|
171
PARTE III. YATROGÉNESIS
CULTURAL
INTRODUCCIÓN
Hemos visto hasta ahora dos formas en las que el predominio de
la asistencia medicalizada a la salud se convierte en un obstáculo
para la vida saludable: primero, la yatrogénesis clínica,
que se produce cuando la capacidad orgánica para reacciones
es sustituida por la administración heterónoma;
y segundo, la yatrogénesis social, cuando el medio ambiente
se ve privado de las condiciones que dan a individuos, familias
y vecindarios el control sobre sus propios estados internos y
sobre su ambiente. La yatrogénesis cultural representa
una tercera dimensión de la negación médica
de la salud. Se produce cuando la empresa médica mina
en la gente la voluntad de sufrir la realidad.1 Es un síntoma de tal yatrogénesis
el hecho de que el término "sufrimiento" se
haya vuelto casi inútil para designar una repuesta humana
realista porque evoca superstición, sadomasoquismo o la
condescendencia del rico hacia la suerte del pobre. La medicina
profesionalmente organizada ha llegado a funcionar como una empresa
moral dominante que publicita la expansión industrial
como una guerra contra todo sufrimiento. Por ello ha socavado
la capacidad de los individuos para enfrentar su realidad, para
expresar sus propios valores y para aceptar cosas inevitables
y a menudo irremediables como el dolor y la invalidez, el envejecimiento
y la muerte.
Gozar de buena salud no significa sólo enfrentar con éxito
la realidad sino también disfrutar el éxito; significa
ser capaz de sentirse vivo en el gozo y el dolor; significa amar
la sobrevivencia pero también arriesgarla. La salud y
el sufrimiento, como sensaciones experimentales, son fenómenos
que distinguen a los hombres de las bestias.2 Sólo en las fábulas se
dice que los leones sufren y sólo los falderos
ameritan compasión cuando están mal de salud.3
La salud humana añade amplitud al desempeño instintivo.4 Es algo más que un patrón
concreto de conducta en costumbres, usos, tradiciones o grupos
de hábitos. Implica un desempeño de acuerdo a un
conjunto de mecanismos de control: planes, recetas, reglas e
instrucciones, todos los cuales gobiernan la conducta personal.5 Es gran medida la cultura y la salud
coinciden. Cada cultura da forma a una Gestalt única
de salud y a una configuración única de actitudes
hacia el dolor, la enfermedad, la invalidez y la muerte, cada
una de las cuales designa una clase de ese desempeño humano
que tradicionalmente se ha llamado el arte de sufrir.6 La salud de cada persona es un desempeño
responsable en un guión social.7 La manera en que se relaciona con la
dulzura y la amargura de la realidad, y su forma de actuar hacia
otros que ve sufriendo, debilitados o angustiados, determinan
el sentimiento que cada hombre tiene de su propio cuerpo, y con
él, de su salud. El sentido del cuerpo se experimenta
como un don cultural siempre renovado.8 En Java la gente dice rotundamente:
"Ser humano es ser javanés." De los niños
pequeños, los palurdos, los simples, los locos y los inmorales
descarados se dice que son ndurung djawa (todavía
no javaneses). Un adulto "normal" capaz de actuar en
función del sistema de etiqueta sumamente elaborado, poseedor
de las delicadas percepciones estéticas asociadas con
la música, la danza, el teatro y el diseño textil,
y sensible a las sutiles sugerencias de lo divino que reside
en la quietud de cada conciencia íntima de cada individuo,
es ampun djawa (ya javanés). Ser humano no es solamente
respirar, también es controlar la respiración por
medio de técnicas semejantes al yoga, de manera que se
oiga en la inhalación y la exhalación la voz literal
de Dios pronunciando su propio nombre, hu Allah.9 La salud culturada está limitada
por el estilo de cada sociedad en el arte, de vivir, celebrar,
sufrir y morir.10
Todas las culturas tradicionales derivan su función higiénica
de esta habilidad para equipar al individuo con los medios para
hacerle el dolor tolerable, la enfermedad o la invalidez comprensible
y la sombra de la muerte significativa. En tales culturas la
asistencia a la salud es siempre un programa para comer,11 beber,12 trabajar,13 respirar,14, amar,15 hacer política,16 hacer ejercicio,17 cantar,18 soñar,19 guerrear y sufrir. La mayor parte de
la curación consiste en una forma tradicional de consolar,
asistir y reconfortar a la gente mientras cura, y casi todo el
cuidado de enfermos es una forma de tolerancia que se extiende
a los afligidos. Únicamente sobreviven aquellas culturas
que aportan un código viable, adaptado a la configuración
genética de un grupo, a su historia, a su ambiente, y
a los retos peculiares representados por grupos de vecinos en
competición.
La ideología promovida por la cosmopolita empresa médica
contemporánea va en contra de estas funciones.20 Socava radicalmente la continuidad de
viejos programas culturales e impide el surgimiento de otros
nuevos que darían un patrón para la autoasistencia
y el sufrimiento. En cualquier parte del mundo donde una cultura
se medicaliza, el marco tradicional de los hábitos que
pueden hacerse conscientes en la práctica personal de
la virtud de la salud (hygieia) se ve progresivamente
estorbado por un sistema mecánico, un código médico
por medio del cual los individuos se someten a las instrucciones
emanadas de custodios higiénicos.21 La medicalización constituye
un prolífico programa burocrático basado en la
negación del derecho de cada hombre a enfrentar el dolor,
la enfermedad y la muerte.22 La empresa médica moderna representa
un intento de hacer por la gente lo que anteriormente su herencia
genética y cultural le permitía hacer por sí
misma. La civilización médica está planeada
y organizada para matar el dolor, eliminar la enfermedad y abolir
la necesidad de un arte de sufrir y morir. Este allanamiento
progresivo del desempeño personal y virtuoso constituye
a una nueva meta que nunca antes había sido guía
de la vida social. Sufrir, sanar y morir, actividades esencialmente
intransitivas que la cultura enseñaba a cada hombre, son
ahora reclamadas por la tecnocracia como nuevas zonas de creación
de reglamentaciones y tratados como malfunciones de las que habría
que librar institucionalmente a las poblaciones. Las metas de
la civilización médica metropolitana se oponen
así a cada uno de los programas culturales de salud que
encuentran en el proceso de colonización progresiva.23
|