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EL ESTIGMA PREVENTIVO
A medida que el tratamiento curativo
se concentra cada vez más en afecciones para las que resulta
ineficaz, costoso y doloroso, la medicina ha empezado a mercantilizar
la prevención. El concepto de morbidez se ha ampliado
para cubrir riesgos pronosticados. Junto con la asistencia a
los enfermos, la asistencia a la salud se ha convertido en una
mercancía, en algo por lo que uno paga en vez de algo
que uno hace. Cuanto más alto es el sueldo que paga la
compañía o más elevada la categoría
de un aparatchik, más se gastará en mantener
bien aceitada esa valiosa pieza de la maquinaria. Los costos
de mantenimiento de la mano de obra altamente capitalizada son
la nueva medida de status entre quienes ocupan los peldaños
superiores. La gente se mantiene a la altura de sus vecinos emulando
sus "chequeos" o check-ups, expresión
inglesa que ha ingresado en los diccionarios franceses, servios,
españoles, malayos y húngaros. Se convierte a la
gente en paciente sin estar enferma. Así, la medicalización
de la prevención es otro síntoma importante de
la yatrogénesis social. Tiende a transformar la responsabilidad
personal por mi futuro en mi administración por parte
de alguna agencia.
Por lo común, el peligro del diagnóstico rutinario
es aún menos temido que el peligro del tratamiento rutinario,
aunque los perjuicios sociales, físicos y psicológicos
infligidos por la clasificación médica se hallan
igualmente documentados. Los diagnósticos hechos por el
médico y sus ayudantes pueden definir papeles temporales
o permanentes para el paciente. En cualquiera de estos casos,
agregan a una condición biofísica un estado social
creado por una evaluación supuestamente hecha con autoridad.162 Cuando un veterinario diagnostica moquillo
a una vaca, no suele afectar la conducta del paciente. Cuando
un médico diagnostica a un ser humano, sí la afecta.163 En aquellas instancias en las que el
médico funciona como curandero, confiere a la persona
reconocida como enferma ciertos derechos, deberes y excusas que
poseen una legitimidad condicional y temporal y que expiran cuando
el paciente ha sanado; la mayor parte de las enfermedades no
deja mancha alguna de desviación o conducta desordenada
en la reputación del paciente. A nadie le interesan los
ex alérgicos o los ex pacientes de apendicectomía,
del mismo modo que nadie será recordado como un ex infractor
de las leyes de tránsito. Empero, hay otras instancias
en las que el médico actúa primordialmente como
actuario y su diagnóstico puede difamar de por vida al
paciente, y a veces a sus hijos. Al achacar degradación
irreversible a la identidad de una persona, lo marca para siempre
con un estigma indeleble.164 Aunque la condición objetiva haya desaparecido
mucho tiempo atrás, la etiqueta yatrogénica sigue
adherida. Como los exconvictos, los antiguos pacientes mentales,
las personas que han sufrido su primer ataque cardiaco, los antiguos
alcohólicos, y, hasta hace poco, los ex tuberculosos son
transformados en marginados por el resto de sus días.
La sospecha profesional basta por sí sola para legitimizar
el estigma aunque la condición sospechada nunca existiera.
La etiqueta médica puede proteger, al paciente del castigo
sólo para someterlo interminablemente a instrucción,
tratamiento y discriminación, que se le infligen para
su beneficio profesionalmente supuesto.165
En tiempos pasados, la medicina etiquetaba a la gente de dos
maneras: aquellas con las que se podía intentar una cura
y aquellas que estaban más allá de reparación,
como los leprosos, los cojos, los locos y los moribundos. En
una u otra forma, el diagnóstico podía conducir
al estigma. Ahora la prevención medicalizada crea una
tercera forma. Convierte al médico en un mago con licencia
oficial cuyas profecías baldan incluso a quienes sus brebajes
dejan ilesos.166 El diagnóstico
puede excluir del nacimiento a un ser humano con malos genes,
a otro, del ascenso y a un tercero, de la vida política.
La caza masiva de riesgos a la salud se inicia con redadas destinadas
a agarrar a aquellos que necesitan protección especial:
visitas médicas prenatales, clínicas para niños
sanos, chequeos en escuelas y campamentos y sistemas médicos
pagados por adelantado.167 Recientemente se añadieron servicios
"de asesoría" de genética y de presión
arterial. Orgullosamente, los Estados Unidos guiaron al mundo
en la organización de cacerías de enfermedad y,
más tarde, en la puesta en duda de su utilidad.168
En la década pasada los exámenes médicos
multifásicos y automatizados se hicieron operacionales
y fueron recibidos como el ascenso de los pobres al mundo de
la clínica Mayo. Este procedimiento de línea de
ensamblaje de complejas pruebas químicas y médicas
puede lograrse a un costo sorprendentemente bajo con técnicos
paraprofesionales. Pretende ofrecer a millones de personas una
detección de necesidades terapéuticas ocultas,
más refinada aún que la que podían obtener
en los años sesenta los jerarcas más "cotizados"
en Houston o Moscú. La falta de estudios bajo control
al estrenar estos exámenes ha permitido a los vendedores
de la prevención producida en masa, fomentar expectativas
sin fundamento. Más recientemente, se han realizado bajo
control estudios comparativos de grupos de población beneficiados
por el servicio de mantenimiento y el diagnóstico precoz.
Dos docenas de dichos estudios muestran que estos procedimientos
de diagnóstico incluso cuando son seguidos por tratamientos
médicos de alta calidad- no tienen ningún impacto
positivo sobre la expectativa de vida.169 Irónicamente,
los desórdenes asintomáticos graves que sólo
este tipo de filtraje puede descubrir entre los adultos frecuentemente
son enfermedades incurables cuyo tratamiento precoz sólo
agrava el estado físico del paciente. En cualquier caso,
transforma a gente que se siente sana en pacientes ansiosos por
un veredicto.
En la detección de la enfermedad, la medicina hace dos
cosas: "descubre" nuevos desórdenes y los adscribe
a individuos concretos. Descubrir una nueva categoría
de enfermedad es el orgullo del científico médico.170 Adscribir la patología a Fulano,
Zutano o Mengano es la primera tarea del médico que actúa
como miembro de una profesión consultiva.171 Entrenado
para "hacer algo" y expresar su preocupación
se siente activo, útil y eficaz cuando puede diagnosticar
un mal.172 Aunque teóricamente, en el primer
encuentro el médico no presupone que su paciente se halla
afectado por una enfermedad, sin embargo a través de una
forma del principio de autoprotección suele actuar como
si el imputar una enfermedad al paciente fuera mejor que pasar
otra por alto. La regla de la decisión médica lo
empuja a buscar seguridad diagnosticando enfermedad antes que
salud.173 La clásica demostración de este
prejuicio se dio en un experimento realizado en 1934.174 En una encuesta de mil niños
de once años procedentes de las escuelas públicas
de Nueva York, se descubrió que el 61% había sufrido
la extirpación de las amígdalas. "El 39% restante
fue sometido a examen por un grupo de médicos, que seleccionaron
el 45% de estos niños para la tonsilectomía y rechazaron
al resto. Los niños rechazados fueron reexaminados por
otro grupo de médicos, que recomendaron la tonsilectomía
para el 46% de los que quedaban después del primer examen.
Cuando los niños rechazados fueron examinados por tercera
vez, un porcentaje similar fue seleccionado para la tonsilectomía,
de modo que al cabo de tres exámenes sólo quedaban
65 niños para los que no se había recomendado la
tonsilectomía. Estos sujetos no fueron examinados nuevamente
porque se agotó la dotación de médicos examinadores.175 La prueba se realizó en una clínica
gratuita, donde no había consideraciones financieras que
explicaran el prejuicio.
El diagnóstico tendencioso en favor de la enfermedad se
combina con el frecuente error de diagnosis. La medicina no sólo
imputa, con entusiasmo inquisitorial, categorías dudosas;
lo hace con un índice de malogro que ningún sistema
judicial podría tolerar. En cierta instancia, la autopsia
mostró que más de la mitad de los pacientes que
murieron en una clínica universitaria británica
con diagnóstico de una falla cardiaca específica
había en realidad muerto de otra cosa. En otra instancia,
la misma serie de radiografías pectorales mostradas en
diferentes ocasiones al mismo equipo de especialistas hicieron
qué éstos cambiaran de parecer en el 20% de los
casos. Los pacientes que ante el doctor Fulano dicen toser, producir
esputo o sufrir de retortijones, llegan a ser tres veces más
que los que declaran los mismos síntomas al doctor Mengano.
Hasta un cuarto de las pruebas sencillas de hospital arroja resultados
seriamente divergentes cuando la misma muestra se procesa en
dos laboratorios distintos.176 Tampoco las máquinas muestran
ser más infalibles. En una competencia entre máquinas
de diagnóstico y diagnosticadores humanos en 83 casos
recomendados para cirugía pélvica, la patología
mostró que tanto el hombre como la máquina acertaron
en 22 ocasiones; en 37 casos, la computadora rechazó acertadamente
el diagnóstico del médico; en 11 casos, los médicos
probaron el error de la computadora, y en 10 casos, el error
fue de ambas partes.177
Además del prejuicio y del error de diagnóstico,
hay la agresión licenciosa. 178 El cateterismo cardiaco, para determinar si algún
paciente sufre cardiomiopatía -no se trata, desde luego,
de una prueba rutinaria-, cuesta 350 dólares y mata a
uno de cada cincuenta pacientes. Pero no existe evidencia de
que un diagnóstico diferencial fundado en sus resultados
aumente ni la expectativa de vida ni la comodidad del paciente.179 La mayoría de las pruebas son
menos asesinas y se realizan mucho más comúnmente,
pero muchas implican aún, para el individuo o su progenie,
riesgos conocidos que son lo bastante altos como para oscurecer
valor de cualquier información que puedan aportar. Ejemplos
de esto son numerosos usos rutinarios de los rayos X y el fluoroscopio
en los jóvenes, la inyección o ingestión
de reactivos y tinturas y el uso de Ritalin para diagnosticar
la hiperactividad en los niños. 180 La asistencia
a las escuelas públicas donde los maestros están
investidos de poderes médicos delegados constituye un
grave riesgo para la salud de los niños.181 Incluso exámenes sencillos y benignos
se convierten en riesgos al multiplicarse. Cuando una prueba
se asocia con varias otras, tiene un poder nocivo considerablemente
mayor que cuando se realiza por sí misma. A menudo las
pruebas sirven para orientar la elección de la terapéutica.
Desgraciadamente, a medida que se hacen más complejas
y se multiplican, sus resultados sólo guían con
frecuencia a seleccionar la forma de intervención a la
cual tal vez el paciente pueda sobrevivir, y no necesariamente
aquella que lo ayudará. Lo peor de todo es que cuando
la gente ha atravesado, ilesa o no, la compleja diagnosis positiva
del laboratorio, ha incurrido en un alto riesgo de ser sometida
a tratamientos odiosos, dolorosos, invalidantes y costosos. No
es extraño que los médicos tiendan a postergar
más que los legos la visita a su propio médico
y que se hallen en peores condiciones cuando llegan a él.182
La práctica rutinaria de exámenes para el diagnóstico
precoz en grandes poblaciones garantiza al científico
médico una amplia base para seleccionar los casos que
mejor encajen en los medios de tratamiento existentes o que son
más eficaces para lograr objetivos de investigación,
ya sea que los tratamientos curen, rehabiliten, alivien o no
lo hagan. En ese proceso se robustece la creencia de la gente
de que son máquinas cuya duración depende de visitas
al taller de mantenimiento, y así no sólo se les
obliga sino que se les presiona a pagar la cuenta de las investigaciones
de mercado y las actividades de venta de la institución
medica.
La diagnosis intensifica siempre la tensión, define la
incapacidad, impone la inactividad, y enfoca la aprehensión
en la posibilidad de no recuperarse, en la insertidumbre y en
la propia dependencia respecto a los futuros descubrimientos
médicos, todo lo cual resulta en una pérdida de
autonomía para la definición de sí mismo.
También aísla a una persona dentro de un papel
especial, la separa de los normales y saludables y requiere el
sometimiento a la autoridad del personal especializado. Una vez
que una sociedad se organiza para una cacería preventiva
de enfermedades, otorga proporciones epidémicas a la diagnosis.
Este triunfo último de la cultura terapéutica 183 convierte la independencia del individuo
sano en una intolerable forma de desviación.
A la larga, la actividad principal
de tal sociedad de sistemas dirigidos por dentro conduce a la
producción fantasmal de la expectativa de vida como una
mercancía. Al equiparar al hombre estadístico con
hombres biológicamente únicos se crea una demanda
insaciable de recursos finitos.
El individuo se subordina a las "necesidades" mayores
de la sociedad como todo, los procedimientos preventivos se hacen
obligatorios 184 y el derecho del paciente a negar consentimiento
a su propio tratamiento se desvanece al argumentar el médico
que debe someterse a la diagnosis, ya que la sociedad no puede
permitirse la carga de procedimientos curativos que serían
incluso más costosos. 185
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