Una invitación para leer a:

Iván Illich
Celebración de la amistad

Hay que reconocer que la incorporación de algo más de un cierto quantum de energía por unidad de un producto industrial inevitablemente tiene efectos destructores, tanto en el ambiente sociopolítico como en el ambiente biofísico... más allá de cierto nivel de uso per capita de energía física, el ambiente de una sociedad deja de funcionar como nicho de su población...

Frecuentemente nos olvidamos que la aceleración de los viajes es un hecho muy nuevo. Valery tenía razón afirmando que Napoleón aún se movía a la lentitud de César...

Tanto los pobres como los ricos deberán superar la ilusión de que más energía es mejor...

Iván Illich. Energía y equidad



Estamos en tal grado deformados por los hábitos industriales, que ya no osamos considerar el campo de las posibilidades; para nosotros, como si renunciar a la producción en masa significara: "retornar a las cadenas del pasado, o adoptar la utopía del buen salvaje".

Debemos reconocer la existencia de escalas y límites naturales - sobre la economía basada en el crecimiento.

El hombre que encuentra su felicidad y su equilibrio en el empleo de una herramienta convivial, yo lo llamo
austero.


Debemos, y gracias al progreso científico, podemos, edificar una sociedad post-industrial de forma que la práctica de la creatividad de una persona no imponga jamás a otra un trabajo, un saber, o un consumo obligatorio.

El hombre reencontrará la felicidad de la sobriedad y de la austeridad reaprendiendo a depender del prójimo, en lugar de hacerse esclavo de la energía y de la burocracia todo-poderosa.

Una sociedad dónde cada cual fuese lo que es suficiente sería quizás una sociedad pobre, pero sería sin duda rica en sorpresas y libre.

Cada ciudad tiene su historia y su cultura, sin embargo hoy en día cada paisaje urbano sufre la misma degradación. Todas las autovías, todos los hospitales, todas las aulas de clase, todas las oficinas, todos los grandes complejos y todos los supermercados se parecen. [...] A menos que reformemos la sociedad, no escaparemos a la progesiva homegenización de todos, al desarraigo cultural y la estandarización de las relaciones personales.

El individuo escolarizado sabe exactamente qué nivel de la pirámide jerárquica del saber ha alcanzado, y conoce con precisión su distancia al pico. Una vez que ha aceptado dejarse definir por su nivel de conocimiento por una administración, acepta entonces sin rechistar que unos burócratas determinen su necesidad de sanidad, y que unos tecnócratas definan su falta de movilidad.

Iván Illich, La convivencialidad

 

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