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LA MEDICALIZACIÓN DEL
PRESUPUESTO
La medida más manejable
de la medicalización de la vida es la porción de
un ingreso anual típico que se gasta bajo órdenes
médicas. En Estados Unidos, antes de 1950, dicha porción
era inferior a las entradas de un mes, pero a mediados de los
setenta el equivalente de cinco a siete semanas de las ganancias
del trabajador tipo se gastaba en la compra de servicios médicos.
Los Estados Unidos gastan ahora unos 95 mil millones de dólares
anuales en asistencia a la salud, algo así como el 8.4%
del producto nacional bruto en 1975, cuando en 1962 fue el 4.5%36 Durante los últimos veinte años,
mientras el índice de precios en los Estados Unidos ha
subido alrededor del 74%, el Costo de la asistencia médica
escaló en un 330%. Entre 1950 y 1971 el gasto público
en pólizas de salud aumentó diez veces, los beneficios
de las aseguradoras privadas crecieron en ocho veces,37 y en unas
tres los pagos directos al contado.38 En gastos totales, otros países como Francia39 y Alemania40 se mantuvieron a la par con los Estados
Unidos. En todas las naciones industriales -atlánticas,
escandinavas o del este europeo-la tasa de crecimiento del sector
de la salud ha avanzado con mayor rapidez que el PNB.41 Incluso
descontando la inflación, las partidas federales para
la salud aumentaron más del 40% entre 1969 y 1974.42 Más aún: la medicalización
del presupuesto nacional no es un privilegio de los ricos. En
Colombia, un país pobre que favorece notoriamente a su
clase adinerada, la proporción es, como en Inglaterra,
superior al 10%.43
Parte de esto ha enriquecido a los médicos, que hasta
la Revolución Francesa se ganaban la vida como artesanos.
Unos pocos vivieron siempre bien, pero muchos murieron pobres.
El proverbio "pocos abogados tienen buen morir, pocos médicos
tienen buen vivir" poseía equivalentes en la mayoría
de los idiomas europeos. Ahora los médicos han llegado
a la cumbre, y en las sociedades capitalistas dicha cumbre es
en verdad elevada. Sin embargo sería inexacto atribuir
la inflación en la medicina a la codicia de la profesión
médica. Una parte mucho mayor del aumento ha sido para
una legión de oficinistas médicos poseedores de
buenos títulos, que las universidades de los Estados Unidos
empezaron a otorgarles en los años cincuenta; para aquellos
con grados de maestría de enfermeros supervisores o con
doctorados de administradores de hospitales, y para todos los
rangos inferiores en los que se alimentan los nuevos burócratas.
El costo de administrar al paciente, sus historiales, las boletas
que entrega y recibe, pueden absorber 25 centavos de cada dólar
de su cuenta.44 Una cantidad mayor va a los banqueros;
en algunos casos los llamados costos administrativos "legítimos"
en el negocio del seguro médico han subido al 70% del
pago hecho por los asegurados.
Aún más significativo es el nuevo prejuicio en
favor de la asistencia hospitalaria de alto costo. Desde 1950
el costo diario de tener un paciente en un hospital comunal de
los Estados Unidos ha crecido en un 500%.45 La cuenta
por el cuidado del paciente en los principales hospitales universitarios
ha aumentado incluso con mayor rapidez, triplicándose
en ocho años. Los costos administrativos han hecho explosión
multiplicándose desde 1964 por un factor de siete; los
costos de laboratorios aumentaron por un factor de cinco, los
salarios médicos sólo por un factor de 2.46 La construcción de hospitales
cuesta ahora más de 85 mil dólares por cama y las
dos terceras partes de esta cantidad se invierten en equipo mecánico
que antes de diez años resulta anticuado.47 Estos índices son casi el doble
de los índices de aumento de costos y de la obsolecencia
prevalentes en los sistemas de armamento moderno. Los costos
excedidos en lo programas del Departamento de Salud, Educación
y Bienestar superan a los del Pentágono Entre 1968 y 1970
los costos del Medicaid aumentaron tres veces más rápido
que el número de personas atendidas. En los últimos
cuatro años los beneficios de los seguros de hospital
han casi doblado su costo, y los honorarios de los médicos
han crecido casi dos veces más aprisa de lo que se había
planeado.48 En ningún otro sector importante
de la economía civil hay un precedente similar de tal
expansión sostenida. Por ello, resulta irónico
que durante este auge único en la asistencia a la salud,
los Estados Unidos sentaran otro precedente. Poco después
de iniciado el auge, la expectativa de vida para el hombre norteamericano
adulto empezó a declinar y ahora se espera que decline
más todavía. La tasa de mortalidad para los hombres
norteamericanos entre cuarenta y cinco y cincuenta y cuatro años
es comparativamente alta.
De cada 100 hombres que en los Estados Unidos cumplen los cuarenta
y cinco, sólo 9 llegarán a su quincuagésimo
quinto cumpleaños mientras en Suecia 95 sobrevivirán
la década.49 Pero Suecia, Alemania, Bélgica,
Canadá, Francia y Suiza ya están dando alcance
a los Estados Unidos: tanto sus índices de mortalidad
en edades específicas para hombres adultos como sus costos
médicos globales ascienden a gran velocidad.50
El fenomenal aumento en el costo de los servicios de salud en
los Estados Unidos se ha explicado en diversas formas: algunos
culpan a la planeación irracional,51 otros, al mayor costo de los nuevos artefactos
que la gente quiere en los hospitales.52 Actualmente la interpretación más
común se refiere a la creciente incidencia del pago previo
de servicios. Los hospitales registran a pacientes bien asegurados,
y antes que proveer viejos productos en forma más eficaz
y barata, se ven económicamente motivados a avanzar hacia
formas nuevas, y cada vez más caras, de hacer las cosas.
Se culpa del aumento a los productos cambiantes más que
a costos más altos del trabajo, a la mala administración
o a la carencia de progreso tecnológico.53 En esta perspectiva el cambio de productos
parece deberse precisamente al amparo creciente de las pólizas,
que anima a los hospitales a proporcionar productos más
costosos de lo que el cliente en realidad desea, necesita o habría
estado dispuesto a pagar directamente. Sus gastos de contado
parecen cada vez más modestos, aunque los servicios ofrecidos
por el hospital son más costosos. Las pólizas para
la asistencia médica de alto costo son así un proceso
autorreforzante que da a los proveedores de asistencia el control
de recursos crecientes.54 Como antídoto, algunos críticos
recomiendan una lúcida conciencia de costos por parte
de los consumidores;55 otros, desconfiando del autocontrol
del lego, recomiendan mecanismos que aumenten la conciencia de
costo en los productores.56 Los médicos, argumentan, serían
más responsables y menos caprichosos en sus prescripciones
si se les pagara (como a los médicos generales en Inglaterra)
sobre una base de "capitación" que otorgan una
cantidad fija para el mantenimiento de sus clientes antes que
una tarifa por servicios. Pero como todos los remedios similares,
la capitación acrecienta la fascinación yatrogénica
por proveer salud. La gente deja ir su propia vida por obtener
todo el tratamiento que sea posible.
En Inglaterra el Servicio Nacional de Salud ha intentado asegurar,
aunque sin éxito, que los costos inflacionarios sufrirían
menos por fraudes conspicuos.57 Su acta de 1946 estableció como derecho
humano el acceso a los recursos de asistencia a la salud para
todos los necesitados. La necesidad se suponía finita
y cuantificable, las urnas de votación el mejor sitio
para decidir el presupuesto total para la salud, y los médicos
los únicos capaces de determinar los recursos que satisfarían
la necesidad de cada paciente. Pero la necesidad determinada
por los profesionistas médicos ha resultado ser tan extensa
en Inglaterra como en cualquier otro sitio. La esperanza fundamental
para el éxito del sistema inglés de asistencia
a la salud tenía como base la creencia en la capacidad
de los ingleses para racionar su suministro. Así lo hicieron
más o menos hasta 1972, en la opinión de un autor
que estudió la economía inglesa de la salud, "por
medios, a su modo, casi tan despiadados como la capacidad de
pagar, pero considerados en general más aceptables".58 Hasta
esa fecha la asistencia a la salud se mantuvo por abajo del 6%
del PNB, el 10% del gasto público. La práctica
privada descendió de la mitad de la asistencia al 4%.
Los cargos directos a los pacientes se mantuvieron fenomenalmente
bajos: 5% del costo. Pero este severo compromiso con la igualdad
sólo impidió esos asombrosos despilfarros en artefactos
prestigiosos que proveyeron de un fácil punto de partida
a la crítica pública en los Estados Unidos. Desde
1972 el Servicio de Salud en Inglaterra ha sufrido un cambio
traumático, por complejas razones económicas y
políticas. El éxito inicial del Servicio de Salud
y el actual desarreglo caótico del sistema imposibilitan
las predicciones para el futuro. La desmedicalización
de la asistencia a la salud es tan esencial allí como
en cualquier parte. Sin embargo, curiosamente, Inglaterra es
también una de las pocas naciones industrializadas donde
la expectativa de vida del hombre adulto no ha declinado todavía,
aunque las enfermedades crónicas de este grupo ya han
mostrado un aumento similar al observado una década antes
al otro lado del Atlántico.
La información sobre costos en la Unión Soviética
es más difícil de obtener. El número de
médicos y días de hospital per cápita parece
haberse duplicado entre 1960 y 1972, y los costos parecen haber
crecido en un 260%.59 La principal reivindicación de
superioridad de la medicina soviética sigue basada en
"la profilaxis edificada dentro del sistema social en si
"sin que esto afecte el volumen relativo de enfermedad o
asistencia en comparación con otros países industriales
de desarrollo similar.60 Pero la teoría de que la terapéutica
iría desapareciendo junto con el Estado fue declarada
herejía en 1932 y lo sigue siendo.61
Distintos sistemas políticos organizan la patología
en diferentes enfermedades y crean así distintas categorías
de demanda, suministros, y necesidades sin cubrir.62 Pero no importa cómo se perciba la enfermedad,
el costo del tratamiento crece de acuerdo a índices comparables.
Los rusos, por ejemplo, limitan por decreto la enfermedad mental
que requiere hospitalización : sólo destinan a
tales casos el 10%.de todas las camas de hospital.63 Pero dado cierto PNB, todas las naciones
industriales generan la misma clase de dependencia con respecto
al médico, y esto sin que importen su ideología
ni la nosología que éstas creencias engendran.64 Por supuesto, el capitalismo ha demostrado
que puede hacerlo a un costo social mucho más elevado.65 Por doquier, a mediados de la década
del setenta, el principal constreñimiento a la actividad
profesional es la necesidad de reducir los costos.
La proporción de riqueza nacional que se canaliza hacia
los médicos y se gasta bajo su control varía de
un país a otro y abarca de un décimo a un vigésimo
de todos los fondos disponibles. Pero esto no debe hacer pensar
a nadie que los gastos de salud del ciudadano tipo en los países
pobres son proporcionales al ingreso medio percápita del
país. La mayor parte de la gente no recibe absolutamente
nada. Con la sola excepción del dinero destinado al tratamiento
de los suministros de agua, el 90% de todos los fondos que en
los países en desarrollo se destinan a la salud no se
gasta en salubridad sino en el tratamiento de los enfermos. Entre
el 70 y él 80% de todo el presupuesto de salud pública
sirve para la cura y la asistencia de individuos y no para servicios
públicos de salud.66 La mayor parte de ese dinero se gasta
en todas partes en el mismo tipo de cosas.
Todos los países quieren hospitales, y muchos quieren
que incluyan el equipo moderno más exótico. Mientras
más pobre el país, más alto el costo real
de cada pieza en sus inventarios. Modernas camas de hospital,
incubadoras, laboratorios, pulmones artificiales y salas de operaciones
cuestan todavía más en África que en Alemania
o Francia, donde se construyen; también se deterioran
más fácilmente en los trópicos, donde es
más difícil darles servicio, y lo más frecuente
es que no funcionen. En cuanto al costo, lo mismo vale para los
médicos hechos a la medida de estos artefactos. La educación
de un cirujano cardiólogo representa una inversión
comparable de capital, ya proceda del sistema escolar mexicano
o haya estudiado en Hamburgo con una beca del gobierno por ser
primo de un capitán brasileño.67 Si los
Estados Unidos son demasiado pobres para proporcionar la diálisis
renal de 15 mil dólares anuales a todos los ciudadanos
que afirmarían necesitarla, Ghana es demasiado pobre para
proveer equitativamente al pueblo con médicos para su
atención elemental.68 El costo máximo socialmente crítico
de los artículos que pueden repartirse en forma equitativa
varía de un sitio a otro. Pero dondequiera que los fondos
públicos se utilizan para financiar tratamientos por encima
del costo crítico, el sistema de asistencia médica
actúa inevitablemente como un conducto para la transferencia
neta del poder médico, el cual pasa de la mayoría
que paga los impuestos a unos cuantos individuos seleccionados
a causa de su dinero, educación o lazos familiares, o
por el interés especial que representan para el cirujano
experimentador.
Hay una clara forma de explotación cuando 80% de los costos
reales de las clínicas particulares en los países
pobres de América Latina se pagan con los impuestos recaudados
para la formación de médicos, las ambulancias públicas
y el equipo médico.69 En este caso la concentración de los recursos
públicos en unos pocos es una obvia injusticia, pues la
capacidad de pagar al contado una fracción del costo total
es una condición para obtener el resto. Pero la explotación
no es menor en los sitios donde el público, a través
de un servicio nacional de salud, asigna a los médicos
el poder único para decidir quien necesita su tipo de
tratamiento, luego derrochan la ayuda pública en aquellos
con quienes experimentan o practican La aquiescencia pública
en que el monopolio médico identifique necesidades sólo
amplía la base desde la cual los médicos pueden
vender sus servicios.70
De manera indirecta, las terapias conspicua sirven como poderosos
instrumentos para convencer a la gente de que pague más
impuestos para llevarlas a todos los que según los doctores
las necesitan. Una vez que el presidente chileno Frei construyó
un estadio de medicina para espectadores médicos, su sucesor,
Salvador Allende, se vio forzado a prometer otros tres. El Prestigio
de un equipo nacional de cirujanos de Corazón abierto
se utiliza para intensificar en toda la nación una adicción
a relaciones terapéuticas que son patógenas en
un nivel mucho más hondo que el del simple vandalismo
médico. La creencia de la gente en que sólo llamando
al médico puede enfrentarse a la enfermedad hace más
daño a la salud del que los médicos podrían
jamás lograr imponiendo sus servicios a la ciudadanía.
Sólo en China cuando menos a primera vista- la tendencia
parece ir en dirección contraria: la asistencia primaria
es administrada por técnicos sanitarios no profesionales
ayudados por aprendices que dejan sus trabajos habituales en
la fábrica cuando se les llama para atender a un miembro
de su brigada.71 La nutrición,
la higiene del ambiente y el control natal han mejorado más
allá de toda comparación. Los logros del sector
sanitario chino durante los últimos años del sesenta
han probado, tal vez definitivamente, un punto largamente debatido:
que casi todos los instrumentos técnicos de salud comprobadamente
eficaces pueden pasar en cuestión de meses a las manos
de millones de personas comunes y ser usados en forma competente.
A pesar de estos éxitos, un compromiso ortodoxo con los
sueños occidentales de la razón, bajo una forma
marxista, puede ahora destruir lo que la virtud política,
en unión con el pragmatismo tradicional, alcanzó.
El sesgo hacia el progreso y la centralización tecnológicos
ya se refleja en los logros profesionales de la asistencia médica.
China posee no sólo un sistema paramédico sino
también personal médico cuyas normas han sido consideradas
de máximo orden por sus colegas en todo el mundo, y que
sólo marginalmente difiere del que hay en otros países.
La mayor parte de las inversiones durante los últimos
cuatro años parecen haberse destinado a desarrollar más
aún esta profesión médica extremadamente
competente y altamente ortodoxa, que cada vez obtiene mayor autoridad
para configurar las metas generales de la nación en cuestiones
de salud. La "medicina descalza" está perdiendo
su carácter sustitutivo, semi-independiente y popular
para integrarse a una tecnocracia unitaria de asistencia a la
salud. Personal adiestrado en las universidades instruye, supervisa
y complementa al curandero elegido localmente. Este desarrollo,
ideológicamente inducido,72 de la medicina profesional en China tendrá,
que limitarse conscientemente a muy corto plazo para que pueda
seguir siendo un complemento de equilibrio y no un obstáculo
a la autoasistencia de alto nivel. Sin estadísticas susceptibles
de comparación, las declaraciones sobre la economía
médica china permanecen en la vaguedad. Pero no hay razón
para creer que los aumentos de costos en la medicina farmacéutica,
hospitalaria y profesional sean menores en China que en otros
países. Por lo pronto, sin embargo, puede aducirse que
en China la medicina moderna era tan escasa en los distritos
rurales que los recientes incrementos contribuyeron significativamente
a los niveles de salud y a una mayor equidad en el acceso a la
asistencia.73
En todos los países la medicalización del presupuesto
se relaciona con la bien conocida explotación dentro de
la estructura de clases. Sin duda el dominio de las oligarquías
capitalistas en los Estados Unidos,74 la altanería de los nuevos mandarines
en Suecia,75 el servilismo y etnocentrismo de los
profesionales moscovitas76 y el cabildeo de las asociaciones médica
y farmacéutica norteamericanas,77 así
como el nuevo surgimiento del poder sindical en el sector de
la salud,78 son obstáculos formidables para
una distribución de recursos que favorezca los intereses
de los enfermos más que los de sus autoasignados cuidadores.
Pero la razón fundamental de que estas costosas burocracias
sean una negación de la salud no yace en su función
instrumental sino en la simbólica: todas recalcan la distribución
de servicios de reparación y mantenimiento para el componente
humano de la megamáquina79 la crítica que propone una distribución
mejor y y más equitativa sólo refuerza el compromiso
social de mantener a la gente en trabajos que enferman La guerra
entre los proponentes de una póliza nacional ilimitada
de salud y los que abogan por el mantenimiento nacional de la
salud, así como la guerra entre quienes defienden y quienes
atacan toda práctica privada hace que la atención
pública se distraiga del daño hecho por médicos
que protegen un orden social destructivo y se fije en el hecho
de que los médicos hacen menos lo esperado en defensa
de una sociedad de consumo.
Más allá de cierta invasión al presupuesto
el dinero que expande los controles médicos sobre' el
espacio, los horarios, la educación, la dieta o el diseño
de máquinas y de bienes desatará inevitablemente
una "pesadilla forjada de buenas intenciones". Tal
vez el dinero amenace siempre a la salud. Demasiado dinero la
corrompe. Después de cierto punto, lo que puede producir
dinero el lo que el dinero puede comprar restringe el campo de
la "vida" libremente elegida. No solo la producción
sino también el consumo recalcan la escasez de tiempo,
espacio y elección.80 Así el prestigio de la mercancía
médica debilita por fuerza el cultivo de la salud, que
dentro de un ambiente dado depende en gran medida del temple
innato e inculcado.81 Mientras
más tiempo, labor y sacrificio invierta una población
en producir la medicina como un artículo de consumo, mayor
será el subproducto; es decir, la falacia de que la sociedad
posee dentro de sí un yacimiento de salud, la cual
puede extraerse y mercantilizarse.82 La función negativa del dinero
es la de indicar la devaluación de los bienes y servicios
que no pueden comprarse.83 Mientras más alto sea el precio que se fija
al bienestar, mayor será el prestigio político
de una expropiación de la salud personal.
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