasa de mortalidad o la humanidad se procreara a si misma hasta el olvido... El control de la población es la única respuesta."11 Durante los años 70 la perspectiva que contraponía gente contra recursos se apoderó del razonamiento político. Esta perspectiva opone a personas contra recursos finitos y la población viene a percibirse como un factor que amenaza la capacidad de la tierra para sustentar la vida humana. El Fondo de las Naciones Unidas para las Actividades de Población (FNUAP) fue creado como una agencia especializada en 1969 y rapidamente su presupuesto creció a mil millones de dólares. La Agencia definía su tarea de explorar: Las vías complejas en que las variables poblacionales interactuan, recíprocamente, con las variables del desarrollo socioeconómico y mostrar cómo se puede establecer programas de acción para integrar las actividades poblacionales con programas de salud, educación, desarrollo rural, organización de la agricultura, desarrollo industrial y otros. 12 El Fondo de las Naciones Unidas para las Actividades de Población se enorgullecía de la «madurez y sofisticación del pensamiento en población que puso fin a los modelos simplistas» 13. Para fines de los años 70 la población aparece en las declaraciones de política como una variable en el algoritmo al cual se ha reducido todo el inmensamente complicado proceso de desarrollo. La población se ha convertido en una variable análoga al capital, al trabajo, a la tecnología o a la infraestructura en un «sistema mundial». En retrospectiva, sabemos que las décadas de desarrollo trajeron un crecimiento inesperado en la población mundial. Este fue un fenómeno sin precedentes y dio lugar a conceptos igualmente sin precedentes sobre los seres humanos. Las poblaciones llegaron a ser conceptualizadas como actores, procesos, objetos de planeamiento del desarrollo, obstáculos al éxito de las inversiones, fuentes de fuerza de trabajo calificada y como amenazas al ecosistema mundial. Al principio en forma vacilante y luego por consenso, casi todas las naciones del Tercer Mundo construyeron poderosos programas de población que absorbieron los pequeños movimientos iniciales que hablan hecho campana por la limitación familiar y dieron acceso a la contracepción y al aborto. Una encuesta que cubre 114 paises «en desarrollo», en 1967, mostraba que 83 de ellos habían encomendado a una autoridad gubernamental central de planeamiento la tarea de «integrar factores poblacionales en la planificación del desarrollo.» 14 Entre 1974 y 1984 la tasa global
de crecimiento de la población declinó, en realidad,
de 2.34 por ciento a 1.67 por ciento por año, que corresponde
a una ampliación de la tasa de duplicación de la
población mundial de 30 a 42 años. Durante la misma
década, los números absolutos de los grupos definidos
por los criterios del Banco Mundial como absolutamente pobres
llegaron a ser tan grandes como lo había sido la población
mundial total en 1974 al comienzo del periodo. Y esto ocurrió
a pesar de la declinación de la tasa global de crecimiento. Mirando retrospectivamente a los últimos 25 años, todas las afirmaciones sobre el impacto en gran escala de los programas de población continúan siendo especulativas si se exceptúa el caso de China. Aun en aquellas instancias en que las tasas de nacimiento han declinado según el plan, esta reducción no esta en relación causal probada con los programas de planificación familiar que se han financiado. Las nuevas tecnologías promovidas por diversas agencias, incluyendo la espuma, la píldora o los dispositivos intrauterinos, no desempeñaron casi ningún rol probado en aquellos paises que han reducido exitosamente sus tasas de fertilidad. Aun si concedemos que «la evaluación de los efectos de los programas sobre la fertilidad nacional, exhaustiva y cuantitativamente, ha demostrado ser extraordinariamente difícil»15, una cosa esta clara: las actividades de población lanzadas en los años 60 se han convertido en sueños que produjeron monstruos. Primero, un compromiso social con controles públicos inútiles sobre el comportamiento sexual. Y, segundo, una aceptación difundida de la fórmula «una comunidad de pobladores = una población = P». Y P (como la radiación, el envenenamiento, el hueco en la capa de ozono y el calentamiento global) es una de las amenazas invisibles a la humanidad. Referencias 1. Citado en M. J. Cullen, The Statistical Movement in Early Victorian Pritain: The Foundations of Empirical Socia( Research (El Movimiento Estadístico a Principios de la Era Victoriana en Gran Bretaña: Los Fundamentos de la Investigación Social Empírica), Nueva York: Harvester Press, 1975, p. 2. 2. U. Porksen, Plastikworter: Zur Sprache einer internationalen Diktatur (Palabras de Plástico: Sobre el Lenguaje de una Dictadura Internacional, Stuttgart: Klett-Cotta, 1988. 3. T. Piotrow, World Population Crisis: The United States Response (Crisis Poblacional Mundial: La Respuesta de los Estados Unidos), Nueva York: Praeger, 1973, pp. X y VII. 4. Esta conferencia, pronunciada el 22 de Setiembre de 1964, en Colombo, Sri Lanka, fue publicada en Population and Development Review, Vol. 9, No. 2, junio 1983, pp. 345-60. 5. P. Demeny, «Social Science and Population Policy» (Ciencia Social y Política Poblacional), en Population and Development Review, Vol. 3, 1988, p. 45. 6. P.T. Piotrow, op.cit., p. 89. 7. «Intemational Population Assistance» (Ayuda Internacional en Población), en International Encyclopedia of Population and Development Review, Vol. 3, 1988, p. 45. 8. F. Notestein en Population and Development Review, Vol. 9, No. 2, Junio 1983, p. 359. 9. G. Myrdal, The Challenge of World Poverty (El Reto de la Pobreza Mundial), New York: Pantheon, 1970, parcialmente reproducido en Population and Development Review, Vol. 13, No. 3, Setiembre 1987, p. 536. 10. D.P Warwick, Bitter Pills (Píldoras Amargas), Cambridge: Cambridge University Press, 1982, p. 34. 11 . P. Ehrlich, The Population Bomb (La Bomba Poblacional), Nueva York: Ballantine, 1968, p. 3. 12. R. Salas, International Population Assistance: The First Decade (Asistencia Internacional en Población: La Primera Década), Nueva York: Pergamon Press, p. 140 (Doc. Agosto 8, 1977). 13. Op.cit. p. 147 (Doc. Abril 3, 1978). 14. D.L. Nortman y J. Fisher, Population and Family Planning Programs: A Compendium of Data through 1981 (Programas de Población y Planificación Familiar: Un Compendio de Estadísticas hasta 1981), Nueva York: Population Council, 1982. 15. «Family Planning Programs» (Programas de Planificación Familiar), en International Encyclopedia of Population, op.cit., p. 214. Bibliografía The International Encyclopedia of Population (La Enciclopedia Internacional de la Población), Nueva York: Free Press, 1982, 2 vols., es la referencia obligada para conceptos, programas de acción y soporte institucional de la investigación sobre población hasta el año 1982, mientras The New Palgrave Dictionary of Economics (El Nuevo Diccionario Palgrave de Economía), Londres: Macmillan, 1987, me ayudó a comprender los modelos económicos que sucesivamente reconstruían la familia, los niños, la fertilidad y las acciones privadas en las décadas del desarrollo. La mejor introducción visual singular a la relación imaginaria entre «población» y «desarrollo», es un conjunto de ilustraciones a color generadas en computadora publicadas como Population Images (Imágenes de la Población), Nueva York: UNFPA, 1987. Sus vistosos gráficos y tablas retratan visualmente el consumo de energía, la deforestación, los recursos hídricos, los niveles de ingreso y los hechos y tendencias demográficas para maestros y estudiantes. Una distancia critica a esta clase de representaciones gráficas de datos cuantitativos es provista por Edward R. Tufte, Envisioning Information (La Visualización de la información. Cheshire, CT: Graphics Press, 1990. La concepción, percepción e imaginación de las «poblaciones humanas» habrían sido imposibles sin la difusión de la temminologia y el razonamiento estadístico en inglés ordinario, que, aunque con algún retardo, han ido de la mano con la evolución de los conceptos estadísticos. Para esta historia he encontrado útil a Th. M. Porter, The Rise of Statistical Thinking, 1820-1900 (El Ascenso del Pensamiento Estadistico, 1820-1900), Princeton: Princeton University Press, 1986, en cuyas paginas 17-90, «El Calculo Social», se encuentra una buena introducción a la primera fase de los esfuerzos burocráticos centralizados de los gobiernos para recolectar cifras sobre numerosos temas y D. A. Mackenzie, Statistics in Britain 1895-1930: The Social Construction of Scientific Knowledge (La Estadistica en Gran Bretana 1895-1930: La Construcción Social del Conocimiento Científico) Edimburgo: Edinburgh University Press, 1981. La mayoría de los cursos sobre estadística inculcan implícitamente la idea de que los indicadores usados son datos naturales. W. R. Amey, Understanding Statistics in the Social Sciences (Comprendiendo la Estadistica en las Ciencias Sociales), Nueva York: Freeman, 1989, alerta al estudiante de las dimensiones políticas inevitables del razonamiento estadístico. Desde Malthus, los conceptos demográficos han estado sujetos a la critica. Paradójicamente, la mayoría de las criticas sustantivas de los métodos estadísticos y de su aplicación a los fenómenos demográficos, conduce al refinamiento técnico de esos métodos y no a la comprensión de la pertinencia de sus resultados en la experiencia ordinaria y en la percepción cotidiana. Así, la critica de las políticas de población se enfocaron en la política y, ocasionalmente, en las técnicas, y no tocaron la legitimidad de la utilización de los resultados estadísticos en la formación de las políticas o de la legislación. Como resultado, la oposición principista - sea ésta anticolonial, feminista, marxista o teológica - de las «políticas de población» frecuentemente han operado en base a una popularización de conceptos tomados de la estadística y de la demografía, tales como «mundo», «distribución», «control». Así, se usa una categoria matemática facticia para caracterizar fetiches ficticiamente administrables, tales como «poblaciones». Sólo con esta advertencia en mente quiero mencionar libros con los cuales estoy en deuda. D. Warwick, Bitter Pills: Population Policies and their Implementation in Eight Developing Countries (Píldoras Amargas: Políticas de Población y su Implementación en Ocho Paises en Desarrollo), Cambridge: Cambridge University Press, 1982, yuxtapone declaraciones políticas de alto nivel y «registros de implementación de bajo nivel» en «sucesivas décadas de fracasos» y encuentra hipocresía y arrogancia de un lado y resistencia cultural razonada del otro. Dom Moraes, con fondos del UNFPA viajó por cuatro continentes, visitó millares de centros rurales de control de la natalidad y describió vívidamente la múltiple resistencia a la promoción de la contracepción en A Matter of People (Una Cuestión de Gentes), Nueva York: Praeger, 1974. En los años 70 era característica la investigación sobre «motivación paterna» al control de la natalidad, para explorar el valor económico de los niños. El costo de su educación, su valor especulativo futuro como productores y su valor percibido por sus procreadores eran distinguidos y analizados en los estudios de población y se predijo una tasa de aceptación alta de los contraceptivos. Para una critica he encontrado excelente el libro de Mahmood Mamdani, The Myth of Population Control: Family, Caste and Class in an Indian Village (El Mito del Control de la Población: Familia, Casta y Clase en una Aldea India), Nueva York: Monthly Review Press, 1972. Mamdani encontró a nivel de aldeas que los niños eran esenciales no a pesar de, sino a causa de, la pobreza. Una redistribución de los medios de vida seria la condición previa inevitable de la «procreación responsable». La creencia creciente en los años 80 en que la declinación de las tasas de nacimiento depende en primer lugar del medio social y político en el cual el poder, mas que los contraceptivos, es puesto al alcance de todos sobre una base igualitaria, es argumentada convincentemente por Frances Moore Lappe y Rachel Schurman, The Missing Piece in the Population Puzzle (La Pieza Faltante en el Rompecabezas Poblacional), San Francisco: Institute for Food and Development Policy,1988. La reacción popular contra la violencia en el Programa de Población de la India en los años 70 es analizada por Debabar Banerji, «The Political Economy of Population Control in India» (La Economia Política del Control de la Población en India), en Poverty and Population Control (Pobreza y Control de la Población), editado por Lars Bondestam y St. Bergstroem, Londres: Academic Press, 1980, pp. 83-102. Las mujeres como objetivos de
las campanas contraceptivas en las políticas de población
han sido objeto de numerosos estudios. La OIT auspició
un proyecto de investigación que produjo un volumen en
que se relaciona cambios en fertilidad con cambios iniciados
por el desarrollo en la condición de grupos específicos
de mujeres como trabajadoras. Véase Richard Anker, M.
Buvinic y N. Youssef (eds.), Women's Roles and Population Trends
in the Third World (Roles Femeninos y Tendencias de la Población
en el Tercer Mundo), Londres: Croom Helm, 1982. He encontrado
mucho mas útil el libro de Betsy Hartmann, Reproductive
Rights and Wrongs: the Global Politics of Population Control
and Contraceptive Choice (Aciertos y Agravios Reproductivos:
La Política Global del Control de la Población
y Elección Contraceptiva), Nueva York: Harper, 1987. Antropólogas
sociales investigaron diferentes percepciones y concepciones
del cuerpo de la mujer como una clave de la resistencia al uso
de la contracepción: Susan C. M. Scrimshaw, «Women's
Modesty: One Barrier to the Use of Family Planning Clinics in
Equador» (La Modestia Femenina: Una Barrera al Uso de Clínicas
de Planificación Familiar en el Ecuador), en Culture,
Natality and Family Planning (Cultura, Natalidad y Planificación
Familiar), editado por John F. Marshall y Steven Polgar, Chapel
Hill, N.C.: University of North Carolina Press, 1976, pp.17-83
y Lucile F. Newman (ed.), Women 's Medicine: A Cross-Cultural
Study of Indigenous Fertility Regulation (Medicina Femenina:
Un Estudio Intercultural de la Regulación Indígena
de la Fertilidad), New Brunswick: Rutgers University Press, 1985.
La literatura reciente mas útil incluye a Gisele Maynard-Tucker,
«Knowledge of Reproductive Physiology and Modern Contraceptives
in Rural Peru» (Conocimiento de la Fisiología Reproductiva
y Contraceptivos Modernos en el Peru Rural), en Studies in Family
Planning, Vol.20, No. 4 (Julio/Agosto 1989), pp. 215-24. Christa
Wichterich, «From the struggle against «Overpopulation»
to the Industrialization of Human Production» (De la Lucha
contra la «Sobrepoblación» a la Industrialización
de la Producción Humana), en Reproductive and Genetic
Engineering, Vol. 1. No. 1 (1988) pp. 21-38, llama la atención
sobre la «eugenesia racista y la tradición patriarcal»
inherente a la percepción de la «catástrofe
poblacional». |